
La OMM alerta de un súper El Niño en 2026 que amenaza cultivos y recursos hídricos globales
Entre julio y septiembre se espera un episodio fuerte que disparará lluvias extremas, sequías y olas de calor, con efectos ya previstos en América Latina y Asia y presión sobre los precios de los alimentos.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha confirmado que El Niño se intensificará rápidamente entre julio y septiembre de 2026, aumentando la probabilidad de sequías prolongadas, precipitaciones torrenciales y olas de calor terrestres y marinas. La anomalía de temperaturas en el Pacífico ecuatorial eleva a más del 60 % las posibilidades de un episodio muy fuerte hacia noviembre-enero, según la NOAA de Estados Unidos, lo que coloca a la agricultura y al abastecimiento de agua como los sectores más expuestos.
El fenómeno, que altera la circulación atmosférica al calentar la superficie oceánica, no traduce de forma lineal su magnitud térmica en impactos. Investigadoras del Reino Unido advierten que la superposición con un océano ya cálido por el cambio climático puede agravar las consecuencias, pero el patrón de afectación varía regionalmente. El antecedente 2023-24 —el quinto más intenso registrado— generó inundaciones severas en Brasil, mientras que algunos efectos previstos no se materializaron, lo que refleja la complejidad de los pronósticos.
En América Latina, los contrastes serán marcados. Brasil proyecta estrés hídrico para la pecuaria del Centro-Oeste y el Norte, y lluvias excesivas en el Sur que sobrecargarán los drenajes urbanos. Analistas del agronegocio en São Paulo anticipan alzas de precios en cultivos como café —con posibles pérdidas del 25 % en la cosecha 2027—, maíz y caña de azúcar, lo que llevó al Ministerio de Hacienda a elevar su previsión de inflación para 2026 por encima del 4,5 %. Las concesionarias de saneamiento, como Sabesp, destinarán 7.800 millones de reales hasta 2030 a resiliencia hídrica, una lección de la crisis de 2014-15. México, por su parte, enfrenta un panorama de lluvias extremas en el centro-norte, huracanes más intensos en el Pacífico y sequías intermitentes que desafiarán la seguridad alimentaria.
En el sudeste asiático, la cuenca del Mekong ya sufre los efectos: miles de hectáreas de arroz se secan en Camboya y Vietnam, donde olas de calor de hasta 40 °C amenazan 350.000 hectáreas adicionales en el delta. Taiwán, ante la previsión de calor prolongado hasta el verano de 2027, ha diseñado un plan de respuesta escalonado con umbrales de temperatura diferenciados para escuelas y grupos vulnerables. El próximo hito será el boletín mensual de la OMM de julio, que detallará la evolución del acoplamiento océano-atmósfera y confirmará si se desarrolla un súper El Niño, un escenario que pondría a prueba las inversiones en alerta temprana y la capacidad de los gobiernos para contener el impacto en los precios de los alimentos y las infraestructuras críticas.
| Prensa latinoamericana | −0.30 | critical |
|---|---|---|
| Prensa africana subsahariana | 0.00 | neutral |
| Prensa del Sudeste Asiático | −0.40 | critical |
Latin American agricultural and water sectors will bear the direct consequences of an intense El Niño, with inevitable food price hikes and infrastructure stress.
The article links the global climate phenomenon to specific local effects, using examples of products (coffee) and sectors (sanitation) to create a tangible sense of urgency.
It does not delve into the scientific mechanism of the phenomenon or the role of global climate change, which is instead covered by African press.
El Niño is a natural phenomenon amplified by climate change; understanding its mechanism is the first step to prepare.
It explains the phenomenon in accessible terms, using didactic language and citing experts to build credibility, avoiding sensationalism.
It does not mention specific economic impacts for Africa, which are instead present in Latin American and Asian materials.
The Mekong region is already suffering damage to agriculture and fisheries due to El Niño; governments must act to protect livelihoods.
It uses concrete imagery (dead fish, dry rice paddies) to evoke urgency, and cites meteorological authorities to legitimize forecasts.
It does not discuss possible long-term structural solutions, such as global adaptation policies.
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