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Sociedad y Culturalunes, 22 de junio de 2026

74 latigazos por cantar sin velo: la represión de la voz femenina en Irán y Afganistán

La condena a la cantante Parastoo Ahmadi y la violenta represión de protestas en Herat revelan un patrón de control sobre el cuerpo y la palabra de las mujeres en ambos regímenes.

El 11 de diciembre de 2024, una joven iraní de 29 años apareció en YouTube con un vestido negro de tirantes casi invisibles, los labios pintados de un rojo intenso y la cabeza descubierta. Parastoo Ahmadi cantaba para una audiencia mixta, desafiando una prohibición que data de la revolución islámica de 1979. En la descripción del video, que acumuló millones de visualizaciones, escribió: “Soy una chica que quiere cantar para la gente que amo. Es un derecho que no podía ignorar: cantar para la tierra que amo con toda mi alma”. Aquella transmisión, concebida como un acto de desobediencia civil tras la muerte de Mahsa Amini, la joven que falleció bajo custodia de la policía moral por llevar mal el velo, se convirtió en un fenómeno global.

Meses después, el tribunal penal de la ciudad de Qom dictó sentencia: 74 latigazos para Ahmadi y para los siete músicos y videastas que la acompañaron, además de la prohibición de salir de Irán y de ejercer cualquier actividad artística durante dos años. El delito: “ofensa al pudor público” por producir y difundir contenidos considerados vulgares e inmorales. En la República Islámica, la voz femenina ante un público masculino es catalogada como fuente de tentación y, por tanto, de pecado. Las autoridades de Teherán defienden el código de vestimenta como pilar de la estabilidad social y la identidad nacional, mientras organizaciones internacionales de derechos humanos califican los castigos corporales como tratos crueles e inhumanos.

A casi cinco años del retorno de los talibanes al poder en Kabul, la represión del cuerpo femenino adopta formas paralelas en Afganistán. A principios de junio, decenas de mujeres fueron arrestadas en Herat por agentes del Ministerio para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio: no llevaban el chador o el burqa reglamentarios. Las protestas que siguieron, en las que por primera vez participaron hombres, fueron sofocadas a tiros, con al menos una decena de víctimas mortales. Desde la óptica de Bruselas, la Unión Europea condenó la violencia; Naciones Unidas expresó su profunda preocupación. La ONG italiana Nove Caring Humans, una de las pocas que aún opera en el país, describe un sistema de “segregación institucionalizada” que algunos analistas denominan apartheid de género: las afganas han sido expulsadas de la educación secundaria y universitaria, del trabajo, de la justicia y hasta del sector humanitario. Casi el 80% de las niñas no están escolarizadas, según ONU Mujeres. El analista afgano Zalmai Nishat, desde la Universidad de Sussex, señala que el régimen se siente acorralado por la resistencia armada y una economía en colapso, y responde con una cuota adicional de terror.

En América Latina, colectivos feministas han seguido ambos casos con atención, viendo en ellos un espejo extremo de las luchas por la autonomía corporal que atraviesan la región. La imagen de Ahmadi cantando sin velo y la de las mujeres de Herat subiendo a vehículos policiales para desaparecer en el silencio comparten un mismo núcleo: el intento de acallar la voz y borrar la presencia femenina del espacio público. “Resistir de manera tan abierta, desafiando al poder, es peligroso”, advierte Livia Maurizi, directora de Nove. Sin embargo, la cantante iraní ya había dado su respuesta en aquella frase que aún resuena en la red: cantar para la tierra que ama, un derecho que no estaba dispuesta a ignorar.

Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.

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Prensa europea continentalPrensa del Sudeste Asiático
Prensa europea continental/ Mediterránea
IndignaciónAlarmaUrgencia

En Irán, una cantante fue condenada a 74 latigazos por actuar sin hiyab, mientras que en Afganistán las mujeres que protestan contra la obligación del burka son detenidas y reprimidas con violencia. La resistencia silenciosa de las mujeres afganas está desestabilizando al régimen talibán, y se insta a Europa a cortar todo diálogo con estos regímenes opresivos.

Prensa del Sudeste Asiático
DistanciaPragmatismo

En Irán, una cantante fue condenada a 74 latigazos por actuar sin velo, según las normas de los ayatolás que prohíben a las mujeres cantar ante un público masculino. La noticia relata los hechos de la sentencia sin más comentarios.

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lunes, 22 de junio de 2026

74 latigazos por cantar sin velo: la represión de la voz femenina en Irán y Afganistán

La condena a la cantante Parastoo Ahmadi y la violenta represión de protestas en Herat revelan un patrón de control sobre el cuerpo y la palabra de las mujeres en ambos regímenes.

El 11 de diciembre de 2024, una joven iraní de 29 años apareció en YouTube con un vestido negro de tirantes casi invisibles, los labios pintados de un rojo intenso y la cabeza descubierta. Parastoo Ahmadi cantaba para una audiencia mixta, desafiando una prohibición que data de la revolución islámica de 1979. En la descripción del video, que acumuló millones de visualizaciones, escribió: “Soy una chica que quiere cantar para la gente que amo. Es un derecho que no podía ignorar: cantar para la tierra que amo con toda mi alma”. Aquella transmisión, concebida como un acto de desobediencia civil tras la muerte de Mahsa Amini, la joven que falleció bajo custodia de la policía moral por llevar mal el velo, se convirtió en un fenómeno global.

Meses después, el tribunal penal de la ciudad de Qom dictó sentencia: 74 latigazos para Ahmadi y para los siete músicos y videastas que la acompañaron, además de la prohibición de salir de Irán y de ejercer cualquier actividad artística durante dos años. El delito: “ofensa al pudor público” por producir y difundir contenidos considerados vulgares e inmorales. En la República Islámica, la voz femenina ante un público masculino es catalogada como fuente de tentación y, por tanto, de pecado. Las autoridades de Teherán defienden el código de vestimenta como pilar de la estabilidad social y la identidad nacional, mientras organizaciones internacionales de derechos humanos califican los castigos corporales como tratos crueles e inhumanos.

A casi cinco años del retorno de los talibanes al poder en Kabul, la represión del cuerpo femenino adopta formas paralelas en Afganistán. A principios de junio, decenas de mujeres fueron arrestadas en Herat por agentes del Ministerio para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio: no llevaban el chador o el burqa reglamentarios. Las protestas que siguieron, en las que por primera vez participaron hombres, fueron sofocadas a tiros, con al menos una decena de víctimas mortales. Desde la óptica de Bruselas, la Unión Europea condenó la violencia; Naciones Unidas expresó su profunda preocupación. La ONG italiana Nove Caring Humans, una de las pocas que aún opera en el país, describe un sistema de “segregación institucionalizada” que algunos analistas denominan apartheid de género: las afganas han sido expulsadas de la educación secundaria y universitaria, del trabajo, de la justicia y hasta del sector humanitario. Casi el 80% de las niñas no están escolarizadas, según ONU Mujeres. El analista afgano Zalmai Nishat, desde la Universidad de Sussex, señala que el régimen se siente acorralado por la resistencia armada y una economía en colapso, y responde con una cuota adicional de terror.

En América Latina, colectivos feministas han seguido ambos casos con atención, viendo en ellos un espejo extremo de las luchas por la autonomía corporal que atraviesan la región. La imagen de Ahmadi cantando sin velo y la de las mujeres de Herat subiendo a vehículos policiales para desaparecer en el silencio comparten un mismo núcleo: el intento de acallar la voz y borrar la presencia femenina del espacio público. “Resistir de manera tan abierta, desafiando al poder, es peligroso”, advierte Livia Maurizi, directora de Nove. Sin embargo, la cantante iraní ya había dado su respuesta en aquella frase que aún resuena en la red: cantar para la tierra que ama, un derecho que no estaba dispuesta a ignorar.

Divergencia de las fuentes

Sociedad y Cultura · 4 medios · 3 idiomas

28%Media

Cómo las fuentes narran los mismos hechos de manera diferente.

Cómo se dividen

Neutral17%
Crítico83%

Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.

2 grupos editoriales · 3 idiomas

TonoTemperaturaEnfoquePosicionamientoHorizonte
Prensa europea continentalPrensa del Sudeste Asiático
Prensa europea continental/ Mediterránea
IndignaciónAlarmaUrgencia

En Irán, una cantante fue condenada a 74 latigazos por actuar sin hiyab, mientras que en Afganistán las mujeres que protestan contra la obligación del burka son detenidas y reprimidas con violencia. La resistencia silenciosa de las mujeres afganas está desestabilizando al régimen talibán, y se insta a Europa a cortar todo diálogo con estos regímenes opresivos.

Prensa del Sudeste Asiático
DistanciaPragmatismo

En Irán, una cantante fue condenada a 74 latigazos por actuar sin velo, según las normas de los ayatolás que prohíben a las mujeres cantar ante un público masculino. La noticia relata los hechos de la sentencia sin más comentarios.

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