
El instante en que un abogado sintió el rock: muere Clive Davis, el oído que moldeó la banda sonora del siglo XX
Fallece a los 94 años el ejecutivo que descubrió a Janis Joplin, Whitney Houston y Bruce Springsteen, y cuya intuición redefinió la industria musical durante seis décadas.
En junio de 1967, un abogado de 35 años sin formación musical se adentró en el Festival Pop de Monterey. Cuando Janis Joplin irrumpió en el escenario con Big Brother and the Holding Company, Clive Davis sintió, según confesaría décadas después, un hormigueo en la columna y los brazos vibrando. Esa noche, sin saber aún que aquella sacudida le cambiaría la vida, fichó a la cantante para Columbia Records. El gesto inauguró una carrera de cazatalentos que transformaría el sonido popular global y que se apagó este lunes en su apartamento de Manhattan, a los 94 años, tras una afección respiratoria.
Davis, nacido en Brooklyn en 1932 en una familia judía de recursos escasos, llegó a la música por la puerta de atrás: tras graduarse en Derecho por Harvard, entró como asesor legal en Columbia. En apenas siete años era presidente del sello y se empeñaba en sacudir su catálogo con el rock que la industria aún miraba con recelo. Por sus manos pasaron contratos de Aerosmith, Pink Floyd, Earth, Wind & Fire y un joven Bruce Springsteen, a quien pidió un par de canciones radiofónicas y recibió, a cambio, “Blinded by the Light”. La prensa estadounidense subraya que aquella mezcla de olfato comercial y respeto por el artista le valió el apodo de “el hombre del oído de oro”, un ejecutivo que, según el ex presidente Barack Obama, “siempre vio y escuchó lo que otros no”.
Su mayor golpe de intuición llegó en 1983, cuando fichó para Arista —el sello que fundó tras ser despedido de Columbia en medio de acusaciones de malversación que siempre negó— a una adolescente de 19 años llamada Whitney Houston. Davis supervisó cada detalle de su debut y, años después, libró una batalla con el productor David Foster para conservar los cuarenta segundos de introducción a capela en “I Will Always Love You”. La versión que llegó a las radios, con aquella voz desnuda que parecía suspender el tiempo, se convirtió en uno de los sencillos más vendidos de la historia. Desde América Latina, la figura de Davis se asocia inevitablemente a Carlos Santana, el guitarrista mexicano-estadounidense cuyo álbum Supernatural —ideado por el propio ejecutivo para emparejarlo con voces contemporáneas— ganó nueve premios Grammy en 2000 y devolvió al músico a la primera línea tras años de silencio comercial.
La noticia de su muerte desató una oleada de tributos que revela la huella emocional de su trabajo. Springsteen escribió en Instagram que Davis le trató “con el mismo respeto y amabilidad cuando era un don nadie de 22 años que después de todo mi éxito”. Patti Smith agradeció “medio siglo de amor y apoyo”. Barry Manilow, a quien Davis convenció para grabar “I Write the Songs” pese a que no era de su autoría, resumió la relación en una frase: “Para Clive nunca fue un negocio; fue familia”. En medios europeos y asiáticos se destaca su capacidad para transitar géneros —del rock al hip-hop, del R&B al pop de American Idol— sin que la edad diluyera su instinto: a los 80 años seguía guiando las carreras de Kelly Clarkson y Alicia Keys.
En el centro de su leyenda queda una imagen que condensa su legado: la de un hombre que, sin ser músico, entendió que una canción podía sostenerse sobre el silencio. Aquella introducción a capela que defendió contra todo pronóstico es hoy un emblema de la fe de Davis en la materia prima de la música —la voz, el instante, la emoción sin adornos— y el último eco de un oído que, durante más de medio siglo, supo escuchar el futuro antes que nadie.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La industria musical llora a un gigante que esculpió el sonido popular durante más de cincuenta años. Clive Davis, el ejecutivo del oído de oro, falleció a los 94 años tras una breve hospitalización. Su legado como artífice de carreras desde Whitney Houston hasta Bruce Springsteen se celebra como una huella cultural imborrable.
El ejecutivo musical Clive Davis falleció a los 94 años, según informes. Había sido hospitalizado por problemas respiratorios. La breve nota recuerda su etapa en Columbia Records y su adopción de múltiples géneros.
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