
Transferencia genética horizontal y nuevas especies: hallazgos que reescriben la evolución
Estudios en insectos, mamíferos y hongos, junto con el hallazgo de arañas, roedores y cocodrilos fósiles en Argentina, amplían el conocimiento sobre adaptación y biodiversidad.
Una serie de investigaciones publicadas en las últimas semanas ha revelado mecanismos de adaptación genética insospechados y una biodiversidad hasta ahora desconocida en puntos distantes del planeta. El dato que modifica el estado del conocimiento es doble: por un lado, el genoma de las cucarachas contiene más de 40.000 fragmentos de ADN bacteriano integrados mediante transferencia genética horizontal, una cifra que supera en más de cien veces el máximo registrado en cualquier otro organismo complejo; por otro, en la Isla de los Estados, en el extremo sur de Argentina, se identificó un nuevo linaje de arañas —bautizado Yagania chuanisin— que representa un género completamente nuevo para la ciencia. Ambos hallazgos, junto con los demás reportados, subrayan que la evolución opera con una plasticidad genómica y una riqueza de especies mayor de la que se asumía.
El estudio sobre cucarachas, liderado por la Universidad de Sídney y publicado en PNAS, analizó los genomas completos de 18 especies de blatodeos y termitas. Los investigadores identificaron 40.485 fragmentos de ADN del simbionte bacteriano Blattabacterium cuenoti, algunos de los cuales han persistido durante al menos 28,7 millones de años. Esta integración masiva de material genético foráneo —conocida como transferencia genética horizontal— se consideraba rara en eucariotas, pero los resultados indican que puede ser un motor relevante de adaptación. En paralelo, un equipo del Instituto Leibniz para la Investigación de Zoológicos y Vida Silvestre, en Alemania, y del Hospital Sírio-Libanês, en Brasil, publicó en BMC Biology un análisis del perezoso de dos dedos (Choloepus didactylus) que muestra cómo secuencias móviles de ADN, o transposones, se han mantenido activas durante más de 30 millones de años, posiblemente compensando un metabolismo mitocondrial excepcionalmente lento. Los autores, desde la óptica sudamericana y europea, sugieren que estas “vías genéticas alternativas” podrían ofrecer pistas sobre la eficiencia energética celular con implicaciones para enfermedades humanas como el Parkinson o la diabetes, aunque subrayan que se trata de una etapa inicial de investigación básica.
En el plano de la biodiversidad, tres descubrimientos argentinos amplían el catálogo de formas vivientes y fósiles. En la Isla de los Estados, científicos del Museo Argentino de Ciencias Naturales y el CONICET describieron la araña fantasma Yagania chuanisin, perteneciente a un linaje evolutivo antiguo y aislado, cuyo nombre rinde homenaje al pueblo yagán. En el Parque Nacional Traslasierra, en Córdoba, otro equipo del CONICET y la Administración de Parques Nacionales reportó un nuevo género de roedor, la rata vizcacha del Chaco Serrano (Apnoctomys conicetorum), el primer género de mamífero capturado en campo desde el año 2000 en el país. Y en el yacimiento paleontológico La Buitrera, en Río Negro, se identificó al cocodrilo terrestre Antusuchus rionegrinus, un depredador de hace más de 100 millones de años que añade complejidad al ecosistema del Cretácico patagónico. Desde Malasia, un equipo reportó en el New Zealand Journal of Botany el primer hongo hiperparásito del género Pleurocordyceps con estructura en forma de cuerno, que se alimenta del hongo “zombi” Ophiocordyceps, ampliando el conocimiento sobre interacciones ecológicas en los bosques tropicales de Borneo.
El próximo paso en el frente genómico será determinar si los miles de fragmentos de ADN bacteriano integrados en cucarachas cumplen funciones biológicas concretas o son neutros, una línea de trabajo que los autores australianos ya han anunciado. En el ámbito taxonómico, los hallazgos argentinos refuerzan la necesidad de continuar los relevamientos de campo en áreas remotas y protegidas, donde los investigadores locales anticipan más especies no descritas. La convergencia de estos estudios —desde la genómica comparada hasta la paleontología y la micología— configura un panorama en el que la exploración, tanto del genoma como del terreno, sigue revelando soluciones evolutivas que la ciencia no había contemplado.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La resistencia de las cucarachas, durante mucho tiempo misteriosa, ha sido explicada por la transferencia horizontal de genes: estos insectos integraron en su genoma ADN de la bacteria Blattabacterium cuenoti. El estudio australiano arroja luz sobre una estrategia evolutiva oculta que abarcó millones de años.
Científicos argentinos han descubierto un nuevo linaje de arañas fantasma, un mamífero bautizado en honor al Conicet y un cocodrilo fósil de 100 millones de años. Estos hallazgos revelan especies fantasma y estrategias evolutivas ocultas, reforzando la contribución del país al conocimiento de la biodiversidad.
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