
Israel conmemora 1.000 días del ataque de Hamás entre protestas y ofensiva en Gaza
Mientras se realizan actos de memoria y se exige una comisión de investigación, las operaciones militares israelíes continúan en la Franja, donde la crisis humanitaria se agrava.
Israel conmemoró este jueves el milésimo día desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 con una serie de actos de memoria y protestas en todo el país, mientras las operaciones militares en la Franja de Gaza continúan y la crisis humanitaria se profundiza. La jornada comenzó a las 6:29 de la mañana, la hora exacta en que se inició la incursión que dejó 1.221 muertos en territorio israelí, según cifras oficiales. El denominado “Consejo de Octubre”, integrado por familiares de víctimas y rehenes, encabezó las concentraciones frente al Parlamento en Jerusalén y cerca de los domicilios de miembros del Gobierno, con una exigencia central: la creación inmediata de una comisión estatal de investigación que determine las responsabilidades por los fallos de seguridad que permitieron el ataque más letal en la historia del país. La plaza de los Rehenes en Tel Aviv, epicentro de la movilización por la liberación de los cautivos, fue renombrada como “Plaza de la Memoria”.
En paralelo, las fuerzas israelíes intensificaron sus operaciones en Gaza, con bombardeos de artillería, demolición de viviendas e infraestructura civil en Jan Yunis, Rafah y Ciudad de Gaza, según reportes de la agencia palestina WAFA. De acuerdo con el Ministerio de Salud gazatí —cuyas estadísticas son consideradas fiables por Naciones Unidas—, más de 73.000 palestinos han muerto desde el inicio de la ofensiva, y al menos 1.053 desde que entró en vigor un alto el fuego el 10 de octubre de 2025. La Oficina de Medios del Gobierno en Gaza informó que más del 90 % del territorio ha sufrido daños y que las tropas israelíes controlan cerca del 70 % de la Franja, en un contexto de desplazamiento forzado masivo y destrucción de sectores productivos como la agricultura y la pesca.
Desde la óptica de analistas en Jerusalén, la negativa del primer ministro Benjamin Netanyahu a establecer una comisión de investigación responde a una estrategia de supervivencia política: prolongar el conflicto, postergar las elecciones previstas para octubre de 2026 y evitar un escrutinio que, según encuestas, respalda una amplia mayoría de israelíes de todo el espectro político. Figuras de la oposición, como el exjefe del Ejército Gadi Eizenkot, han capitalizado el descontento, mientras la prensa local acusa al mandatario de reescribir la narrativa de la guerra. En el plano regional, observadores en El Cairo y Riad advierten que la posición estratégica de Israel se ha debilitado, con un aislamiento creciente frente a nuevos ejes diplomáticos entre Riad, Doha y Ankara, y una relación con Washington que ya no puede darse por sentada.
La dimensión humanitaria sigue siendo crítica. El Comité Internacional de la Cruz Roja señaló esta semana que aún se está lejos de recuperar “un atisbo de normalidad”, mientras la ONU alerta sobre el riesgo de hambruna y la parálisis en la reconstrucción. Más de dos millones de personas permanecen desplazadas entre ruinas, con miles de niños huérfanos y un sistema sanitario colapsado. Los pasos siguientes del acuerdo de alto el fuego —incluido el desarme de Hamás— se encuentran estancados, y no hay avances hacia una solución política. En este escenario, la conmemoración de los 1.000 días no solo evidenció las heridas abiertas en la sociedad israelí, sino también la profundidad de una crisis que, desde la perspectiva de capitales latinoamericanas y europeas, exige mecanismos de rendición de cuentas y un renovado impulso diplomático que hasta ahora no se materializa.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Mil días después del ataque del 7 de octubre, la sociedad israelí está sacudida por protestas y conmemoraciones, con crecientes llamados a una comisión estatal de investigación sobre los fallos que permitieron la masacre. El clima político está cargado antes de las elecciones, y muchos ven al primer ministro Netanyahu como un superviviente político sobre el trauma nacional, mientras la verdad sobre los hechos es ferozmente disputada.
En el milésimo día de la operación Tormenta de Al-Aqsa, el genocidio del régimen sionista en Gaza ha provocado una catástrofe humanitaria con millones de desplazados y una destrucción generalizada. Las protestas internas contra Netanyahu exponen el fracaso y la profunda crisis del régimen ocupante.
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