
Déficits fiscales y comerciales se multiplican en las economías emergentes durante 2026
Indonesia rompe seis años de superávit comercial, mientras Brasil, India, Colombia y Marruecos enfrentan desequilibrios presupuestarios y externos que condicionan sus políticas y la herencia para los próximos gobiernos.
Varias economías emergentes de Asia, África y América Latina registran de forma simultánea un deterioro de sus saldos comerciales y fiscales en la primera mitad de 2026. Indonesia anotó en mayo un déficit comercial de 1.610 millones de dólares, el primero en seis años, al caer las exportaciones por debajo de unas importaciones que alcanzaron 24.810 millones de dólares. India, pese a recibir una transferencia récord de 2,8 billones de rupias del banco central, acumuló en solo dos meses un déficit fiscal equivalente al 9,6 % de la meta anual. Marruecos vio ensancharse su brecha comercial un 20,8 % hasta superar los 159.000 millones de dírhams, mientras que en Colombia la Contraloría General advirtió que el presupuesto nacional de 2026 presenta un faltante de financiación del 54,5 %, unos 303 billones de pesos. En Brasil, el Tesoro Nacional proyecta que sin nuevas medidas el gobierno no alcanzará el piso de la meta de resultado primario entre 2028 y 2030.
El mecanismo que subyace a estas tensiones combina un encarecimiento de las importaciones —energía, materias primas y bienes de equipo— con un crecimiento de los ingresos públicos inferior al del gasto. En Indonesia, el déficit de la balanza de hidrocarburos se disparó hasta 3.760 millones de dólares, mientras que en Marruecos las compras externas de productos energéticos y lubricantes subieron un 20,7 % y las de productos semielaborados y de consumo mantuvieron una presión alcista. Por el lado fiscal, la recaudación tributaria india cayó un 1 % interanual lastrada por el recorte de impuestos especiales a los combustibles, y en Colombia los ingresos impositivos acumulados a mediados de junio apenas cubrían el 43 % de la meta original, lo que obligaría a un ajuste del gasto cercano a los 27 billones de pesos. En Brasil, analistas en São Paulo subrayan que el gasto público creció un 22 % en términos reales desde el inicio del actual gobierno, muy por encima del 16 % de aumento de los ingresos, una dinámica que ni siquiera un escenario optimista de crecimiento del PIB superior al 2,5 % y de fuerte caída de las tasas de interés lograría equilibrar.
Las respuestas de política y los actores institucionales difieren según la región, pero comparten el denominador común de una capacidad de maniobra cada vez más estrecha. Desde Yakarta, el banco central ha intensificado la intervención cambiaria y en el mercado de bonos, al tiempo que promueve el uso de monedas locales en el comercio bilateral y la digitalización de pagos transfronterizos. En Nueva Delhi, el superávit fiscal puntual de mayo gracias al dividendo del banco central no disipa las dudas sobre la evolución del resto del año, dado que el gasto de capital ya alcanzó el 21 % de la asignación anual en solo dos meses. Observadores en Rabat destacan que el superávit de la balanza de servicios —64.300 millones de dírhams, un 11,1 % más— compensa solo parcialmente el deterioro comercial, mientras la tasa de cobertura retrocede al 57,1 %. En América Latina, la Contraloría colombiana señala que la baja ejecución de la inversión en transporte (10,8 %) y salud (9,48 %) y el peso del servicio de la deuda, que absorbe el 47,1 % del presupuesto, dejan al próximo gobierno ante un déficit estructural. En Brasil, el debate electoral evita por ahora ajustes profundos: la oposición propone un techo constitucional a la deuda sobre PIB y el oficialismo estudia reducir el crecimiento real del gasto del 2,5 % actual a un rango de entre 1 % y 1,5 %, pero ninguna candidatura aborda públicamente la reforma previsional o la desvinculación de los pisos de salud y educación.
El horizonte inmediato concentra la atención en varios hitos que definirán la trayectoria de estos desequilibrios. En Brasil, el resultado primario de 2026 y 2027 se mantendría dentro de la banda de tolerancia, pero a partir de 2028 el Tesoro ya anticipa contingencias insuficientes y una necesidad adicional de ahorro de hasta 136.400 millones de reales en 2030. Colombia deberá definir su estrategia de ingresos y gastos con la próxima administración, en un contexto de crecimiento del PIB de apenas el 2,2 % en el primer trimestre. Los bancos centrales de Indonesia e India seguirán calibrando sus instrumentos de estabilización, mientras los mercados observan la capacidad de estos gobiernos para contener el gasto corriente sin frenar la inversión pública en un entorno global de precios de materias primas y costes de financiación aún volátiles.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Indonesia registró en mayo de 2026 su primer déficit comercial en seis años, al superar las importaciones a las exportaciones. El banco central se comprometió a fortalecer la resiliencia externa mediante la coordinación de políticas con el gobierno. El tono es de preocupación mesurada, destacando las medidas proactivas para mantener un crecimiento sostenible.
El déficit fiscal de la India alcanzó el 9,6 % de la meta anual en solo los dos primeros meses del año fiscal, un aumento de doce veces respecto al mismo período del año anterior. Esto ocurrió a pesar de una transferencia récord de excedentes del banco central, lo que genera dudas sobre la capacidad del gobierno para cumplir sus objetivos presupuestarios. El encuadre sugiere escepticismo sobre la gestión fiscal.
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