
El dólar cae a mínimos de seis años en Colombia impulsado por el carry trade, mientras en Argentina retoma su senda alcista
La debilidad del mercado laboral estadounidense y el diferencial de tasas reconfiguran el mapa cambiario latinoamericano, con el peso colombiano en niveles prepandemia y el peso argentino bajo presión.
La creación de apenas 57.000 empleos en Estados Unidos durante junio, muy por debajo de las expectativas del mercado, alteró este jueves el pulso de los mercados cambiarios globales. El dato reforzó las apuestas a una moderación en el ritmo de subidas de tasas de la Reserva Federal y debilitó al dólar frente a varias monedas emergentes. En Colombia, la divisa estadounidense profundizó su tendencia bajista hasta un precio promedio de $3.362,67, una caída de $40,68 frente a la Tasa Representativa del Mercado, que se ubicó en $3.403,35, su nivel más bajo desde febrero de 2020. En las primeras operaciones se negociaron US$3,5 millones y la moneda tocó un mínimo intradía de $3.354, niveles no vistos desde enero de aquel año.
El movimiento en el mercado colombiano responde, según analistas en Bogotá, a un flujo estructural de carry trade. Inversionistas internacionales toman fondos en economías con tasas cercanas a cero —como Suiza o Japón— y los colocan en pesos colombianos para capturar el diferencial frente a la tasa de referencia del Banco de la República, que esta semana subió a 12%. “Julio comenzó con una tendencia bajista estructural”, explicó Mauricio Acevedo, estratega de Corficolombiana, quien señaló que la perforación de mínimos en el mercado Next Day anticipa nuevas caídas hacia los $3.360. La decisión dividida del banco central —cuatro miembros votaron por el alza, dos por una rebaja y uno por mantener— añade incertidumbre sobre la duración del ciclo alcista, pero por ahora sostiene el atractivo para el capital golondrina.
En contraste, el peso argentino opera bajo una dinámica opuesta. El dólar oficial mayorista avanzó hasta $1.489 y el minorista en el Banco Nación cerró a $1.510, máximos desde noviembre de 2025, tras acumular en junio un alza mensual cercana al 5%. Operadores en Buenos Aires atribuyen la presión a la menor oferta estacional de divisas por el fin de la cosecha gruesa, el fortalecimiento global del dólar y el reacomodamiento de la liquidez en pesos luego de las intervenciones del Banco Central. Los contratos de futuro descuentan un tipo de cambio de $1.655 para diciembre, todavía lejos del techo de la banda cambiaria, pero el mercado debate si el Gobierno buscará un nuevo equilibrio que no retrase el proceso de desinflación.
En México, el peso se mantuvo relativamente estable alrededor de los 17,47 por dólar, con una volatilidad semanal inferior a la anual. Analistas en Ciudad de México señalan que las expectativas de entrada de divisas por el nearshoring y el Mundial de Fútbol 2026 podrían seguir ofreciendo soporte, aunque las proyecciones oficiales para fin de año se ubican entre 19,30 y 20,50 pesos por dólar. La decisión de Estados Unidos de no renovar el T-MEC en su formato actual introdujo un elemento de cautela, pero el gobierno mexicano descartó un impacto inmediato y anticipó nuevas negociaciones el 20 de julio.
El próximo dato de nóminas no agrícolas en Estados Unidos será la siguiente prueba de fuego para el dólar global. Si las cifras superan las expectativas, el billete verde podría recuperar terreno y alterar el apetito por el carry trade en la región. Mientras tanto, los bancos centrales de Colombia y Argentina seguirán calibrando sus políticas en un entorno de inflación persistente y flujos de capital volátiles.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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En Colombia el dólar cayó a mínimos de seis años, impulsado por el apetito de carry trade y la debilidad laboral en EE.UU. En Argentina el dólar oficial opera dentro de la banda oficial y el blue muestra una brecha modesta, reflejo de la escasez de dólares que persiste pese al levantamiento del cepo.
El yen registró movimientos bruscos al final de la sesión, con un fortalecimiento repentino que pone de relieve la fragilidad de los flujos globales de carry trade. Esta turbulencia se refleja en las monedas emergentes: el peso colombiano se beneficia, mientras el argentino sigue presionado por la escasez de dólares.
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