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Geopolítica y Políticasábado, 25 de julio de 2026

La visita de una ultraderechista a Kiev expone fisuras en el frente prorruso de MAGA

La activista Laura Loomer, aliada de Trump, se reunió con Zelenski y admitió haber sido engañada por la propaganda rusa, un gesto que revela divisiones en la derecha estadounidense sobre la guerra en Ucrania.

La influencer ultraderechista Laura Loomer, estrechamente vinculada al movimiento MAGA, se trasladó sorpresivamente a Kiev para entrevistar al presidente Volodímir Zelenski y, en un inédito mea culpa, declaró haberse «dejado engañar por la propaganda rusa». Durante años, Loomer había calificado a Ucrania de «país corrupto y controlado por nazis»; ahora, en un video grabado ante un McDonald’s dañado por bombardeos, reconoció la resistencia ucraniana y pidió disculpas por minimizar el sufrimiento de la población. Desde círculos diplomáticos en Bruselas y analistas en Washington se interpreta este giro como un síntoma del creciente malestar en sectores conservadores estadounidenses ante la falta de avances en las negociaciones de paz con Moscú, y como un posible reposicionamiento de una corriente que hasta hace poco reproducía sin filtros la narrativa del Kremlin.

El encuentro en el Palacio Mariyinski incluyó preguntas insólitas —Zelenski tuvo que negar haber consumido cocaína con el presidente francés, Emmanuel Macron— y un intento de la entrevistadora por conectar a través de la identidad judía. El mandatario ucraniano, quien pocas veces comenta públicamente su herencia religiosa, subrayó la reciente ley que penaliza el antisemitismo y reiteró que «no somos nazis». Además, según reveló la propia Loomer, Zelenski anunció su intención de viajar a Washington la próxima semana con motivo del funeral del senador republicano Lindsey Graham, viaje en el que espera reunirse con Donald Trump. Para Kiev, que sigue dependiendo de los sistemas Patriot y de la inteligencia estadounidense para golpear objetivos en la retaguardia rusa, entrevistas como esta buscan ampliar los puentes con un electorado clave, en un momento en que la Administración Trump ha mostrado señales de querer cerrar la guerra en términos más favorables para Ucrania.

Desde Moscú, la reacción fue una combinación de sorna y desdén. El embajador especial del Ministerio de Exteriores, Rodión Miróshnik, ironizó en redes sociales sobre la negativa de Zelenski al consumo de drogas, mientras que un exdiputado ucraniano prorruso, Artem Dmytruk, afirmó que el simple hecho de tener que responder a esas preguntas retrata a los líderes actuales como «vulgares traficantes y drogadictos». Expertos en guerra informativa consultados por medios rusos insisten en que el rumor sobre el supuesto consumo de cocaína por parte de Zelenski, amplificado por el polémico presentador Tucker Carlson, forma parte de una campaña más amplia para erosionar la imagen del presidente ucraniano. El contraste entre la cobertura rusa —centrada casi exclusivamente en la anécdota del narcótico— y el tono de los medios occidentales evidencia la persistencia de una batalla por el relato que trasciende el campo de combate.

El viraje de Loomer no es un episodio aislado. Refleja la fractura dentro de la derecha estadounidense entre facciones aislacionistas, alineadas con Carlson y contrarias a la ayuda militar a Ucrania, y grupos más cercanos al lobby proisraelí, con los que la influencer se identifica y que ven con preocupación el expansionismo ruso-iraní. De hecho, el Senado de Estados Unidos votará la próxima semana un nuevo paquete de sanciones conjuntas contra Rusia e Irán, un movimiento que pondrá a prueba hasta qué punto la nueva mayoría republicana está dispuesta a mantener la presión sobre Moscú. Mientras tanto, la reunión entre Trump y Zelenski que se perfila para los próximos días será un termómetro de la relación bilateral y del rumbo que tomará el respaldo de Washington a Ucrania en un año en que la guerra entra en su cuarto invierno.

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sábado, 25 de julio de 2026

La visita de una ultraderechista a Kiev expone fisuras en el frente prorruso de MAGA

La activista Laura Loomer, aliada de Trump, se reunió con Zelenski y admitió haber sido engañada por la propaganda rusa, un gesto que revela divisiones en la derecha estadounidense sobre la guerra en Ucrania.

La influencer ultraderechista Laura Loomer, estrechamente vinculada al movimiento MAGA, se trasladó sorpresivamente a Kiev para entrevistar al presidente Volodímir Zelenski y, en un inédito mea culpa, declaró haberse «dejado engañar por la propaganda rusa». Durante años, Loomer había calificado a Ucrania de «país corrupto y controlado por nazis»; ahora, en un video grabado ante un McDonald’s dañado por bombardeos, reconoció la resistencia ucraniana y pidió disculpas por minimizar el sufrimiento de la población. Desde círculos diplomáticos en Bruselas y analistas en Washington se interpreta este giro como un síntoma del creciente malestar en sectores conservadores estadounidenses ante la falta de avances en las negociaciones de paz con Moscú, y como un posible reposicionamiento de una corriente que hasta hace poco reproducía sin filtros la narrativa del Kremlin.

El encuentro en el Palacio Mariyinski incluyó preguntas insólitas —Zelenski tuvo que negar haber consumido cocaína con el presidente francés, Emmanuel Macron— y un intento de la entrevistadora por conectar a través de la identidad judía. El mandatario ucraniano, quien pocas veces comenta públicamente su herencia religiosa, subrayó la reciente ley que penaliza el antisemitismo y reiteró que «no somos nazis». Además, según reveló la propia Loomer, Zelenski anunció su intención de viajar a Washington la próxima semana con motivo del funeral del senador republicano Lindsey Graham, viaje en el que espera reunirse con Donald Trump. Para Kiev, que sigue dependiendo de los sistemas Patriot y de la inteligencia estadounidense para golpear objetivos en la retaguardia rusa, entrevistas como esta buscan ampliar los puentes con un electorado clave, en un momento en que la Administración Trump ha mostrado señales de querer cerrar la guerra en términos más favorables para Ucrania.

Desde Moscú, la reacción fue una combinación de sorna y desdén. El embajador especial del Ministerio de Exteriores, Rodión Miróshnik, ironizó en redes sociales sobre la negativa de Zelenski al consumo de drogas, mientras que un exdiputado ucraniano prorruso, Artem Dmytruk, afirmó que el simple hecho de tener que responder a esas preguntas retrata a los líderes actuales como «vulgares traficantes y drogadictos». Expertos en guerra informativa consultados por medios rusos insisten en que el rumor sobre el supuesto consumo de cocaína por parte de Zelenski, amplificado por el polémico presentador Tucker Carlson, forma parte de una campaña más amplia para erosionar la imagen del presidente ucraniano. El contraste entre la cobertura rusa —centrada casi exclusivamente en la anécdota del narcótico— y el tono de los medios occidentales evidencia la persistencia de una batalla por el relato que trasciende el campo de combate.

El viraje de Loomer no es un episodio aislado. Refleja la fractura dentro de la derecha estadounidense entre facciones aislacionistas, alineadas con Carlson y contrarias a la ayuda militar a Ucrania, y grupos más cercanos al lobby proisraelí, con los que la influencer se identifica y que ven con preocupación el expansionismo ruso-iraní. De hecho, el Senado de Estados Unidos votará la próxima semana un nuevo paquete de sanciones conjuntas contra Rusia e Irán, un movimiento que pondrá a prueba hasta qué punto la nueva mayoría republicana está dispuesta a mantener la presión sobre Moscú. Mientras tanto, la reunión entre Trump y Zelenski que se perfila para los próximos días será un termómetro de la relación bilateral y del rumbo que tomará el respaldo de Washington a Ucrania en un año en que la guerra entra en su cuarto invierno.

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