
La ola de calor de junio deja al menos 12.000 muertes adicionales en Europa
Los datos provisionales de una decena de países revelan un exceso de mortalidad concentrado en los mayores de 85 años, mientras persiste el debate sobre la adaptación de las viviendas y el uso del aire acondicionado.
Al menos 12.000 fallecimientos por encima de lo esperado se registraron en Europa durante la ola de calor de junio, según una recopilación de estadísticas nacionales realizada por la agencia AFP. La semana del 22 al 28 de junio, punto álgido de las temperaturas extremas, concentró cerca de 10.000 de esas muertes adicionales en Alemania, Francia, Bélgica, España, Países Bajos, Suiza y Luxemburgo, a las que se suman 2.200 decesos vinculados al calor en Inglaterra y Gales reportados por la oficina meteorológica británica.
Los sistemas de vigilancia epidemiológica coinciden en que el impacto fue especialmente severo entre la población de edad avanzada. En Italia, el Ministerio de Salud informó de un exceso de mortalidad del 3% en los mayores de 65 años entre el 25 de mayo y el 30 de junio, limitado casi por completo a los mayores de 85 y con significación estadística solo en Turín. Las autoridades sanitarias españolas atribuyeron 610 muertes al calor en esa misma semana, dos tercios de ellas en personas de más de 85 años. El instituto científico belga Sciensano contabilizó 1.747 fallecimientos adicionales entre el 18 de junio y el 1 de julio, 750 de ellos en solo dos jornadas.
Los datos, aún provisionales, están sujetos a revisión. La plataforma europea EuroMOMO, que armoniza cifras de 24 países, elevó la estimación a 14.260 muertes excedentarias en la última semana de junio, la cifra más alta para ese mes desde que comenzaron los registros en 2020. El director regional de la OMS para Europa, Hans Henri Kluge, advirtió que “demasiados gobiernos siguen considerando el calor como un fenómeno meteorológico y no como una emergencia sanitaria”. Desde Copenhague, el epidemiólogo coordinador de EuroMOMO, Lasse Vestergaard, calificó la situación de “dramática” y pidió cautela hasta que las estimaciones se consoliden, un proceso que requiere al menos cuatro semanas.
Más allá del recuento de víctimas, el episodio reavivó el debate sobre la adaptación de las ciudades y las viviendas. Analistas en México, donde una ola de calor simultánea puso a prueba las edificaciones, señalaron que la crisis climática avanza más rápido que la capacidad de reacción del sector de la construcción. El académico Víctor Arvizu, de la Universidad Iberoamericana, subrayó que el reto no se limita a instalar aire acondicionado, sino a diseñar espacios con confort térmico mediante orientación, ventilación cruzada y materiales adecuados. Desde la óptica de Medio Oriente, medios iraníes contrastaron la letalidad de temperaturas de 30 a 35 grados en Europa con la resistencia a los 50 grados en la región, y atribuyeron la diferencia a la escasa penetración del aire acondicionado —presente en menos del 20% de los hogares europeos, frente al 90% en Estados Unidos—, así como a barreras normativas y culturales que, según un análisis difundido desde Emiratos Árabes Unidos, desalientan su instalación.
Los climatólogos del grupo World Weather Attribution consideraron que una ola de calor de esta intensidad en junio habría sido casi imposible sin el cambio climático. Mientras las oficinas estadísticas nacionales revisan al alza las cifras preliminares, el balance definitivo sigue abierto y las autoridades sanitarias mantienen la vigilancia ante la posibilidad de nuevos picos estivales.
| Prensa iraní y afín | −0.50 | critical |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | 0.00 | neutral |
| Prensa rusa y CEI | 0.00 | neutral |
| Prensa del Golfo árabe | −0.60 | critical |
Iran ironically observes European fragility in the face of temperatures that are normal in the Middle East.
The implicit comparison between Middle Eastern heat tolerance and European mortality makes the European response appear irrational and culturally weak.
It omits infrastructure differences (lack of air conditioning, unsuitable housing) and demographics (aging population) that make Europe more vulnerable, as well as the global warming context.
Continental Europe records with concern the excess mortality among the elderly during the heatwave.
The use of official data and narrow percentages (over-65, +3%) makes the phenomenon seem manageable and localized, avoiding generalized alarm.
It omits the global climate change context and the debate on cultural resistance to air conditioning, as well as comparisons with other world regions.
Russia frames the European heatwave within a global trend of rising heat stress, downplaying the event's specificity.
By citing Copernicus data on a global scale, attention shifts from the European emergency to a structural problem affecting everyone, reducing local responsibility.
It omits the specific figure of 12,000 excess deaths in Europe and immediate policy implications, such as lack of preparedness.
The Arab Gulf reproaches Europe for refusing air conditioning, a technology that could save lives, and attributes the deaths to cultural stubbornness.
The contrast between the availability of a technological solution (AC) and Europe's choice not to adopt it turns a natural disaster into a moral fault.
It omits the environmental impacts of air conditioning (contribution to global warming) and the economic and infrastructural barriers that prevent many Europeans from installing it.
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