
De la Cenicienta de Yeda a la 'Orkhestra Phántasma': un mapa sonoro de la emoción
En Yeda, Assala deslumbró con un vestido verde agua, mientras en São Paulo el teatro invoca los ecos de la memoria; entretanto, las orquestas latinoamericanas y árabes redefinen su vínculo con el público.
La ovación estalló en el momento exacto en que apareció sobre el escenario. Envuelta en un vestido verde agua del diseñador libanés Nicolas Jebran, la cantante siria Assala Nasri fue recibida en Yeda como una aparición de cuento. “Jeddah la novia”, había escrito horas antes en sus redes, y el público saudí le devolvió el gesto bautizándola “la Cenicienta de Yeda”. Abrió la noche con “Shukran” y bastaron los primeros acordes para que miles de voces la acompañaran. Hubo un momento de espontánea imperfección cuando, sorprendida, confesó entre risas: “Hoy es la primera vez que canto este mawwal y no me sentí en su salsa”. La carcajada colectiva selló una velada que las redes sociales se apresuraron a calificar como una de las más memorables de la temporada.
Esa misma semana, en Dubái, la egipcia Angham hilvanaba en el Coca-Cola Arena un repertorio que atravesaba sus décadas de carrera, desde “Yaretak Fahemny” hasta “Tegy Nseeb”, en una comunión de edades que cantaba cada palabra. En el mundo árabe, los conciertos de las grandes divas del pop operan como una liturgia laica donde se actualiza una nostalgia compartida. Mientras tanto, a miles de kilómetros pero bajo un mismo impulso de reencuentro, el director chileno Paolo Bortolameolli asumía un nuevo rol como socio artístico de la Filarmónica de Medellín y preparaba un concierto gratuito con la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Su diagnóstico es directo: “El desafío es seguir conectando con las personas”. Para el maestro, una orquesta sinfónica no puede ser una vitrina de obras maestras; tiene que convertirse en “un foco cultural que inspira, conecta y dialoga con la sociedad”.
Esa exigencia de pertinencia cultural se encarna en propuestas como la de la Orquesta Nacional de los Emiratos Árabes Unidos, que este domingo versiona la suite Scheherazade de Rimski-Kórsakov en Abu Dabi con un encargo nuevo del compositor Kamal Ahmed Mostafa. La obra fusiona los colores de la orquesta árabe tradicional con la narrativa de Las mil y una noches, y su director, Ahmed Farag, explica que el verdadero reto no fue técnico, sino dramático: los músicos debían “comprender la condición dramática, las escenas y los personajes que la música evoca” para que cada arabesco instrumental contara de verdad la historia de la astuta narradora. En São Paulo, mientras tanto, el director teatral Felipe Hirsch estrena “Orkhestra Phántasma”, pieza nacida de sus visitas a la casa materna vacía en Curitiba. En ese silencio, Hirsch ha ido rescatando sonidos, ruidos y memorias que insisten en hacerse presentes, transformados en una reflexión escénica sobre “la fantasía de que somos libres dentro de nuestra cabeza”.
Las salas llenas —desde el Auditorio León de Greiff en Bogotá, de entrada libre hasta completar aforo, hasta el teatro Antunes Filho del Sesc Vila Mariana— testimonian un fenómeno que trasciende géneros. En cada latitud, la música en vivo actúa como un catalizador de comunidad. Los espectadores bogotanos podrán escuchar a Debussy, Bernstein y al flautista Cristian Guerrero interpretando a Françaix, mientras los abonados a Filarmed verán en Bortolameolli a un aliado que promete “colaboraciones innovadoras” y una programación que saque del canon a los compositores olvidados. En Abu Dabi, la velada de Scheherazade concluirá con la partitura original del ruso, “donde la aventura, el misterio y la imaginación cobran vida a través de una de las páginas orquestales más maravillosas jamás escritas”, según Farag. En todos los casos, la apuesta es idéntica: que la obra sobreviva no por su valor patrimonial, sino porque logra —en palabras del director chileno— “tocar una fibra profundamente humana relacionada con la comunicación y la emoción”.
Al final de su concierto en Yeda, Assala abandonó el protocolo y se lanzó a un baile espontáneo sobre las tablas, entre la ovación y los teléfonos encendidos. La imagen, viralizada en minutos, encapsula lo que estas múltiples escenas buscan: un instante de verdad no ensayada, un puñado de segundos en que el intérprete y su público se reconocen parte de un mismo latido. Como los ecos que Hirsch persigue en la casa vacía de Curitiba, o las olas que el violín solista de Scheherazade dibuja antes de que llegue el amanecer, la música persiste en hacerse carne, aquí y ahora, en un mundo que se empeña en escucharla.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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The singer Asala delivered a massive concert in Jeddah, sharing a heartfelt message to her Saudi audience, expressing her deep affection for the city. The performance was met with thunderous applause and audience participation, as she performed a medley of her greatest hits. The event was framed as a celebration of the emotional bond between the artist and her fans.
Paolo Bortolameolli inicia un nuevo rol como Socio Artístico de Filarmed, con el objetivo de fortalecer el vínculo entre la música sinfónica y la comunidad. La obra 'Orkhestra Phántasma' de Felipe Hirsch explora temas filosóficos y políticos, utilizando la música como elemento central. El encuadre enfatiza el poder transformador del arte y la importancia de mantener viva la música clásica en la sociedad contemporánea.
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