
Rusia busca importar combustible tras admitir la escasez por los ataques a refinerías
El Kremlin negocia con otros países la compra de gasolina y diésel mientras más de 40 regiones rusas racionan el suministro y se evalúa volver a estándares de calidad inferiores.
El presidente ruso, Vladímir Putin, reconoció públicamente la escasez de combustible y el Kremlin confirmó negociaciones para importar productos petrolíferos, un giro inédito para el tercer mayor productor mundial de crudo. La producción de gasolina ha caído alrededor de un 25% respecto al año anterior, según fuentes citadas por agencias internacionales, y las reservas totales de gasolina se redujeron un 4% interanual, de acuerdo con el propio mandatario. El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, declaró que se mantienen contactos con otros países y que, de alcanzarse precios aceptables, las compras se concretarán para estabilizar el mercado interno.
Los ataques con drones ucranianos contra refinerías, oleoductos y depósitos en el interior de Rusia —incluyendo instalaciones en Krasnodar, Yaroslavl y la periferia de Moscú— han interrumpido la cadena de refinado y distribución. La infraestructura, diseñada para la exportación de crudo más que para un procesamiento flexible, no ha logrado compensar la pérdida de capacidad. El gobierno ruso ha impuesto un veto a la exportación de gasolina y queroseno, y estudia extenderlo al diésel. Además, se ha comenzado a recurrir a las reservas estratégicas.
Desde la óptica de Moscú, el viceprimer ministro Alexandr Nóvak gestiona la crisis “en modo manual” con reuniones diarias. Se han adoptado medidas como la reducción temporal del volumen de venta obligatoria en bolsa y la posible rebaja de los estándares de calidad del combustible hasta la norma Euro-2, prohibida desde 2013. Expertos del sector advierten que ese combustible puede ser inseguro para los motores modernos, aunque permitiría aumentar la oferta en cientos de miles de toneladas mensuales al emplear nafta sin procesamiento profundo. Paralelamente, más de 40 regiones han impuesto límites a la venta —en algunos casos de solo 15 litros por vehículo— y al menos tres han declarado el estado de alerta. En la anexionada Crimea, el combustible ya no se vende a particulares.
Las negociaciones de importación, según Peskov, se llevan a cabo con varios países, aunque no se revelan los nombres. Fuentes de la industria citadas por Reuters apuntan a un posible acuerdo con Kazajistán para el suministro de 50.000 toneladas de gasolina AI-92, si bien Astaná niega haber recibido una solicitud formal. Mientras, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha ordenado una operación militar de 40 días con ataques de medio y largo alcance para presionar a Rusia. El desenlace inmediato dependerá de si se concretan los contratos de importación y de la eficacia de las defensas antiaéreas rusas para proteger las refinerías restantes.
| Prensa rusa y CEI | −0.30 | critical |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.70 | critical |
| Prensa europea continental | −0.40 | critical |
Russia does not give in: it imports fuel and reverts to Euro-2 to overcome the crisis, showing resilience.
It attributes the crisis to external causes (sanctions) and presents the measures as temporary and pragmatic, downplaying severity.
Russia is on its knees: sanctions work and Moscow is forced into humiliating measures like importing gasoline and reverting to polluting standards.
It turns a logistical difficulty into evidence of systemic failure, using the return to Euro-2 as a symbol of degradation.
Russia's crisis is a symptom of a system under pressure, but Moscow shows pragmatism in finding temporary solutions.
Frames the crisis as a case study of sanctions consequences, balancing criticism with recognition of Russian adaptation.
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