
Moana con actores: ovación del público, recaudación deslucida
La nueva versión con personajes reales del clásico de Disney debutó con 43 millones de dólares en Norteamérica, muy por debajo de lo esperado, aunque el 90% de los espectadores la aprueba.
En la penumbra de la sala, la abuela Tala susurra una leyenda polinesia y las olas digitales bañan la arena de Motunui con un realismo casi táctil. Así arranca el nuevo ‘Moana’, el live‑action con el que Disney intenta repetir la magia de su predecesora animada de 2016. Catherine Lagaʻaia, una joven australiana de ascendencia samoana escogida entre 32.000 aspirantes, encarna a la princesa aventurera con una frescura que la crítica ha aplaudido, y Dwayne Johnson repite como el semidiós Maui, tatuajes vivos incluidos. Pero lo que en la pantalla se ofrece como un viaje de autodescubrimiento y fantasía visual, en las taquillas se ha revelado como una travesía mucho más incierta.
El filme recaudó apenas 43 millones de dólares en su primer fin de semana en Estados Unidos y Canadá, a los que sumó otros 52 millones en el mercado internacional, para un total global de 95 millones. La cifra queda lejos de los 146 millones que obtuvo el remake de ‘Lilo & Stitch’ en 2025 o los 159 millones de ‘Toy Story 5’ este mismo año. Con un presupuesto de producción de 250 millones, sin contar los costes de comercialización, el estreno ha sido uno de los más flojos para una adaptación con actores reales de Disney, según analistas de la industria en Los Ángeles. La saturación de cine familiar —con ‘Minions & Monsters’ y la propia ‘Toy Story 5’ ocupando las salas— ha fragmentado a un público que, en muchos casos, vio ‘Moana 2’ hace apenas 19 meses. En un año en que otras superproducciones como Super Mario Galaxy o la biopic Michael han rebasado los mil millones, el contraste hace aún más visible la brecha entre expectativa y realidad.
Pese a las cifras, la respuesta de los espectadores que sí acudieron fue notablemente cálida: un 90 % de aprobación en Rotten Tomatoes y una nota A‑ de CinemaScore, con un 78 % de padres que recomendarían la película a otras familias. “Es una experiencia nostálgica y visualmente deslumbrante”, apuntaban comentarios en redes sociales recogidos por medios indonesios. Sin embargo, la crítica especializada ha sido demoledora: con apenas un 34 % de reseñas positivas, se ha convertido en la peor valorada de todos los remakes live‑action de Disney. Desde diarios estadounidenses se señala que la copia plano por plano “drena la imaginación” del original animado y que la fisicidad de los actores aplana ciertos momentos de humor y ligereza. En paralelo, circulan en internet fragmentos que comparan la actuación de Johnson con la del dibujo animado de 2016 y denuncian una falta de chispa.
El contraste con otros mercados subraya que la fórmula del éxito no es universal. En India, la comedia local ‘Dhamaal 4’ recaudó en sus dos primeros días el equivalente a 44 millones de rupias netas —un ritmo que, ajustado a la escala del país, supera ampliamente el arranque de Moana—. En América Latina y España, las conversaciones en plataformas como X reflejan un apego sentimental a la banda sonora de Lin‑Manuel Miranda, pero también cierta fatiga ante la reiteración de clásicos. Mientras, la maquinaria de Disney insiste con anuncios que destacan el flamante sello “verified hot” del 90 % de audiencia y ya prepara el live‑action de ‘Enredados’. Queda la imagen de un océano digital bellísimo navegado por una Moana que pocos han ido a ver: las salas medio vacías de un estreno que aspiraba a ser colosal, y el eco de unas canciones que, esta vez, no bastaron para llenar butacas.
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.70 | critical |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | 0.00 | neutral |
| Prensa del Sudeste Asiático | −0.20 | neutral |
The box office rejects the live-action Moana, a soulless clone that betrays the original's spirit.
Compares box office data and Rotten Tomatoes scores to demonstrate the remake's inferiority to the animated original, using the critic-audience gap as evidence of a quality deficit.
Ignores the possibility that the remake has cultural or emotional value for audiences, focusing solely on commercial failure.
Moana live-action is not a simple remake but an act of cultural memory that deserves respect.
Raises the temporal paradox of a recent classic to legitimize the remake as an act of continuity, not copying, and invites evaluation through a different lens than mere comparison.
Omits the disappointing box office data and negative reviews, preferring a cultural analysis that ignores commercial reception.
Moana live-action sails between nostalgia and disappointment, offering a familiar yet magic-less experience.
Juxtaposes nostalgic sentiment with criticism of flatness, creating an apparent balance but emphasizing the lack of original enchantment to suggest a negative judgment.
Does not mention the critic-audience gap or box office figures, focusing only on the visual experience.
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