
La retirada israelí del Líbano queda supeditada a condiciones de campo, no a plazos
El acuerdo marco firmado en Washington condiciona cualquier repliegue a la desarticulación de Hezbolá, mientras Israel anuncia una presencia militar prolongada y el grupo chií lo rechaza como una legitimación de la ocupación.
El acuerdo marco entre Israel y el Líbano, anunciado por Estados Unidos el pasado viernes, no establece un calendario fijo para la retirada de las tropas israelíes del sur del país. Según fuentes militares israelíes, el ejército no ha recibido ninguna directiva de repliegue y cualquier movimiento de fuerzas estará supeditado al cumplimiento de condiciones sobre el terreno, en particular el desarme de Hezbolá. El texto, cuyo anexo de seguridad permanece clasificado a petición expresa del gobierno libanés, utiliza los términos “redespliegue” o “reubicación” en lugar de “retirada”, una precisión semántica que, desde la óptica de los mandos israelíes, otorga margen para mantener una presencia militar prolongada.
El ministro de Defensa israelí, Yisrael Katz, declaró que no habrá retirada más allá de dos zonas de prueba —las localidades de Frun y Zawtar al-Gharbiya— hasta que Hezbolá sea desarmado. Katz afirmó que, tras las limitaciones operativas impuestas por Estados Unidos en el marco de las negociaciones con Irán, Israel optó por un “plan B” consistente en profundizar la franja de seguridad en el sur del Líbano. El primer ministro Benjamín Netanyahu calificó el acuerdo como un logro diplomático, al tiempo que reconoció la continuidad de la presencia militar israelí en territorio libanés.
En Beirut, la firma ha desatado una fuerte contestación. El secretario general de Hezbolá, Naim Qassem, lo tachó de “vergonzoso” y afirmó que legitima la ocupación israelí, al renunciar el gobierno libanés a la exigencia de una retirada completa en 60 días, tal como contemplaba el memorando de entendimiento entre Irán y Estados Unidos. El presidente del Parlamento, Nabih Berri, advirtió que el pacto puede avivar las divisiones internas y subrayó que la única vía realista para forzar la salida israelí son las conversaciones entre Teherán y Washington. El presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam han defendido la negociación directa y se han comprometido a implementar el marco, con la esperanza de que Washington presione para una retirada gradual.
Desde Washington, el secretario de Estado Marco Rubio presentó el acuerdo como un proceso por fases para transferir la responsabilidad de la seguridad al ejército libanés, que deberá asumir el control tras la verificación del desarme de los grupos no estatales. Estados Unidos ha propuesto entrenar a las fuerzas libanesas para las zonas desmilitarizadas y estudia un mecanismo de supervisión de la tregua. Sin embargo, la implementación sigue sin plazos definidos y las operaciones militares israelíes han continuado tras la firma, incluida la destrucción de una infraestructura de Hezbolá en Majdal Zoun.
El expediente libanés se entrelaza con las negociaciones entre Irán y Estados Unidos. Teherán insiste en que un alto el fuego en Líbano forme parte de cualquier entendimiento, mientras que Katz reconoció que la presión iraní había limitado anteriormente la actuación militar israelí, restricciones que, a su juicio, quedaron superadas por la negociación directa Líbano-Israel. Con Hezbolá rechazando el acuerdo, protestas en varias regiones y un despliegue israelí que podría prolongarse durante años, el marco se enfrenta a una aplicación incierta y a un profundo desacuerdo sobre su legitimidad.
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El acuerdo mediado por Estados Unidos es una farsa: Israel nunca recibió una orden de retirada y está ejecutando un 'plan B' para profundizar su zona de seguridad en el sur del Líbano con complicidad estadounidense. La presión iraní impidió el colapso de Hezbolá y obligó a Washington a cambiar de postura al vincular los frentes. El alto el fuego depende de vagas condiciones sobre el terreno, lo que garantiza una presencia israelí indefinida.
El ejército israelí no ha recibido ninguna directiva de retirada, lo que arroja dudas sobre el acuerdo recién anunciado. La retirada está supeditada a 'condiciones sobre el terreno' y no a plazos, avivando el temor a una ocupación prolongada. El marco negociado por Estados Unidos parece ambiguo y podría no conducir a una implementación completa.
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