
El acuerdo entre Israel y Líbano nace lastrado por el rechazo de Hezbolá y las divisiones internas
El pacto firmado en Washington condiciona la retirada israelí al desarme del grupo chií, mientras el presidente del Parlamento libanés lo tacha de 'dictado' y advierte sobre el riesgo de confrontación civil.
La firma en Washington de un acuerdo marco entre Israel y Líbano el pasado 26 de junio, auspiciado por Estados Unidos, desencadenó en apenas 72 horas una cadena de rechazos frontales, operaciones militares israelíes y advertencias de fractura interna. El texto establece que las Fuerzas Armadas libanesas asumirán el control de 'zonas piloto' en el sur y que la retirada progresiva de las tropas israelíes queda supeditada a la verificación del desarme de los grupos armados no estatales, en referencia directa a Hezbolá. Durante el fin de semana, el ejército israelí destruyó un túnel de 200 metros en Majdal Zoun, bombardeó Nabatieh y detonó viviendas en Taybe y Haddatha, acciones que Hezbolá calificó de 'violación flagrante' del alto el fuego y ante las cuales se reservó el derecho a defender 'la patria y el pueblo'.
Las posiciones de los actores dibujan un tablero de fractura. Desde Beirut, el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam enmarcan el pacto como un primer paso para recuperar la soberanía y el monopolio estatal de la fuerza; el ministro de Defensa, Michel Menassa, afirmó que el ejército ya había iniciado operaciones de desarme en 2025 y que se negociará con Hezbolá porque 'la paz es demasiado importante'. En las antípodas, el líder de Hezbolá, Naim Qassem, declaró el acuerdo 'nulo y sin valor', una 'rendición de la soberanía' que cruza 'todas las líneas rojas', mientras el presidente del Parlamento, Nabih Berri —aliado del grupo chií—, lo describió como 'diez veces peor' que el fallido acuerdo de 1983 y advirtió que su aplicación 'no ocurrirá' porque puede 'incitar divisiones internas y arrastrar a los libaneses a un enfrentamiento entre ellos'. Israel, por boca del primer ministro Benjamin Netanyahu, celebra un logro 'histórico' que asesta un golpe a Irán y a Hezbolá, al tiempo que el ministro de Defensa, Israel Katz, ordena a las tropas prepararse para una estancia prolongada en la franja de seguridad ocupada. Washington, que movilizó al secretario de Estado Marco Rubio y al vicepresidente JD Vance para cerrar el texto, insiste en que las conversaciones continuarán el martes y que el objetivo es un proceso sin interferencias externas.
Desde la óptica de analistas en Beirut y en centros de estudios europeos, el acuerdo traslada todo el peso de la implementación a un Estado libanés que carece de capacidad real para desarmar a Hezbolá sin desatar una crisis sectaria. La condición del desarme verificable, señalan, otorga a Israel cobertura política para mantener una presencia militar indefinida en el sur, consolidando una zona de amortiguación de entre ocho y diez kilómetros. El académico Fawaz Gerges, citado en medios internacionales, califica el pacto de 'nacido muerto' y estructuralmente fallido, mientras otros expertos advierten que la desconexión deliberada de Washington entre la negociación libanesa y la mesa paralela con Irán concede a Israel mayor libertad de acción. En Teherán, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, reiteró a Berri que el objetivo compartido es 'poner fin a la guerra en Líbano', y fuentes diplomáticas insisten en que cualquier alto el fuego regional debe incluir el frente libanés.
El conflicto actual se remonta al 2 de marzo, cuando Hezbolá abrió fuego contra Israel en solidaridad con Irán tras los ataques estadounidenses e israelíes contra territorio iraní. Desde entonces, más de un millón de personas han sido desplazadas en Líbano y los intentos previos de tregua, incluido el alto el fuego del 16 de abril, fracasaron. El nuevo marco, que prevé la creación de un grupo de coordinación militar con verificación estadounidense, se enfrenta ahora a la prueba de su viabilidad sobre el terreno: mientras el ejército israelí continúa sus operaciones y Hezbolá se reserva el derecho a la autodefensa, el gobierno libanés deberá conciliar sus compromisos internacionales con una realidad interna en la que el partido-milicia conserva una capacidad militar que ningún actor local puede neutralizar por la fuerza. Las negociaciones se reanudan este martes en un clima de desconfianza mutua y con la amenaza latente de una nueva escalada.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Una operación quirúrgica destruyó un túnel de Hezbolá en el sur del Líbano, eliminando una amenaza directa a la seguridad israelí. Estados Unidos fue informado con antelación, lo que subraya un esfuerzo coordinado y legítimo. El ataque demuestra la determinación de neutralizar infraestructura terrorista, incluso mientras continúan las conversaciones diplomáticas.
El ejército israelí atacó infraestructura de Hezbolá en el sur del Líbano apenas unos días después de un acuerdo de paz trilateral mediado por Estados Unidos. El momento plantea dudas sobre la viabilidad del marco diplomático. El ataque, aunque dirigido a un túnel, corre el riesgo de socavar la frágil tregua.
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