
La OTAN se reúne en Ankara con la meta del 5% del PIB en defensa como eje de tensión
Los líderes de los 32 aliados debatirán el aumento del gasto militar y el apoyo a Ucrania, mientras Turquía exhibe su industria armamentística y evita críticas por la situación de los derechos fundamentales.
Los jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN se reúnen los días 7 y 8 de julio en Ankara en una cumbre marcada por la presión de Washington para que los aliados europeos aceleren el rearme y por el papel anfitrión de Turquía, que busca consolidarse como socio industrial y mediador entre Donald Trump y unas capitales europeas recelosas. Según la secretaría general de la Alianza, la cita se centrará en tres prioridades: transformar la inversión en defensa, impulsar la innovación industrial y mantener el respaldo a Ucrania. El trasfondo es el compromiso alcanzado en la cumbre de La Haya de 2025 de elevar el gasto militar al 5 % del PIB para 2035, una meta que divide a los miembros.
Desde Washington se insiste en que la nueva meta es innegociable, pero en capitales como Madrid, París o Roma persisten las resistencias. España, que apenas alcanzó el umbral previo del 2 % este año, se ha negado a comprometerse con el 5 %, según fuentes diplomáticas. El secretario general, Mark Rutte, ha tratado de rebajar la tensión al vincular el rearme europeo con la creación de empleo en Estados Unidos: en declaraciones recogidas por la prensa económica, afirmó que la cartera de pedidos de material estadounidense por parte de Europa y Canadá asciende a 300 000 millones de dólares para los próximos dos años y sostiene 195 000 puestos de trabajo en la industria de defensa norteamericana. Para Bruselas, este argumento económico es una herramienta para garantizar el compromiso de Trump con la Alianza.
Turquía, por su parte, aprovecha la cumbre para exhibir su creciente sector armamentístico. El presidente Recep Tayyip Erdoğan ha organizado un foro industrial paralelo y aspira a situar a su país entre los diez mayores exportadores de armas. Según analistas en Ankara, la estrategia turca pasa por integrarse como proveedor de componentes y sistemas en las cadenas de producción europeas, más que por vender productos finales. Alemania ha mostrado un interés inédito: una delegación del Ministerio de Defensa acudió a la feria de Estambul y más de treinta empresas germanas exploran alianzas. La industria turca ofrece capacidad de producción rápida y de alta calidad en un momento en que, según expertos locales, las fábricas europeas tienen dificultades para atraer talento joven.
El encuentro se produce, sin embargo, bajo un manto de silencio occidental sobre la situación de los derechos fundamentales en el país anfitrión. Desde 2021, las capitales aliadas han evitado referirse en público a lo que organizaciones de derechos humanos describen como una deriva autoritaria del gobierno turco, que ha encarcelado al alcalde de Estambul y candidato presidencial opositor, Ekrem Imamoğlu, y ha restringido la acreditación de periodistas independientes para la cumbre. Diplomáticos occidentales consultados admiten que prefieren plantear estas cuestiones en privado, mientras que antiguos embajadores, como el estadounidense David Satterfield, advierten de que el silencio alienta el retroceso democrático y aísla a la oposición. La buena sintonía personal entre Trump y Erdoğan, subrayada por la presencia del primero en Ankara, refuerza esta dinámica.
De la cumbre se esperan anuncios de contratos de defensa por decenas de miles de millones de dólares y avances en la senda hacia el 5 %, aunque sin un mecanismo vinculante. La reunión bilateral entre Trump y Erdoğan y el debate sobre el futuro de la disuasión aliada centrarán las sesiones plenarias. Desde América Latina, el encuentro se observa como un termómetro de la cohesión transatlántica, con posibles repercusiones en la arquitectura de seguridad global y en el mercado internacional de armamento.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La cumbre de la OTAN en Ankara se centrará en fortalecer la Alianza y aumentar el gasto en defensa, pero los aliados occidentales han dejado en gran medida de criticar públicamente el historial de derechos humanos de Turquía, priorizando la cooperación en seguridad sobre los valores democráticos.
Los miembros europeos de la OTAN están explorando una cooperación más estrecha con la industria armamentística turca, mientras el secretario general de la Alianza presiona para aumentar el gasto europeo en defensa como forma de mantener a Estados Unidos comprometido bajo Trump, presentando el rearme como un incentivo económico para Washington.
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