
Estados Unidos despliega más de 900 militares en Venezuela para tareas de rescate tras los sismos
La misión humanitaria, que incluye drones de vigilancia y apoyo logístico, marca un giro en la relación bilateral apenas meses después de una operación estadounidense para capturar a Nicolás Maduro.
Estados Unidos ha desplegado a más de 900 efectivos militares en territorio venezolano y a otros 800 en centros de apoyo en Puerto Rico y Curazao para asistir en las labores de rescate y ayuda humanitaria tras los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el país la semana pasada, según confirmó el general Francis Donovan, jefe del Comando Sur estadounidense. La operación incluye una unidad logística de la Infantería de Marina, vehículos todoterreno, ambulancias militares y el despliegue de al menos cuatro o cinco drones MQ-9 Reaper, que sobrevuelan la zona de desastre para proporcionar inteligencia a las autoridades venezolanas.
Desde Washington, el Comando Sur subraya que la misión tiene un carácter estrictamente humanitario y temporal. “No estamos preparándonos para una misión de larga duración; cuando terminemos, nos iremos”, declaró Donovan a la agencia Reuters, remitiendo a la Cancillería estadounidense cualquier decisión sobre el calendario de retirada. El gobierno de Nicolás Maduro, que en un primer momento enfrentó críticas de sectores de la población y de observadores internacionales por la lentitud en el envío de maquinaria pesada a las zonas afectadas, ha aceptado la asistencia militar estadounidense, un gesto que analistas en Caracas interpretan como un reconocimiento de las limitaciones logísticas propias ante una catástrofe que ha dejado al menos 1.943 fallecidos y miles de atrapados bajo los escombros.
El despliegue actual contrasta de forma abrupta con el estado de la relación bilateral apenas seis meses atrás. El 3 de enero, fuerzas especiales estadounidenses llevaron a cabo una incursión para capturar a Maduro —entonces presidente en ejercicio— y trasladarlo a Nueva York para ser juzgado por narcotráfico, una operación que Caracas denunció como una violación de su soberanía. Ahora, los mismos activos de vigilancia que el Pentágono emplea para rastrear amenazas hemisféricas se utilizan para mapear rutas transitables y edificios colapsados. “Pensemos en cómo ha evolucionado esta relación”, reflexionó Donovan, aludiendo también a la operación conjunta del mes pasado que abatió al líder de la banda criminal Tren de Aragua, coordinada con las autoridades venezolanas.
Para analistas en América Latina, la presencia militar estadounidense en Venezuela, aunque enmarcada en la asistencia humanitaria, reactiva el debate sobre la influencia de Washington en la región. Mientras que desde la óptica de Bruselas se observa con cautela cualquier despliegue que pueda prolongarse, en el Caribe la operación es vista como un refuerzo necesario ante la saturación de los puntos de entrada de la ayuda internacional. Donovan expresó su esperanza de que esta colaboración siente las bases para unas relaciones militares más estrechas en el futuro, aunque evitó precisar plazos. Por ahora, la prioridad inmediata es mantener operativos los corredores logísticos y evitar que los suministros vitales se acumulen en los aeropuertos, mientras los equipos de rescate, con apoyo de brigadas extranjeras, continúan la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El despliegue de más de 900 soldados estadounidenses en Venezuela marca un giro brusco desde la reciente redada contra Maduro hacia una misión humanitaria a gran escala. Las fuerzas estadounidenses lideran las operaciones de búsqueda y rescate, reabren el aeropuerto y utilizan drones para coordinar la entrega de ayuda. Este viraje subraya la capacidad de Washington para proyectar tanto poder duro como blando en la región.
Más de 900 soldados estadounidenses se encuentran ahora en suelo venezolano, supuestamente para labores de socorro tras el terremoto, pero el despliegue sigue a una reciente redada estadounidense contra Maduro. La enorme huella militar, con drones y bases en el Caribe, despierta sospechas sobre las verdaderas intenciones de Washington. Estados Unidos estaría utilizando el desastre para afianzar su presencia en un país que lleva tiempo buscando desestabilizar.
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