
Entrenamiento militar secreto en China y conversaciones reservadas Putin-Lukashenko revelan la profundidad de la cooperación estratégica
La Unión Europea confirmó ejercicios castrenses no declarados de fuerzas rusas en instalaciones chinas, mientras analistas ucranianos interpretan el hermetismo de la reunión entre los presidentes de Rusia y Bielorrusia como un forcejeo sobre el papel de Minsk en la guerra.
La constatación por parte de la Unión Europea de que China impartió entrenamiento militar secreto a tropas rusas en su territorio durante 2025 ha dotado de un nuevo cariz a la opacidad que envuelve las alianzas de Moscú. Según fuentes diplomáticas europeas y documentos internos rusos, el ministro de Defensa, Andréi Beloúsov, autorizó personalmente el envío de una delegación de las Fuerzas Armadas rusas a instalaciones del Ejército Popular de Liberación en Pekín y Nankín, donde alrededor de 200 efectivos recibieron instrucción en guerra radiológica, química y biológica, manejo de drones y sistemas de guerra electrónica. La presencia de al menos cuatro generales de ambos países en estas maniobras, confirmada por Bruselas a través de canales propios, subraya, en opinión de analistas europeos, la relevancia estratégica que Moscú y Pekín otorgan a un intercambio que Pekín niega y que el legislador ruso Andréi Kartapólov calificó de “completo disparate”.
En paralelo, la reunión que Vladímir Putin y el presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko, mantuvieron a finales de junio en la residencia de Valdái ha desatado especulaciones en Ucrania precisamente por la ausencia total de comunicados, fotografías o documentos firmados. Analistas ucranianos interpretan ese hermetismo —calificado por el comentarista Vadym Denysenko como el primero de este tipo en la historia de los encuentros entre ambos líderes— como un indicio de que la guerra en Ucrania y el posible papel de Bielorrusia fueron el eje de la discusión. Desde Kiev se apunta a que Putin podría haber solicitado el uso del territorio bielorruso para repetir un escenario de incursión similar al de 2022 o el despliegue de grupos de sabotaje, mientras que Lukashenko, temeroso de represalias ucranianas y de la falta de respaldo popular a una intervención directa, habría rechazado esas demandas. El posterior viaje de Lukashenko a Pekín, donde se entrevistó con Xi Jinping, refuerza la hipótesis de una diplomacia de ida y vuelta en la que Minsk busca preservar su régimen sin quedar atrapado en la escalada bélica.
Desde la óptica de Bruselas, ambos episodios ilustran un patrón de cooperación militar y política que trasciende las declaraciones de neutralidad. Pekín insiste en que su postura ante la crisis ucraniana es invariable y se presenta como mediador de paz, pero los ejercicios secretos, sumados al suministro de bienes de doble uso —como fibra óptica para drones FPV y componentes de los aparatos no tripulados Shahed—, alimentan la percepción europea de que China actúa como un habilitador decisivo de la maquinaria bélica rusa. La alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, confirmó que el bloque evalúa las implicaciones de este adiestramiento, en un debate interno que contrapone las prioridades comerciales con la necesidad de medidas adicionales, incluidas sanciones a empresas chinas.
El estado actual de estos dosieres revela una doble dinámica de secretismo y negación. Mientras el Kremlin desestima las informaciones sobre el entrenamiento como “información falsa” y Pekín las tacha de “infundadas”, la UE ha pasado de la vigilancia a la verificación activa, y en Kiev se lee el silencio de Valdái como una señal de que Lukashenko logró postergar cualquier compromiso militar directo. Los próximos pasos conocidos apuntan a una evaluación formal por parte de los Veintisiete sobre la respuesta al rol chino, en un contexto en el que la guerra en Ucrania sigue redefiniendo las alianzas y las líneas rojas de los actores globales.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Tras dos días de conversaciones muy secretas entre Putin y Lukashenko sin comunicado oficial, analistas ucranianos especulan que la guerra fue el tema principal. Lukashenko viajó luego a China para reunirse con Xi Jinping, avivando las especulaciones sobre un doble canal diplomático y militar de Moscú.
Unos ejercicios militares secretos entre Rusia y China se centraron en escenarios de guerra radiológica, biológica y química, con la aprobación personal del ministro de Defensa ruso. La participación de altos generales y el vínculo con la experiencia de combate en Ucrania han provocado una gran alarma en Europa, mientras Pekín niega dicha cooperación.
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