
El Niño se intensifica: gobiernos de tres continentes activan planes de emergencia ante un episodio que podría ser histórico
La NOAA confirma un fenómeno que podría alcanzar la categoría “Muy fuerte”; Indonesia, Colombia, Argentina y países africanos preparan medidas ante sequías, inundaciones y pérdidas de cosechas.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó el 11 de junio el inicio de un nuevo episodio de El Niño, con una probabilidad del 63 % de que alcance la categoría “Muy fuerte” entre noviembre y enero próximos. De cumplirse las proyecciones, el evento se sumaría a la secuencia de fenómenos extremos registrados en 1982-83, 1997-98, 2015-16 y 2023-24, y según los modelos climáticos podría contribuir a nuevos récords globales de calor. La declaración activó respuestas inmediatas en el Sudeste Asiático, América del Sur y África occidental, donde las autoridades ajustan planes de contingencia para mitigar impactos que van desde incendios forestales y crisis hídricas hasta inundaciones y caídas en la producción de materias primas.
Desde Yakarta, el ministro del Interior de Indonesia, Muhammad Tito Karnavian, instruyó a todos los jefes regionales reforzar la preparación ante la temporada seca de julio a octubre, cuando se espera el pico de los efectos. La Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica (BMKG) pronosticó que El Niño se extenderá de mayo de 2026 a mayo de 2027, con mayor riesgo de incendios forestales y de escasez de agua que afectará al riego agrícola y a las centrales hidroeléctricas. En paralelo, el Gobierno central moviliza a los ministerios de Agricultura y de Obras Públicas para ampliar sistemas de bombeo y realizar modificaciones climáticas localizadas. En América del Sur, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) de Colombia advirtió que las condiciones de El Niño ya están presentes y que la probabilidad de que se mantengan durante el segundo semestre supera el 95 %, con una reducción progresiva de caudales y un aumento del riesgo de incendios de cobertura vegetal. La ministra encargada de Ambiente, Irene Vélez, subrayó que el fenómeno se materializó tres meses antes de lo previsto, lo que obliga a acelerar los planes de ahorro de agua y energía. En contraste, la provincia argentina de Corrientes se prepara para el escenario opuesto: el ministro de Obras y Servicios Públicos, Jorge Meza, alertó sobre “serias complicaciones” por el crecimiento de las cuencas hídricas a partir de agosto, con picos de lluvia en octubre y noviembre que podrían anegar hasta tres millones de hectáreas en los departamentos del noroeste.
Los efectos sectoriales ya se perfilan en los análisis de riesgo. Fitch Solutions, con sede en Londres, proyecta que la producción de cacao en Costa de Marfil caerá un 17,5 % interanual en la campaña 2026/27, hasta 1,7 millones de toneladas, mientras que la de Ghana se mantendrá plana en 670.000 toneladas. La consultora atribuye la vulnerabilidad al predominio de pequeños agricultores con acceso limitado a riego y fertilizantes, y a plantaciones envejecidas más susceptibles a plagas en condiciones secas. En Brasil, analistas del sector eléctrico advierten que un El Niño fuerte añade incertidumbre hidrológica: aunque las lluvias en el Sur y parte del Sudeste pueden elevar la energía natural afluente, las temperaturas más altas presionarán la demanda, en especial en el Sudeste, mientras la menor precipitación en el Norte limitará la recuperación de los embalses. La generación solar, en cambio, podría beneficiarse en zonas del interior nordestino y del norte de Minas Gerais por la reducción de la nubosidad.
El episodio actual se inscribe en un patrón de teleconexiones atmosféricas que, según los centros de pronóstico, no determina impactos idénticos en cada región, pero sí incrementa la probabilidad de sequías en el norte de Sudamérica y el Sudeste Asiático, y de lluvias excesivas en el Cono Sur. Los gobiernos locales han comenzado a coordinar respuestas interinstitucionales: en Indonesia se integrarán los organismos de gestión de desastres, las fuerzas armadas y las administraciones locales; en Colombia se revisan los planes de contingencia hídrica; y en Corrientes se ultima un plan de obras y protocolos de remate ganadero para reducir la carga animal en zonas bajas. El monitoreo continuo de la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial definirá en los próximos meses si la intensidad del fenómeno confirma los escenarios más adversos y obliga a ampliar las medidas de adaptación.
| Prensa latinoamericana | −0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa africana subsahariana | −0.40 | critical |
| Prensa del Sudeste Asiático | 0.00 | neutral |
Latin America faces El Niño with caution, calling for studies and plans but not giving in to alarmism.
Climate forecasts are transformed into manageable technical issues, dampening urgency by pointing to scientific uncertainties.
Global climate accords and the role of deforestation in worsening El Niño effects are not mentioned.
West Africa braces for El Niño by focusing on economic losses and calling for irrigation aid.
The narrative tightly links the climate phenomenon to the cocoa economy, turning a natural event into an imminent market crisis.
Past failures in drought management and corruption in emergency funds are omitted.
Southeast Asia ignores El Niño and cocoa, deeming them irrelevant to its own agenda.
The choice to allocate coverage to other topics signals that the global narrative is not perceived as urgent in the region.
The region's role as a potential cocoa consumption and transit market is omitted.
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