
El brote de ébola en Congo supera los 1.000 casos y la cepa Bundibugyo carece de vacuna
Las autoridades sanitarias confirman 1.003 infecciones y 254 muertes en la República Democrática del Congo, mientras la trazabilidad de contactos apenas alcanza el 55 % y el pico epidémico aún no se ha alcanzado.
El número de casos confirmados de enfermedad por virus del Ébola en la República Democrática del Congo (RDC) superó el umbral de los 1.000 el 21 de junio, al alcanzar 1.003 infecciones y 254 fallecimientos, según el Ministerio de Salud congoleño. La tasa de letalidad se sitúa en el 25,3 %, con 100 personas recuperadas y 365 pacientes aún en aislamiento u hospitalización. El brote, declarado oficialmente el 15 de mayo en la provincia de Ituri, está causado por la variante Bundibugyo, un filovirus raro para el que no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados.
La cepa Bundibugyo, identificada por científicos del Instituto Nacional de Investigación Biomédica de la RDC y del Ministerio de Salud de Uganda, procede de un nuevo salto desde un reservorio animal silvestre, lo que descarta su vinculación con brotes anteriores no detectados. La transmisión se produce por contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas. Las autoridades sanitarias africanas advierten que la trazabilidad de contactos sigue siendo el principal obstáculo: apenas se sigue al 55-60 % de las personas expuestas, muy por debajo del 90 % que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera necesario para contener la propagación. Además, aún no se ha identificado al paciente cero y más de 35.000 contactos permanecen sin localizar.
El epicentro se concentra en Ituri, donde los enfrentamientos armados con grupos rebeldes como las Fuerzas Democráticas Aliadas dificultan el acceso a comunidades enteras y generan desplazamientos masivos. En el campamento de Kigonze, en Bunia, que alberga a más de 15.000 desplazados, se registraron diez entierros en una sola semana, un ritmo que las autoridades locales califican de inusual; algunas de esas muertes fueron posteriormente confirmadas como casos de Ébola. La agencia de la ONU para los refugiados ha expresado su profunda preocupación por el riesgo que supone la circulación del virus entre los más de dos millones de desplazados forzosos que residen en zonas afectadas. Al menos 78 trabajadores sanitarios han enfermado y 18 han fallecido, muchos de ellos tras exposiciones en clínicas comunes antes de que se identificara la naturaleza del virus.
El brote se ha extendido a las provincias vecinas de Kivu del Norte y Kivu del Sur, y ha cruzado la frontera hacia Uganda, donde se han confirmado 19 casos y dos muertes. En respuesta, Japón anunció el 22 de junio una donación de emergencia de 3,5 millones de dólares para financiar intervenciones de salud, agua, saneamiento e higiene a través de la Federación Internacional de la Cruz Roja, el Programa Mundial de Alimentos y UNICEF, tanto en la RDC como en Uganda. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África (Africa CDC) han señalado que, si la transmisión no se controla rápidamente, la epidemia podría superar en gravedad a la de África Occidental de 2014-2016, que causó más de 11.000 muertes.
El siguiente hito operativo será elevar la cobertura de rastreo de contactos hasta al menos el 90 % e identificar el caso índice, mientras los equipos de respuesta intensifican la vigilancia epidemiológica y la comunicación comunitaria en una región marcada por la inseguridad y los desplazamientos forzados.
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El brote en el este del Congo ha superado los 1.000 casos confirmados y 254 muertes. Está causado por el raro virus Bundibugyo, para el cual no existen vacunas ni tratamientos, lo que dificulta enormemente su contención. Las autoridades luchan por controlar un patógeno sin contramedidas médicas.
Los casos confirmados de ébola en el Congo han superado los 1.000, con 254 muertes, pero la respuesta se ve socavada por repetidos ataques a los centros de tratamiento. Un nuevo asalto a un centro en Beni ha aumentado los temores de que la violencia esté obstaculizando la contención. Los trabajadores sanitarios se enfrentan al peligro no solo del virus, sino también de la agresión armada.
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