
Argentina e Inglaterra: una rivalidad forjada en agravios y gestas mundiales
Los cánticos tras la victoria ante Suiza reavivan una historia de expulsiones, goles polémicos y tensiones que se remonta a 1966 y que tendrá un nuevo capítulo en la semifinal de Atlanta.
La clasificación argentina a semifinales del Mundial 2026 tras vencer a Suiza en cuartos de final no terminó con el pitido del árbitro. En el vestuario, los jugadores de la Albiceleste entonaron cánticos tradicionales contra Inglaterra y añadieron nuevas estrofas: “Por las Malvinas, por Diego, por la última de Leo”. El video, difundido por la cuenta oficial en inglés de la selección, reavivó una de las rivalidades más ásperas del fútbol, justo antes de que ambos equipos se enfrenten en Atlanta por un lugar en la final.
El primer gran capítulo de este duelo se escribió en Wembley 1966. En aquellos cuartos de final, el capitán argentino Antonio Rattín fue expulsado por el árbitro alemán Rudolf Kreitlein en una secuencia caótica: sin tarjetas —se introducirían en 1970 precisamente a raíz de este incidente—, el jugador se negó a abandonar el campo durante casi diez minutos, reclamó un intérprete y, al salir, estrujó un banderín con la Union Jack. Desde Buenos Aires se recuerda aquel partido como “el robo del siglo”, mientras que en Londres aún resuena la frase del seleccionador Alf Ramsey, quien calificó a los argentinos de “animales”. Rattín falleció recientemente a los 89 años, y la selección argentina lució brazalete negro en el duelo ante Suiza, gesto que devolvió el episodio al presente.
Veinte años después, en el Estadio Azteca, la rivalidad se tiñó de política. Apenas cuatro años después de la guerra de las Malvinas, Diego Maradona protagonizó los dos goles más recordados de los mundiales: el primero con la mano izquierda, validado por el árbitro tunecino Ali Bin Nasser pese a las protestas inglesas, y el segundo tras una slalom de medio campo que la FIFA consagró como el “Gol del Siglo”. En su autobiografía, Maradona confesó que aquella victoria por 2-1 fue vivida como una revancha por los soldados argentinos caídos en el conflicto del Atlántico Sur. Analistas en Ciudad de México subrayan que el propio Maradona había anticipado a su masajista que haría “algo increíble” ese día.
Los duelos posteriores añadieron nuevos nombres al inventario de agravios. En Francia 1998, un jovencísimo Michael Owen marcó un gol antológico, pero la expulsión de David Beckham por una reacción ante Diego Simeone —quien años después admitió haber provocado al inglés— y la derrota en los penales convirtieron al centrocampista en chivo expiatorio. Cuatro años más tarde, en Corea/Japón 2002, Beckham se redimió transformando un penal sobre Owen cometido por Mauricio Pochettino, el único tanto de un partido que eliminó a Argentina en fase de grupos. Desde la óptica de analistas europeos, aquel ciclo cerró una etapa de tensión máxima, pero los cánticos recientes demuestran que la herida sigue abierta.
Ahora, en Atlanta, se reedita el duelo con el billete a la final en juego. España ya espera rival tras imponerse a Francia con autoridad. Para Argentina, es la oportunidad de alcanzar su segunda final consecutiva; para Inglaterra, la posibilidad de volver a una decisión sesenta años después de la gesta de 1966. El desenlace, una vez más, se escribirá sobre el césped.
| Prensa latinoamericana | −0.30 | critical |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.50 | critical |
| Prensa europea continental | 0.00 | neutral |
| Prensa africana subsahariana | +0.20 | neutral |
The Latin American narrator sees the match as a continuation of historical injustices, siding with Argentina in its quest for redemption.
By highlighting the 1966 refereeing error and the 'Hand of God' controversy, a narrative of victimization is created that justifies the current rivalry.
Omits the 1962 match where England won without controversy, and the political context of the Falklands.
The Atlantic observer condemns the ugliness of the rivalry, taking a neutral but critical stance against both sides' misconduct.
By cataloguing a series of infamous incidents (Hand of God, Beckham's kick, Ramsey's comment), the narrative builds an image of inevitable conflict and moral decay.
Omits the political dimension of the Falklands/Malvinas and the emotional chants from Argentine fans, focusing only on on-field incidents.
The continental European reporter adopts a detached, technical tone, explaining the origin of the cards without taking sides.
By focusing on a single 1966 episode and its regulatory consequence, the rivalry is depoliticized and reduced to a matter of rules.
Omits the more famous episodes like the 1986 'Hand of God' and the political context of the Falklands, which would have made the narrative more emotional.
The sub-Saharan African narrator celebrates the iconic moments of the rivalry, particularly Maradona's genius, taking a slightly pro-Argentina stance.
By framing the rivalry through the lens of legendary performances and records, the narrative elevates the match to a historic spectacle, downplaying the bitterness.
Omits the controversial and violent aspects of the rivalry, such as the 1966 brawl and the political chants, focusing instead on footballing brilliance.
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