
Zelenski activa una operación de influencia de 40 días para forzar a Rusia a poner fin a la guerra
El presidente ucraniano aprobó una misión del servicio de seguridad sin revelar detalles, mientras los ataques a refinerías rusas agravan la escasez de combustible en más de 60 regiones.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, anunció la puesta en marcha de una «operación de influencia» de 40 días a cargo del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) con el objetivo declarado de obligar a Rusia a terminar la guerra. La comunicación, difundida en sus redes sociales tras una reunión con el jefe del SBU, no precisó la naturaleza de las acciones previstas. Según el relato oficial en Kiev, la decisión se apoya en los resultados de los ataques de medio y largo alcance contra infraestructura energética en territorio ruso, que han provocado incendios en depósitos de petróleo y refinerías, así como restricciones a la venta de combustible en más de 60 regiones de Rusia.
Desde la óptica ucraniana, la operación representa una intensificación de la estrategia de llevar la guerra al interior del adversario. El gobierno de Zelenski subraya que el SBU ha mostrado el «rendimiento más elevado» en la defensa de posiciones en el frente mediante el uso masivo de drones de diversos tipos. En paralelo, el mandatario ucraniano interpreta como un respaldo indirecto las declaraciones atribuidas al presidente estadounidense Donald Trump durante la cumbre del G7, en las que habría afirmado que Vladímir Putin no desea la paz. Este contexto, según fuentes cercanas al ejecutivo en Kiev, refuerza la apuesta por una presión asimétrica que compense el estancamiento de la línea del frente, que apenas registra movimientos significativos desde hace meses.
En Moscú, la iniciativa ha sido recibida con escepticismo por parte de sectores políticos y mediáticos alineados con el Kremlin. Comentaristas rusos y algunos legisladores ucranianos críticos con Zelenski —como el diputado Alexander Dubinski, actualmente en prisión preventiva— califican el anuncio de maniobra distractiva frente a los escándalos de corrupción que sacuden a Kiev y a una situación militar que el exasesor presidencial Oleg Soskin describió como «catastrófica». El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, había exigido previamente a Washington aclaraciones sobre las declaraciones de Trump, lo que revela la sensibilidad del Kremlin ante cualquier narrativa que cuestione su disposición a negociar. Hasta el momento, sin embargo, no ha habido una reacción oficial del gobierno ruso a la operación anunciada.
El trasfondo diplomático añade capas de complejidad al dossier. Las iniciativas de alto el fuego impulsadas por la administración estadounidense han tropezado repetidamente con la negativa de Moscú, mientras que, desde Bruselas, las dificultades de Ucrania para avanzar en su adhesión a la Unión Europea limitan las alternativas de presión institucional. La operación de influencia, cuyos contornos permanecen deliberadamente opacos, se inscribe así en un escenario de desgaste mutuo donde los golpes a la retaguardia energética rusa buscan alterar el cálculo político del Kremlin. El expediente queda abierto a la espera de que las próximas semanas revelen si la campaña logra modificar la posición negociadora de Rusia o si, por el contrario, se traduce en una nueva escalada sin avances diplomáticos tangibles.
| Prensa rusa y CEI | −0.70 | critical |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | +0.20 | neutral |
Rusia condena la operación como un acto de guerra híbrida, acusando a Ucrania de escalar las tensiones en lugar de buscar la diplomacia.
El marco presenta la operación como una amenaza existencial, utilizando un lenguaje de escalada para movilizar el apoyo interno y deslegitimar las acciones ucranianas.
El marco omite que la operación podría ser una respuesta a la agresión rusa en curso y que Ucrania tiene opciones convencionales limitadas.
Europa ve la operación como una herramienta defensiva legítima, enmarcando las acciones de Ucrania como una respuesta necesaria a la agresión rusa.
El marco normaliza la operación al insertarla en el contexto de la autodefensa y el derecho internacional, evitando juicios morales sobre los métodos.
El marco omite los riesgos potenciales de escalada y la posibilidad de que la operación pueda ser vista como una interferencia en los asuntos internos rusos.
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