
Lukashenko advierte a Kiev que forzar la entrada de Bielorrusia en la guerra cambiaría “la calidad del conflicto”
El presidente bielorruso se reunió con enviados de Zelenski y condicionó la paz a que Ucrania no busque implicar a Minsk, mientras Moscú observa con indulgencia y Occidente alerta sobre una posible operación de bandera falsa rusa.
El presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, confirmó una reunión reciente en Minsk con representantes del mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, en la que advirtió que cualquier intento de arrastrar a su país a la guerra provocaría un cambio inmediato en “la calidad del conflicto”. Según el relato difundido por la agencia estatal BelTA, Lukashenko transmitió a los enviados que “si él piensa que puede hablarnos así y además meternos en la guerra, debe entender que la calidad de la guerra cambiará al instante; será una guerra completamente distinta”. El encuentro se produjo después de que Zelenski lanzara un ultimátum para desmantelar en una semana los repetidores rusos situados junto a la frontera, utilizados —según Kiev— para corregir ataques con drones. El 24 de junio, el propio Zelenski comunicó que esos repetidores habían dejado de funcionar.
Desde la óptica de Minsk, la posición oficial se describe como “pacífica” y contraria a verse envuelta en las hostilidades, pero al mismo tiempo Lukashenko subrayó que Bielorrusia “estará al lado de Rusia en cualquier situación”. En el mismo encuentro, el líder bielorruso calificó a Ucrania de “carta de cambio en un gran juego” y afirmó que los pueblos ruso, bielorruso y ucraniano “tarde o temprano estarán juntos”. Como gesto de distensión, ofreció abrir los pasos fronterizos para que residentes de las zonas limítrofes ucranianas puedan recolectar setas y bayas en bosques bielorrusos, siempre que Kiev levante las restricciones vigentes. Fuentes cercanas a la presidencia ucraniana indicaron que la parte ucraniana “comprende” la postura de Minsk, aunque Zelenski ha reiterado exigencias de detener el desarrollo de “infraestructura fronteriza de agresión” —carreteras, depósitos de munición y combustible— que, según la inteligencia ucraniana, se construye en cinco ejes viales bajo parámetros de la operación militar rusa.
En Moscú, el vicepresidente del comité de la Duma para la Comunidad de Estados Independientes, Konstantín Zatulin, calificó la actitud rusa hacia la reunión como “indulgente” y advirtió que los gestos conciliadores de Minsk podrían ser interpretados por Kiev como debilidad. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, anunció que Putin y Lukashenko abordarán en breve las amenazas ucranianas, mientras el canciller Serguéi Lavrov aseguró que Moscú está dispuesto a aplicar todas las medidas del tratado de defensa del Estado de la Unión. Paralelamente, el diario The Wall Street Journal, citando a antiguos y actuales funcionarios rusos y europeos, informó que el Kremlin ha intensificado la presión sobre Bielorrusia para que autorice el lanzamiento de más drones desde su territorio y para que participe en operaciones contra países de la OTAN, aunque fuentes de inteligencia citadas por el mismo medio no detectan indicios físicos de un ataque inminente más allá de las estaciones repetidoras.
Desde Bruselas y Washington, la preocupación se centra en la posibilidad de que Rusia utilice a Bielorrusia para probar las defensas aliadas o para una operación de bandera falsa que justifique una agresión contra un Estado miembro de la OTAN. El viceprimer ministro polaco, Radek Sikorski, declaró a CBS News que no descarta un montaje ruso en los próximos dos años y subrayó que Ucrania ha logrado arrebatar la iniciativa a Moscú en el mar Negro y en el frente terrestre, lo que reduce los recursos disponibles para una escalada en el flanco oriental de la Alianza. En este contexto, el presidente francés, Emmanuel Macron, según confirmó un asistente al Journal, telefoneó a Lukashenko para advertirle de los riesgos de verse arrastrado a la guerra de agresión rusa.
El dossier queda abierto con los repetidores desactivados y un canal de diálogo directo entre Minsk y Kiev que, por ahora, no ha trascendido a negociaciones formales. Lukashenko insistió en que “hay que negociar de manera sustancial, sin polvareda ni gritos”, y fuentes diplomáticas en la región señalan que la oferta de apertura fronteriza para civiles podría ser un primer paso exploratorio. No obstante, la acumulación de infraestructura militar en la frontera y la dependencia financiera y energética de Bielorrusia respecto a Rusia —con envíos de gasolina y diésel que se han multiplicado en lo que va de año— mantienen la incertidumbre sobre la evolución del frente norte de la guerra.
| Prensa iraní y afín | 0.00 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa rusa y CEI | +0.30 | aligned |
Lukashenko warns Kyiv: do not drag us into the war, or everything will change.
The report focuses on Lukashenko's words without adding commentary, creating an impression of objective reporting, but in fact legitimizes the Belarusian position as reasonable.
It does not mention that Lukashenko is a close ally of Moscow and that Belarus has already allowed Russian troops on its territory, which would undermine the portrayal of Minsk as a neutral mediator.
Belarus will not stand idly by: those who threaten its borders will face a devastating response.
The use of threatening language and the repetition of the concept of 'quality of war' create a sense of inevitability and justify a disproportionate reaction.
It omits that Lukashenko also called for regular negotiations and expressed a desire to avoid conflict, which would soften the aggressive stance attributed to Minsk.
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