
Pyongyang prueba misiles de precisión mientras Seúl anuncia un ejército de 500.000 operadores de drones
La península coreana asiste a una aceleración simétrica de sus capacidades ofensivas con el test de artillería de largo alcance norcoreano y el plan surcoreano para masificar el uso de drones en todas sus fuerzas.
Corea del Norte realizó el jueves una serie de ensayos con sistemas de artillería y misiles de precisión, mientras Corea del Sur anunció el viernes un plan para adiestrar a medio millón de efectivos como operadores de drones. Según la agencia estatal KCNA, el líder norcoreano Kim Jong-un supervisó las pruebas de un lanzacohetes múltiple de 240 mm con alcance ampliado a 90 kilómetros, una ojiva de misión especial para misiles balísticos tácticos y proyectiles de obús autopropulsado de 155 mm con alcance extendido a 65 kilómetros. En paralelo, el Ministerio de Defensa surcoreano comunicó que todos los soldados del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Infantería de Marina recibirán formación para emplear drones como “segunda arma personal”, y que se adquirirán más de 20.000 drones de combate desechables de aquí a 2030.
Desde Pyongyang, la agencia KCNA citó a Kim Jong-un afirmando que la política de defensa nacional busca consolidar una “postura ofensiva letal y destructiva” y que “provocar inquietud y miedo constantes en los enemigos es un aspecto importante de la disuasión de guerra”. Los ensayos, enmarcados en el plan quinquenal de modernización militar, evaluaron según el régimen la capacidad de infligir “daños fatales” a aeródromos, puertos e infraestructuras energéticas. En Seúl, el ministro de Defensa Ahn Gyu-back justificó la iniciativa de los “guerreros del dron” señalando que los conflictos en Ucrania y Oriente Medio demuestran que los drones de bajo coste operados en masa “están cambiando fundamentalmente la naturaleza de la guerra”. Ahn advirtió que Corea del Norte también avanza en sistemas no tripulados, incrementando la amenaza sobre instalaciones militares y civiles surcoreanas.
Los movimientos paralelos reflejan, según analistas en el noreste asiático, una espiral de acción y reacción que eleva la tensión en la península. El lanzacohetes múltiple norcoreano, dotado de un nuevo sistema de guiado autónomo de precisión, sitúa a la periferia de Seúl dentro de su radio de alcance desde posiciones cercanas a la frontera. La ojiva de misión especial, término que en la retórica de Pyongyang suele aludir a cargas nucleares tácticas o de otro tipo no convencional, añade un factor de ambigüedad estratégica. Del lado surcoreano, el plan de drones incluye el desarrollo acelerado del sistema de munición merodeadora K-Lucas, basado en el concepto estadounidense Lucas y, en última instancia, en el dron iraní Shahed-136 utilizado por Rusia en Ucrania. Fuentes de la industria de defensa en Europa señalan que la decisión de Seúl de emplear componentes cien por cien nacionales responde a criterios de seguridad y a la voluntad de construir un ecosistema doméstico de drones.
El contexto inmediato suma otros elementos de fricción. Las pruebas norcoreanas coincidieron con el 76º aniversario del inicio de la Guerra de Corea y se producen días después de que Corea del Norte comisionara su primer destructor de 5.000 toneladas, el Choe Hyon, y de que el presidente surcoreano Lee Jae-myung abordara la cuestión norcoreana con el presidente estadounidense Donald Trump en la cumbre del G7 en Francia. A ello se añade la condena judicial en Seúl al expresidente Yoon Suk-yeol por ordenar una incursión con drones en el Norte en 2024, episodio que llevó al actual gobierno a desmantelar el mando centralizado de operaciones con drones y a distribuirlas entre las unidades. Observadores en América Latina apuntan que la competencia tecnológica en la península ilustra una tendencia global hacia la automatización del campo de batalla, con implicaciones para los equilibrios estratégicos en Asia-Pacífico. El expediente queda abierto: Corea del Sur prevé tener operativos 60.000 drones comerciales de entrenamiento para 2029, mientras Pyongyang continúa el despliegue de sus nuevos sistemas de artillería y misiles a lo largo de la zona desmilitarizada.
| Prensa rusa y CEI | +0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.60 | critical |
| Prensa iraní y afín | +0.70 | aligned |
Russia projects its own security narrative onto the Korean peninsula, presenting the tests as an inevitable reaction to Western pressure.
Uses the technique of projection: attributes to the opponent (US) the same actions that are criticized, creating symmetry.
The West condemns the tests as an unacceptable provocation and legitimizes the South Korean response as defensive.
Builds a hierarchy of threats where North Korea is the main danger, thus justifying South Korean countermeasures.
Iran sides with Pyongyang, celebrating its defiance of the US-led world order and denouncing sanctions.
Adopts victimism: presents North Korea as a target of unjust aggression, turning the tests into an act of legitimate self-defense.
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