
Fallece Ramiro Valdés, comandante histórico de la Revolución Cubana y exjefe de inteligencia
El presidente Díaz-Canel lo despidió como a un padre; la oposición recuerda su papel en la consolidación del aparato represivo. Con su muerte, solo quedan dos comandantes vivos de la gesta de 1959.
Ramiro Valdés Menéndez, uno de los contados comandantes históricos de la Revolución Cubana, falleció el domingo a los 94 años, según informó el presidente Miguel Díaz-Canel en la red social X. El mandatario no precisó la causa del deceso y lo despidió con un mensaje de profundo dolor: “La partida física del comandante de la Revolución duele profundamente, como la de un padre”. Valdés ostentaba los títulos de Héroe de la República de Cuba y Comandante de la Revolución y se desempeñaba como viceprimer ministro, cargo desde el que supervisaba la aguda crisis energética que atraviesa la isla.
Nacido en Artemisa en 1932, Valdés participó en los tres hitos fundacionales del castrismo: el asalto al cuartel Moncada en 1953, la expedición del yate Granma en 1956 y la posterior lucha guerrillera en Sierra Maestra, donde fue lugarteniente de Ernesto Che Guevara y combatió en la decisiva batalla de Santa Clara. Tras el triunfo de 1959, encabezó la recién creada Dirección General de Inteligencia (G2) y ocupó en distintos periodos los ministerios del Interior y de las Comunicaciones, así como la vicepresidencia del Consejo de Estado. En sus últimos años, pese a recurrentes problemas de salud que lo alejaron de actos públicos, continuó despachando como viceprimer ministro y aparecía regularmente en uniforme militar junto a Díaz-Canel para exhortar a la población a ahorrar electricidad y mantener el fervor revolucionario.
Las reacciones a su fallecimiento reflejan la polarización que suscita su legado. Para el Gobierno de La Habana y los medios oficiales, Valdés encarnó la lealtad incondicional y la consagración al proyecto socialista. En contraste, desde el exilio cubano en Miami y entre organizaciones de derechos humanos en Europa y América Latina, se lo señala como el artífice del aparato represivo que consolidó el control político tras la revolución, responsable de campos de trabajo forzado, vigilancia masiva y persecución de disidentes. Medios españoles y argentinos subrayaron ese perfil de represor, mientras que en Rusia y el mundo árabe la cobertura se limitó mayoritariamente a replicar la narrativa oficial. Asimismo, analistas en Caracas y Buenos Aires recuerdan que en 2010 viajó a Venezuela en una misión que la versión oficial presentó como asesoría energética, pero que fuentes de la oposición venezolana interpretaron como un despliegue para reestructurar los servicios de inteligencia del chavismo.
La muerte de Valdés reduce a dos el número de comandantes históricos vivos de la generación que derrocó a Fulgencio Batista: Raúl Castro, de 95 años, y Guillermo García Frías, de 98. Ocurre en un momento de extrema fragilidad para Cuba, sumida en una crisis económica sin precedentes, con apagones crónicos y creciente malestar social. Las autoridades no han detallado las honras fúnebres, pero Valdés fue declarado hijo ilustre de Santa Clara, donde se prevé que reciba sepultura.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La prensa china presenta a Valdés como un héroe venerado de la Revolución cubana, uno de los últimos comandantes sobrevivientes que zarparon en el Granma y permanecieron leales a los Castro, celebrado por el presidente como una figura paterna.
La prensa continental europea retrata a Valdés como un comandante histórico pero, sobre todo, como uno de los grandes represores de la revolución cubana, recalcando su papel en la seguridad estatal y el largo declive del régimen castrista.
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