
Ministros israelíes claman por “quemar todo Líbano” tras ataque de Hezbolá
La muerte de cuatro soldados israelíes en el sur del Líbano desata llamados a una represalia masiva y suspende las negociaciones entre Estados Unidos e Irán.
La muerte de cuatro soldados israelíes, entre ellos un comandante de batallón, en un ataque con misil anticarro de Hezbolá cerca de Kfar Tebnit, en el sur del Líbano, desencadenó una oleada de declaraciones incendiarias desde el ala ultranacionalista del gobierno de Benjamin Netanyahu. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, escribió en la red social X que “todo el Líbano debe arder” y que “por cada lágrima de una madre israelí, mil madres libanesas deben llorar”. El titular de Finanzas, Bezalel Smotrich, exigió “abrir las puertas del infierno” y “hablar con fuego”. Ambos ministros, conocidos por su oposición a cualquier contención militar, dejaron explícito que la seguridad de Israel está por encima de las consideraciones diplomáticas con Washington.
En respuesta, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron haber atacado más de 80 objetivos de Hezbolá en el sur del Líbano y el valle de la Bekaa, incluyendo centros de mando y plataformas de lanzamiento, y afirmaron haber “eliminado” a decenas de milicianos. El Ministerio de Salud libanés reportó al menos 18 muertos y 33 heridos en los bombardeos, concentrados en la región de Nabatiyé, y señaló que la intensidad de los ataques dificultó las tareas de rescate. Hezbolá reivindicó la emboscada contra el tanque israelí y aseguró haber destruido varios blindados Merkava con misiles guiados. Desde Beirut, analistas interpretan las amenazas de Ben-Gvir no como una advertencia puntual contra la milicia chií, sino como una intimidación directa a todo el territorio libanés, en un contexto de desgaste humanitario por los desplazamientos forzados y la destrucción de infraestructura civil.
La escalada bélica coincidió con la suspensión de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán previstas para el viernes en Suiza, apenas dos días después de que ambos países firmaran un memorando de entendimiento para un alto el fuego. Según fuentes diplomáticas citadas por medios internacionales, Teherán exigió garantías de que cesen las hostilidades en el Líbano antes de retomar el diálogo. El vicepresidente estadounidense, JD Vance, criticó con dureza a los miembros del gabinete israelí que rechazan el acuerdo, recordándoles que dos tercios de las armas defensivas que protegen a Israel “fueron fabricadas por manos estadounidenses y pagadas con dinero de los contribuyentes”. Desde la óptica de Washington, la actitud de los ministros Ben-Gvir y Smotrich pone en riesgo un entendimiento más amplio que busca contener el programa nuclear y de misiles iraní.
El primer ministro Netanyahu ha dejado claro que no tiene intención de retirar las tropas israelíes de la franja de territorio que ocupan en el sur del Líbano, postura que contradice los términos del incipiente acuerdo. En las capitales europeas y latinoamericanas, la reanudación de los bombardeos genera preocupación por el impacto en la estabilidad de Oriente Próximo y por la suerte de la población civil. Los mediadores —Pakistán y Qatar, con Suiza como anfitrión— trabajan para reconducir las conversaciones, pero no han fijado una nueva fecha. El dossier queda abierto a una dinámica de presión militar y diplomática cruzada, en la que la exigencia iraní de un cese real de las hostilidades se enfrenta a la determinación del ala dura israelí de responder con una fuerza que, en palabras de Ben-Gvir, “aniquile y aplaste el terror”.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El ministro israelí de extrema derecha declaró que todo el Líbano debe arder, ignorando deliberadamente el acuerdo entre Estados Unidos e Irán y los llamamientos internacionales a la desescalada. La narrativa subraya que Israel continúa su ofensiva a pesar de los esfuerzos diplomáticos, mostrando desprecio por el derecho internacional y las víctimas civiles libanesas.
Después de que Hezbolá matara a cuatro soldados israelíes, el ministro de seguridad nacional pidió que el Líbano ardiera, mientras el ejército israelí atacaba decenas de objetivos del grupo armado. La crónica equilibra las pérdidas de ambos bandos, absteniéndose de juzgar explícitamente la retórica incendiaria.
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