
El cuaderno olvidado de Mozart: un hallazgo que rescata lecciones y piezas inéditas
Un conservador de la Biblioteca Nacional de Francia identificó, a pocos meses de jubilarse, un manuscrito autógrafo con ejercicios y siete obras para flauta y arpa que se escucharán por primera vez este domingo.
François-Pierre Goy abrió un cuaderno sin título, de aspecto modesto, entre una veintena de volúmenes anónimos que se había propuesto examinar antes de abandonar su despacho en el departamento de música de la Biblioteca Nacional de Francia. Era febrero y, como tantas otras tardes, el conservador repasaba manuscritos huérfanos de autor. Al deslizar la mirada sobre los pentagramas, algo lo detuvo: las claves de sol eran redondeadas y se inclinaban ligeramente hacia adelante; las claves de fa estaban trazadas en sentido inverso al habitual en Francia. “¿No podría ser él?”, se preguntó en voz baja, según relató después a la agencia AFP. Esa corazonada, nacida de la familiaridad con la caligrafía musical del clasicismo vienés, lo llevó a comparar aquellas páginas con otros autógrafos digitalizados de Wolfgang Amadeus Mozart. El papel, de fabricación francesa, llevaba las mismas estampillas que una copia del Concierto para flauta y arpa encargado por el duque de Guînes. Las sospechas se transformaron en certeza cuando, en abril, la directora de la Bibliotheca Mozartiana del Mozarteum de Salzburgo, Armin Brinzing, autenticó el hallazgo.
El manuscrito, de cuarenta y cuatro páginas, contiene una docena de lecciones de composición y ejercicios diarios que Mozart impartió entre mayo y julio de 1778 a Marie-Louise-Philippine de Bonnières de Guînes, hija del duque y excelente arpista. Junto a las lecciones aparecen siete piezas para flauta y arpa —la última, inacabada— que suman unos veinte minutos de música. En esas páginas, las manos del maestro y de la alumna se entrelazan: a veces Mozart escribía la parte del arpa y dejaba que la joven completara la de flauta; otras, intercambiaban los roles. El cuaderno, que había sido confiscado en 1794 durante la Revolución Francesa junto con otros bienes de la familia Guînes, ingresó en la biblioteca sin catalogar y permaneció en silencio durante más de dos siglos. Para Mathias Auclair, director del departamento de música de la BnF, los descubrimientos de este calibre “sobre un compositor tan célebre son casi inauditos”.
La aparición del cuaderno parisino no es un caso aislado. En Budapest, el anticuario Zenei Antikvarium presentó esta misma semana una carta-partitura de Béla Bartók fechada en 1907: un Adagio molto a lápiz donde el compositor húngaro armonizó una melodía de su alumna y amor no correspondido, Stefi Geyer, y fijó para siempre las cuatro notas que la simbolizarían en su primer concierto para violín. Desde Argel, el Ministerio de Asuntos Exteriores argelino anunció la recuperación de un manuscrito científico del siglo XVII, “Mufīd al-muḥtāŷ fī šarḥ al-Sirāŷ”, adquirido en una subasta en París y devuelto al patrimonio nacional como testimonio de la astronomía del sabio Abdelrahman al-Akhdari. Mientras tanto, bajo el atrio de Notre-Dame, los arqueólogos extraen cerámicas medievales con marcas indescifrables y una moneda romana del siglo IV con el rostro del emperador Constantino, en una excavación que la prensa francesa ha llamado “la excavación del siglo”. Desde la óptica de los especialistas centroeuropeos, estos hallazgos confirman que los archivos, los anticuarios y el subsuelo de las ciudades aún guardan eslabones perdidos de la historia cultural.
Las siete piezas para flauta y arpa sonarán por primera vez este domingo en la Sala Oval de la BnF, durante la Fiesta de la Música, interpretadas por la flautista Mathilde Caldérini y el arpista Nicolas Tulliez, solistas de la Orquesta Filarmónica de Radio France. El lunes, France Musique las transmitirá para una audiencia global. Para los instrumentistas de ambas familias, el hallazgo representa una ampliación significativa de un repertorio escaso. Gilles Pécout, presidente de la BnF, subrayó que el cuaderno “documenta la última estancia de Mozart en París y revela la actividad del joven profesor en diálogo con su alumna”, un perfil hasta ahora poco iluminado del compositor que entonces tenía veintiún años y atravesaba un período parisino del que se conserva escasa información.
Al hojear el cuaderno, Goy encontró una última pieza interrumpida, como si la lección hubiera quedado suspendida una tarde de verano de 1778. Ese silencio de doscientos cuarenta y ocho años se romperá en la penumbra de la sala oval, con el manuscrito expuesto ante el público. La imagen del conservador a punto de jubilarse, inclinado sobre un anónimo que resultó ser un tesoro, condensa una verdad que comparten los sótanos de las bibliotecas, los anticuarios de Budapest y las trincheras arqueológicas frente a Notre-Dame: el pasado nunca termina de revelarse.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La Biblioteca Nacional de Francia ha identificado un manuscrito desconocido de Mozart de su estancia en París en 1778. El cuaderno de 44 páginas contiene ejercicios para la hija de un duque cercano a María Antonieta, y las piezas recién descubiertas se emitirán en France Musique por el Día de la Música.
La curiosidad de un empleado diligente a punto de jubilarse llevó al descubrimiento de un tesoro oculto: un manuscrito de Mozart con lecciones y composiciones para una duquesa. El hallazgo fue autenticado por expertos, incluidos los de la Biblioteca Mozart de Salzburgo.
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