
La Fed, dividida ante la inflación, retira el sesgo de flexibilización y abre la puerta a alzas de tipos
Las minutas de junio revelan un comité partido entre mantener o subir las tasas, mientras el conflicto con Irán y el auge de la IA presionan los precios al alza.
La publicación de las actas de la reunión del 16 y 17 de junio del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) provocó un reajuste inmediato en las expectativas de los mercados: la probabilidad implícita de una subida de tipos en septiembre escaló hasta casi el 70%, según los contratos de futuros negociados en Chicago. El documento reveló que, aunque la decisión de mantener la tasa de referencia en el rango de 3,50%–3,75% fue unánime, varios miembros consideraron que existían argumentos para elevarla ya en esa sesión. El cambio más significativo fue la eliminación del sesgo de flexibilización que había caracterizado los comunicados anteriores, una señal de que el ciclo de recortes queda descartado por ahora.
Las minutas exponen una fractura profunda en el seno del banco central. La mitad de los 18 gobernadores que presentaron proyecciones —el nuevo presidente, Kevin Warsh, se abstuvo— anticipa al menos un incremento de un cuarto de punto antes de fin de año, mientras que la otra mitad prevé estabilidad o incluso un recorte. El debate interno giró en torno a dos escenarios: uno en el que las presiones inflacionarias ceden al disiparse los efectos de los aranceles y la guerra en Oriente Medio, y otro en el que la inflación se mantiene elevada por la demanda de infraestructura para inteligencia artificial, los costes energéticos y las tarifas. La mayoría de los participantes se inclinó por el segundo escenario, y “casi todos” coincidieron en que, de materializarse, sería necesario un endurecimiento monetario adicional para reconducir la inflación hacia la meta del 2%, algo que las proyecciones técnicas no contemplan hasta 2028.
El contexto geopolítico refuerza la postura restrictiva. El presidente Donald Trump declaró el miércoles que el alto el fuego con Irán “se acabó” y que probablemente se reanudarían los ataques, lo que disparó el crudo Brent por encima de los 80 dólares. Desde la óptica de los analistas en Nueva York, la reapertura del conflicto en el estrecho de Ormuz añade un factor de oferta que mantendrá elevados los precios de la gasolina y los fertilizantes, justo cuando el índice de precios del gasto en consumo personal (PCE) subió al 4,1% interanual en mayo, su nivel más alto en tres años. A ello se suma la presión estructural del auge de la IA, que las actas identifican como un motor inflacionista a través del encarecimiento de semiconductores, equipos informáticos y electricidad.
Warsh, nombrado por Trump en sustitución de Jerome Powell, ha impuesto un estilo de comunicación deliberadamente opaco, inspirado en Alan Greenspan, que reduce las pistas sobre la orientación futura de la política monetaria. En los círculos financieros de Londres se interpreta que esta estrategia otorga a las actas un peso informativo aún mayor, aunque el nuevo presidente también ha insinuado que podría limitar el nivel de detalle que se divulga. La tensión con la Casa Blanca es latente: Trump exige tipos más bajos, pero Warsh ha subrayado en público el mandato de estabilidad de precios y apenas ha mencionado el pleno empleo.
La próxima reunión del FOMC está fijada para el 28 y 29 de julio. Antes, el 14 de julio, Warsh testificará por primera vez ante el Congreso y se publicará el dato de inflación de junio, dos hitos que los inversores en los mercados de futuros de Chicago y las mesas de operaciones de Fráncfort seguirán con atención para calibrar si el primer aumento de tipos desde el inicio del ciclo de pausa se materializa antes del otoño.
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa latinoamericana | −0.30 | critical |
| Prensa europea continental | −0.40 | critical |
El debate interno de la Reserva Federal queda al descubierto: los funcionarios están divididos sobre la trayectoria de la inflación, algunos dispuestos a subir las tasas nuevamente.
Al citar directamente las actas y resaltar la división, la narrativa presenta la división como un hecho, no como una interpretación.
El bloque omite el papel personal del nuevo presidente Kevin Warsh y el vínculo explícito con la guerra en Irán como motor de la inflación, centrándose en cambio en la división técnica.
La Reserva Federal bajo Warsh está en agitación: el sesgo dovish ha muerto, y el comité ahora debate abiertamente sobre subidas de tipos mientras la inflación se mantiene obstinadamente alta debido a la guerra y la tecnología.
Al enmarcar la división como una 'disputa familiar' y enfatizar el abandono de la inclinación a la baja de tipos, la narrativa crea una sensación de dramático cambio de política y conflicto personal.
El bloque omite la posibilidad de que la inflación se enfríe después de que termine la guerra, como se menciona en atlantica, y minimiza la incertidumbre sobre el camino futuro.
Kevin Warsh está trayendo de vuelta la era Greenspan: las actas de la Fed son deliberadamente opacas, y las divisiones internas son solo parte de un juego más amplio de señalización a través de la ambigüedad.
Al centrarse en el deseo de Warsh de una comunicación críptica y compararlo con Greenspan, la narrativa desplaza la atención de la sustancia económica al estilo de gobernanza, implicando que la división es fabricada o gestionada.
El bloque omite los factores económicos específicos como la guerra en Irán y la demanda de IA, y no discute las proyecciones de inflación reales ni la trayectoria de las tasas.
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