
La visita de Al Zaidi a Washington fija septiembre como plazo para desarmar a las milicias en Irak
El respaldo de Trump fortalece al primer ministro iraquí, que enfrenta presiones internas y externas para consolidar el monopolio estatal de la fuerza y combatir la corrupción.
El primer ministro iraquí, Ali al Zaidi, concluyó su visita oficial a Washington con un respaldo público inusual del presidente Donald Trump, quien lo calificó de “valiente” y “luchador feroz”. Durante el encuentro en la Casa Blanca, Al Zaidi anunció que el próximo 30 de septiembre será la fecha límite para que todos los grupos armados no estatales entreguen sus armas, un compromiso que, según fuentes de la administración estadounidense, condiciona la profundización de la cooperación bilateral en seguridad y comercio.
Desde Washington, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, vinculó explícitamente la asociación futura a la capacidad de Bagdad de “afirmar su soberanía y desarmar a las milicias alineadas con Irán”, responsables de cientos de ataques contra personal estadounidense. En paralelo, según filtraciones recogidas por medios israelíes y árabes, los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) han incrementado la presión sobre Bagdad, presentando informes de inteligencia sobre ataques de estas facciones contra sus territorios. Mientras tanto, desde Teherán se observa con cautela el acercamiento: el propio Al Zaidi tiene previsto viajar próximamente a Irán por invitación del presidente Masud Pezeshkian, en un gesto que, según analistas iraníes, busca equilibrar las alianzas y evitar una ruptura con el vecino oriental.
En el frente interno, el primer ministro se mueve entre dos polos. Por un lado, el movimiento sadrista, con amplia base popular, respalda la campaña de desarme y lucha anticorrupción, pero según observadores en Bagdad, su líder, Muqtada al Sadr, podría capitalizar cualquier fracaso para exigir elecciones anticipadas. Por otro, las facciones del llamado Marco de Coordinación, que agrupa a partidos chiíes cercanos a Irán, muestran divisiones: algunos de sus legisladores apoyan las reformas, mientras otros temen que las investigaciones por corrupción alcancen a sus propias filas. La reciente decisión judicial de tipificar el uso de drones no autorizados bajo la ley antiterrorista es, para analistas locales, una señal de que el poder judicial se alinea con la ofensiva del Ejecutivo.
La apuesta de Al Zaidi se produce en un momento de repliegue militar estadounidense: la misión de la coalición contra el Estado Islámico se reduce y Washington transfiere responsabilidades a las fuerzas de seguridad iraquíes, incluidos los peshmerga kurdos. El éxito o fracaso del desarme definirá no solo la capacidad del Estado para recuperar el monopolio de la fuerza, sino también la continuidad del apoyo externo. Según fuentes diplomáticas en la región, si en septiembre no se registran avances tangibles, la administración Trump podría reevaluar su respaldo, un escenario que las milicias respaldadas por Irán consideran favorable. Al Zaidi regresa a Bagdad con un capital político reforzado pero con la urgencia de traducir los gestos en medidas concretas, mientras su agenda diplomática se completa con una visita a Jordania —donde recibió una invitación del rey Abdalá II— y el inminente viaje a Teherán.
| Prensa del Golfo árabe | +0.60 | aligned |
|---|---|---|
| Prensa iraní y afín | −0.30 | critical |
| Prensa israelí | +0.70 | aligned |
Iraq has a historic chance: with Trump's support and the September deadline, Zaidi can finally impose the rule of law and disarm the militias, joining a new US-led regional axis.
The narrative presents Trump's support as external legitimacy that strengthens Zaidi's domestic position, turning an imposed deadline into an opportunity for reform.
Omits Zaidi's planned visit to Iran and the Gulf states' pressure for disarmament, which would complicate the narrative of exclusive alignment with the US.
External pressures for militia disarmament are a maneuver by Gulf states and Israel, while Iraq maintains its sovereignty by balancing relations with Iran.
Uses the mention of 'Hebrew media' to insinuate that disarmament demands are self-interested and not legitimate, and pre-announces the Iran visit to show Iraq is not aligned solely with Washington.
Does not mention Trump's public support for Zaidi nor the September deadline as an Iraqi commitment, which would show a willingness for internal reform.
The Trump-Zaidi meeting marks a historic turning point: after decades of conflict, the US and Iraq can build a strategic partnership based on personal trust and shared interest in stability.
Frames the event in a long historical narrative of ups and downs between the US and Iraq, presenting the meeting as a 'new leaf' that overcomes previous tensions, thanks to the personalization of the Trump-Zaidi relationship.
Omits the Gulf states' pressures and the Iran visit, which would show the complexity of Iraq's relations and the persistence of competing influences.
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