
La UE se divide ante los nuevos aranceles de Trump y exige claridad a Washington
Mientras la Comisión Europea ve coherencia con el acuerdo de 2025, la jefa diplomática Kaja Kallas tacha de "sorpresa negativa" los gravámenes basados en acusaciones de trabajo forzoso que afectan a 60 países, incluido Brasil.
Estados Unidos impuso este viernes aranceles del 10 % y 12,5 % a productos de 60 socios comerciales —entre ellos la Unión Europea, China, Brasil, Rusia y Japón— al expirar el margen legal de 150 días para los gravámenes temporales del 10 %. La nueva tanda reemplaza esa barrera con una justificación distinta: supuestas deficiencias de los países para impedir la entrada de bienes elaborados con trabajo forzoso. Para la UE el impacto arancelario neto no varía porque los nuevos porcentajes no se suman a los derechos de nación más favorecida ya existentes; en cambio, para Brasil la tasa adicional del 12,5 % puede elevar la carga total hasta el 37,5 % sobre ciertas exportaciones.
La reacción europea expuso una brecha inhabitual entre instituciones. La Comisión Europea valoró que el esquema “está en consonancia con los compromisos arancelarios acordados en la declaración conjunta UE-EE. UU.” de 2025 y destacó la reposición de exenciones para corcho, diamantes, aeronaves y medicamentos genéricos. Desde Bruselas se insiste en que el pacto sellado en el campo de golf de Turnberry (Escocia) —eliminación de aranceles europeos a bienes industriales estadounidenses a cambio de un arancel plano del 15 % a la mayoría de las exportaciones comunitarias— debe seguir guiando la relación bilateral. En contraste, la alta representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, calificó los nuevos gravámenes de “sorpresa negativa” y consideró infundadas las acusaciones sobre trabajo forzoso: “Si comparamos nuestras leyes laborales con las de Estados Unidos, nosotros tenemos vacaciones pagadas y condiciones muy buenas”.
Otros gobiernos afectados se sumaron al malestar. Australia denunció que los aranceles son “injustificados” y contradicen su tratado de libre comercio con Washington; Nueva Zelanda subrayó que la investigación estadounidense no aportó “pruebas sólidas” de trabajo forzoso y Japón expresó “pesar” por una decisión que, según Tokio, se basa únicamente en la ausencia de una prohibición expresa de importaciones ligadas a esa práctica. Noruega descartó represalias, mientras que Suiza tachó las imputaciones de “incomprensibles e injustificadas”. En América Latina, la atención se concentra en Brasil, cuyo perfil exportador —con sectores como la pecuaria y el café excluidos de las principales sobretasas— podría amortiguar el golpe, aunque analistas locales advierten que la acumulación de tarifas complica la competitividad de manufacturas y semimanufacturas.
La UE ha anunciado que pedirá “aclaraciones” a Washington y espera que se respete íntegramente el acuerdo transatlántico. El próximo hito será la respuesta estadounidense a esa solicitud, que podría definir si el diferendo se encauza mediante los mecanismos de consulta previstos o deriva en un nuevo capítulo de tensión comercial.
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