
La remada vikinga y la invasión de la Tartan Army: el folclore de las hinchadas se adueña del Mundial
Las celebraciones coreografiadas de Noruega y la fiesta escocesa con gaitas y kilts transforman las calles y estadios de Estados Unidos en un escaparate de identidad nacional.
Noruega selló su pase a los dieciseisavos de final del Mundial 2026 con una victoria por 3-2 ante Senegal en Nueva Jersey, pero la imagen que dio la vuelta al mundo no fue un gol, sino la coreografía colectiva que estalló en las gradas del MetLife Stadium. Miles de aficionados noruegos se sentaron en el suelo, extendieron los brazos y comenzaron a mecerse al unísono mientras entonaban “ro, ro, ro” —el verbo noruego para remar—, emulando el movimiento de una embarcación vikinga. Minutos después, los propios jugadores, con el capitán Martin Ødegaard golpeando un gran tambor, reprodujeron la escena sobre el césped, consolidando la “remada vikinga” como el emblema festivo de una selección que regresó a la Copa del Mundo tras 28 años de ausencia.
El origen de esta tradición, según ha documentado la prensa brasileña, se remonta a los cánticos del Rosenborg en el estadio Lerkendal, donde la afición dividía el nombre del club en tres sílabas con una presión sonora que sorprendió a un maestro de primaria, Ole Frøystad, conocido ahora como “Señor Row Row”. Frøystad rescató la cadencia y la transformó en una coreografía que, tras un amistoso ante Suiza en marzo, se viralizó hasta convertirse en la celebración nacional por excelencia. Medios noruegos recogen que el propio presidente del Parlamento, Masud Gharahkhani, reprodujo el gesto en Oslo como muestra de apoyo, mientras la oficina de turismo Visit Norway subraya que el movimiento evoca las tradiciones de remo ligadas a los fiordos y lagos del país.
Desde la óptica escandinava, la repercusión no es unánime. La prensa sueca ha registrado las declaraciones del defensa Gustaf Lagerbielke y del centrocampista Elliot Stroud, quienes confesaron cierta fatiga ante la omnipresencia televisiva de la remada. “Quizá suspiramos más por las cámaras que hacen zoom cada vez”, ironizó Lagerbielke, mientras Stroud admitió que “se está exagerando un poco”. Sin embargo, la clasificación noruega asegura que el ritual seguirá viéndose en los estadios norteamericanos.
El folclore no es patrimonio exclusivo de los nórdicos. La Tartan Army escocesa ha trasladado su particular liturgia a Boston y Miami, donde se calcula que 50.000 seguidores acompañaron a su selección en la fase de grupos. Vestidos con el tradicional kilt, escoltados por gaitas y con un repertorio inagotable de canciones —que incluye una adaptación de “La mano de Dios” del argentino Rodrigo—, los escoceses convirtieron cada previa en una celebración callejera. Pese a que Escocia terminó tercera en el Grupo C y depende de una combinación de resultados para avanzar como uno de los mejores terceros, los testimonios recogidos por la prensa argentina reflejan un ánimo inquebrantable: “Sabemos que no vamos a ganar nada, no somos lo suficientemente buenos, pero nos encanta estar acá”, resumió un hincha en Miami.
Junto a noruegos y escoceses, otras expresiones de identidad han aflorado en el torneo. Los aficionados suizos hacen sonar sus cencerros y, desde la República Democrática del Congo, el seguidor Michel Nkuka Mboladinga asiste a los partidos caracterizado como una estatua viviente de Patrice Lumumba, héroe de la independencia. Analistas en el Reino Unido interpretan estos fenómenos como un cambio en la producción cultural del deporte global: prácticas sencillas y repetibles que cruzan fronteras con eficacia simbólica. Mientras Noruega ya espera rival en los cruces, Escocia aguarda los resultados ajenos para saber si su colorida marea tendrá una escala más en el Mundial.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Los aficionados noruegos y escoceses invaden las ciudades estadounidenses con coreografías espectaculares, pero las autoridades refuerzan la seguridad para gestionar la afluencia. El 'remo vikingo' y el ejército con falda escocesa conquistan al público, mientras Miami intensifica los controles antes de los partidos. Un equilibrio entre celebración y pragmatismo de seguridad.
El Mundial se llena de color con las tradiciones noruegas y escocesas: el remo vikingo, inventado por un maestro, y las faldas escocesas del Ejército Tartán aportan folclore y alegría. La cobertura celebra cómo el fútbol se convierte en escaparate de la identidad cultural, con aficionados que reescriben el ambiente de las ciudades anfitrionas.
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