
La ola de calor en Europa ya es inequívocamente atribuible al cambio climático, según un estudio de atribución
El análisis de World Weather Attribution concluye que las temperaturas récord de junio habrían sido prácticamente imposibles hace cincuenta años y que las noches tórridas son hoy cien veces más probables que en 2003.
La ola de calor que desde mediados de junio bate marcas en Europa occidental no es un episodio aislado sino una manifestación directa del calentamiento de origen humano. Así lo establece el estudio rápido de atribución publicado este viernes por la red científica World Weather Attribution (WWA), que comparó los registros actuales con los de 1976 y 2003. El trabajo, basado en datos observados y previsiones de más de 850 ciudades de treinta países, señala que un evento similar habría sido 3,5 °C más fresco de día y 2,4 °C menos cálido de noche en el clima de hace medio siglo. La probabilidad de noches tan cálidas se ha multiplicado por cien desde la ola de calor de 2003, y los picos diurnos son hoy diez veces más probables. Los investigadores descartan cualquier influencia del fenómeno de El Niño en esta ocasión.
El mecanismo meteorológico que explica la persistencia del calor extremo es un bloqueo en omega: una dorsal de altas presiones estacionaria sobre Europa occidental que atrapa una masa de aire cálido procedente del norte de África e impide la llegada de sistemas más frescos. Esta configuración, documentada por los servicios meteorológicos de Alemania, Francia y el Reino Unido, ha elevado las temperaturas entre 5 y 12 °C por encima de la media estacional. En Francia, la media nacional alcanzó 30 °C durante dos jornadas consecutivas, un valor sin precedentes desde 1947, y en París se superaron los 40 °C por cuarta vez en 150 años. El Reino Unido encadenó tres días consecutivos con récords de junio, mientras que Alemania registró 40,9 °C en Saarbrücken, la primera vez que se rompe la barrera de los 40 °C en un mes de junio en ese país.
El impacto sanitario y económico se ha dejado sentir con crudeza. En Francia, los servicios de emergencia atendieron una cuadruplicación de paros cardíacos en París y el Ministerio de Sanidad expresó su preocupación por los fallecimientos en domicilios. Al menos 55 personas murieron ahogadas al buscar alivio en zonas de baño no vigiladas, según la ministra de Deportes. En España, el sistema MoMo atribuyó 212 muertes al calor entre el domingo y el miércoles. Los hospitales de la capital francesa rozaron la saturación, lo que llevó a la Prefectura de Policía a prohibir el consumo de alcohol en la vía pública y a exigir la cancelación de eventos multitudinarios como la Marcha del Orgullo y el festival Solidays. Desde la perspectiva de las aseguradoras y los bancos centrales, el calor extremo emerge como un riesgo estructural: Allianz Trade calcula que, de repetirse los cinco años más cálidos de cada país entre 2014 y 2024, Francia podría perder 240 000 millones de dólares acumulados hasta 2030, Italia 147 000 millones y España 120 000 millones. El Banco Central Europeo ya había documentado que las olas de calor estivales reducen la actividad económica regional en torno a un 1 % de forma persistente.
El episodio se desplaza ahora hacia el este. Las previsiones del Servicio Meteorológico Alemán indican que durante el fin de semana amplias zonas de Alemania y Polonia superarán los 40 °C, con posibles registros de hasta 43 °C en Brandeburgo. El domingo será el día crítico para la mitad oriental alemana y para países como la República Checa, Eslovaquia y Hungría. Mientras, en el oeste las temperaturas comienzan a ceder, aunque el sureste de Francia y el norte de Italia seguirán bajo alerta roja. El siguiente hito factual será la evolución de la mortalidad y la presión hospitalaria en los Länder orientales alemanes y en las regiones de Europa central que afrontan su primer pico de calor extremo este fin de semana, así como la eventual activación de mecanismos europeos de protección civil si la situación sanitaria se agrava.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La ola de calor récord que azota Europa habría sido prácticamente imposible hace solo 50 años. Los científicos advierten que el cambio climático causado por el hombre está haciendo que estos fenómenos extremos sean mucho más probables, alterando la vida cotidiana y las infraestructuras. El análisis subraya la urgencia de abordar la crisis climática que se acelera.
El cambio climático es inequívocamente responsable de la intensidad de la ola de calor que azota Europa occidental. El estudio muestra que sin el calentamiento causado por el hombre, las temperaturas diurnas habrían sido 3,5°C más bajas y el fenómeno habría sido prácticamente imposible hace 50 años. Los resultados son una advertencia severa: lo imposible se ha vuelto posible.
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