
La NASA acelera su plan lunar con nuevas misiones y mantiene a Blue Origin como opción principal
La agencia espacial estadounidense adjudica cuatro alunizajes robóticos a empresas privadas y confía en que el cohete New Glenn vuele este año, mientras avanza en exploración robótica y protocolos de bioseguridad.
La NASA ha anunciado la contratación de cuatro nuevas misiones de alunizaje robótico para finales de 2028, con una inversión cercana a los 600 millones de dólares, al tiempo que reafirmó su confianza en Blue Origin como socio estratégico para la base lunar, pese a la explosión de un cohete New Glenn en mayo. Las empresas Astrobotic, Firefly Aerospace e Intuitive Machines transportarán instrumentos científicos al polo sur lunar, una región codiciada por sus reservas de hielo de agua. Desde Washington, el administrador Jared Isaacman calificó de “impresionante” la respuesta de la compañía de Jeff Bezos ante la anomalía y aseguró que el plan A sigue siendo lanzar el módulo Blue Moon con el New Glenn antes de fin de año.
El programa Artemis, que prevé una presencia humana permanente en la Luna en un plazo de seis años, enfrenta así su primer gran contratiempo técnico. La explosión destruyó la única plataforma de lanzamiento de Blue Origin en Cabo Cañaveral, pero la empresa ha optado por una configuración de lanzamiento alternativa para no reconstruirla. Carlos García-Galán, el ingeniero español que dirige el proyecto de base lunar, señaló que incluso un retraso hasta mediados de 2027 no afectaría el cronograma general, aunque se estudian opciones de respaldo. En paralelo, la agencia evalúa enviar a la Luna un modelo de ingeniería de los rovers marcianos Curiosity y Perseverance, bautizado Promise, que con su batería de plutonio podría explorar cráteres en sombra permanente sin depender de luz solar.
El impulso robótico no se limita a la órbita lunar. El Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) probó en el desierto de Colorado el prototipo ERNEST, un rover de 1,2 metros que recorrió 26 kilómetros en 37 horas, una velocidad sin precedentes para un vehículo planetario. Diseñado para terrenos extremos, su versión ampliada podría cubrir grandes distancias en la Luna o Marte. Mientras, la Agencia Espacial Europea planea enviar el rover Rosalind Franklin a Marte hacia 2030, y la misión Dragonfly de la NASA sobrevolará Titán en 2034 con un dron autónomo, lo que refleja una carrera internacional por dotar a los exploradores robóticos de mayor autonomía y resistencia.
En el ámbito de la protección planetaria, un grupo de investigadores de la Universidad McGill en Montreal propuso en la revista Ambio construir una instalación de cuarentena en la Luna para analizar muestras extraterrestres antes de traerlas a la Tierra. El biólogo Anthony Ricciardi argumentó que la experiencia con especies invasoras aconseja extrema precaución, aunque no haya evidencia de vida alienígena. La propuesta, aún conceptual, plantea que la Luna actúe como barrera biológica mediante sistemas robóticos, un debate que cobra relevancia ante el aumento de misiones de retorno de muestras.
El siguiente hito tangible será el ensayo general de la misión Artemis 3 en la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy, previsto para este año, mientras Blue Origin se esfuerza por reanudar los vuelos del New Glenn. La promesa de Isaacman de enviar un balón de fútbol a la Luna si Estados Unidos gana el Mundial de 2026 añadió una nota distendida a una agenda cargada de hitos técnicos y diplomáticos.
| Prensa atlántica / anglosfera | +0.30 | aligned |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | −0.20 | neutral |
America reaffirms its space leadership through targeted contracts and a calculated bet on Blue Origin, after the explosion.
It emphasizes the role of the private sector as a national hero, turning a crisis (the explosion) into an opportunity for recovery.
It omits public program costs and criticisms of private rocket safety.
Europe cautiously assesses the American move, highlighting the risks of a rushed competition and the need for stricter safety standards.
It builds a hierarchy of threats: first safety, then economic sustainability, then geopolitical competition, to justify a cautious approach.
It does not highlight Blue Origin's technical successes or bipartisan support for the Artemis program.
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