
La mantis, el chatbot y la ley: así se redefine la infancia frente a las pantallas
Mientras un niño llora la muerte de su insecto por un error de ChatGPT, gobiernos de todos los continentes aceleran regulaciones para proteger a los menores del uso compulsivo de redes sociales.
Cuando el hijo mayor de Joanna Stern, de ocho años, le preguntó a ChatGPT por qué la mantis religiosa que había atrapado en el jardín se estaba poniendo marrón, la inteligencia artificial respondió con seguridad: “Manty está embarazada”. Días después, el insecto murió. El niño quedó devastado. No era un embarazo, sino el ciclo natural de un animal que, ajeno a los algoritmos, simplemente envejecía. Stern, periodista y autora de un libro tras pasar un año usando inteligencia artificial para casi todo, no esperaba que aquel experimento transformara su forma de criar. “Me di cuenta de que estaba moldeando cómo mis hijos verían la IA”, explicó. Desde entonces, en su casa no se permiten amigos ni mascotas con inteligencia artificial, y se fomenta el aburrimiento, las bicicletas y los vínculos reales. “Los niños necesitan sus propios datos de entrenamiento”, dice, “y eso solo se consigue con experiencias vividas, no con interacciones sin fricción”.
Esa misma inquietud —cómo proteger la infancia de los efectos no deseados de la tecnología— recorre hoy los parlamentos y las agencias reguladoras de medio mundo. En Canberra, la ministra de Comunicaciones denunció que las grandes plataformas “se están burlando” de la ley que prohíbe el acceso a menores de 16 años, y presentó un proyecto para duplicar las multas por incumplimiento hasta los 99 millones de dólares y obligar a las empresas a entregar documentos internos. La Comisionada de Seguridad Electrónica australiana confirmó que Facebook, Instagram, TikTok, YouTube y Snapchat siguen sin aplicar restricciones efectivas, mientras una investigación preliminar sugiere que la mayoría de los adolescentes ha encontrado formas de eludir el bloqueo. “Hoy mismo supe de una niña de 13 años que abrió una cuenta sin que le preguntaran la edad”, relató la ministra.
Del otro lado del Pacífico, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una ley que exige a las plataformas ofrecer herramientas para limitar funciones adictivas y proteger a los menores de la explotación sexual. La norma, primera iniciativa de la Cámara Baja en este terreno, deberá conciliarse con un proyecto más estricto del Senado que impone un “deber de cuidado” a las empresas. Mientras, en Londres, la propuesta de verificación de edad para mantener a los niños alejados de contenidos nocivos ha desatado una paradoja: para identificar a los menores, las plataformas podrían exigir a todos los usuarios —adultos incluidos— escaneos faciales o datos de tarjetas de crédito, multiplicando las bases de datos biométricos y financieros. En Brasilia, la ley ECA Digital ya obliga a que los productos tecnológicos dirigidos a niños y adolescentes adopten por defecto configuraciones que eviten el uso compulsivo, en un intento de prevenir el problema antes de que aparezca.
En los Emiratos Árabes Unidos, la Autoridad Nacional de Medios prepara un marco regulatorio integral para el uso infantil de las redes sociales, al tiempo que celebra haber otorgado 15.000 licencias a creadores de contenido de más de 90 nacionalidades. La norma emiratí prohíbe el acceso a menores de 15 años y, según sus impulsores, no busca restringir la creatividad sino elevar los estándares. “Cada contenido que se produce o comparte en el país contribuye a moldear su imagen y reputación”, señaló un alto funcionario. La neurociencia, recuerdan, indica que las áreas cerebrales responsables del control de impulsos maduran hasta bien entrada la adultez, mientras los sistemas de recompensa de las plataformas —notificaciones, “me gusta”, desplazamiento infinito— están diseñados para explotar esos mecanismos en desarrollo.
En su casa, Joanna Stern encontró a su hijo acurrucado en el sofá con un perro robot, mientras el perro real dormía bajo la mesa de la cocina. Cuando tuvo que devolver el juguete, el niño lloró. “Nada de amigos ni mascotas con inteligencia artificial”, sentenció la madre. La imagen de ese abrazo entre un niño y una máquina que nunca se cansa, nunca se enoja y nunca dice que no, queda flotando como una pregunta incómoda sobre el tipo de vínculos que la sociedad está dispuesta a programar.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Los gigantes de las redes sociales se enfrentan a fuertes multas y presión legislativa si no demuestran que están aplicando las restricciones de edad para menores. La Cámara ha aprobado un paquete de seguridad infantil en línea, mientras los demócratas proponen prohibir las redes sociales a los menores de 16 años. La inteligencia artificial también entra en el debate, con padres que cuentan cómo el uso cotidiano de la IA ya está moldeando la infancia de sus hijos.
Proteger la infancia significa más conversaciones cara a cara y menos pantallas, no restringir la tecnología sino salvaguardar el desarrollo. Los Emiratos Árabes Unidos han introducido un marco regulatorio integrado para el uso de redes sociales por parte de menores, además de otorgar licencias a 15.000 creadores de contenido de más de 90 nacionalidades. La prohibición de acceso a redes sociales para menores de 15 años se presenta como una política pública proactiva y pragmática que prioriza la seguridad juvenil.
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