
Macron, el sultán y el misterio de las gafas de aviador
La reaparición del presidente francés con lentes oscuros en una visita de Estado desata desde chanzas sobre su matrimonio hasta debates sobre protocolo y transparencia.
En la escalinata del Palacio del Elíseo, bajo un cielo parisino de finales de junio, el presidente Emmanuel Macron recibió al sultán Haitham bin Tariq de Omán con un apretón de manos y una sonrisa apenas visible tras unas gruesas gafas de sol de aviador. El lunes, las cámaras captaron el instante: dos jefes de Estado frente a frente, uno con la mirada descubierta, el otro protegido por cristales ahumados. La imagen, en apariencia protocolaria, se convirtió en cuestión de horas en un fenómeno digital.
La visita oficial, la primera del sultán a Francia desde su ascenso al trono, tenía como objetivo la firma de acuerdos históricos en materia económica, científica y cultural, además de abordar la seguridad del estratégico estrecho de Ormuz. El propio Macron difundió un mensaje en redes sociales celebrando la alianza y el trabajo conjunto para evitar una escalada en Oriente Medio. Sin embargo, la atención pública se desvió hacia el accesorio que el mandatario ya había lucido en enero durante el Foro de Davos.
Las gafas de sol se han convertido en un motivo recurrente en la narrativa visual del presidente francés. En aquella ocasión, su entorno explicó que sufría un problema ocular, un vaso sanguíneo reventado que le obligaba a ocultar una mancha en el ojo. Ahora, fuentes del Elíseo citadas por la prensa francesa repitieron la fórmula: «un problema en el ojo», sin más detalles. Pero en el ecosistema digital francés, la explicación médica compite con una lectura más mordaz. El líder de la derecha radical Florian Philippot rescató un episodio doméstico —una bofetada de la primera dama, Brigitte Macron, captada por las cámaras al bajar de un avión— y lanzó en la red X: «¿Otro castigo de Brigitte o un nuevo gesto de chulería?». Añadió un dato con sorna: la empresa francesa que fabricaba aquellas gafas quebró desde entonces.
La controversia traspasó fronteras. En Rusia, la especialista en protocolo empresarial Tatiana Nikolaeva declaró a medios locales que el código de etiqueta es claro: las gafas de sol deben retirarse durante una conversación cara a cara, salvo por razones médicas. «Hasta donde sabemos, Macron no padece ese tipo de enfermedades», apuntó. En las redes sociales latinoamericanas, donde la gestualidad del poder se analiza con minuciosidad, el episodio se sumó a un catálogo de anécdotas sobre líderes y su relación con la imagen. Comentarios de usuarios en hebreo, ruso y español coincidían en una pregunta: ¿qué esconden realmente esos cristales oscuros? Algunos internautas cuestionaron la transparencia de un mandatario que oculta la mirada en un acto de Estado, mientras otros recordaron la burla que el expresidente Donald Trump dedicó a «sus bonitas gafas de sol».
Al final de la jornada, Macron mantuvo las gafas puestas durante la firma de los acuerdos y en un foro empresarial franco-omaní en un hotel parisino. La imagen del presidente con los ojos velados, mientras se discutía el futuro de una de las rutas marítimas más sensibles del planeta, dejó una estampa ambigua: la de un líder que, por dolencia o por decisión, convierte un objeto funcional en un enigma de Estado. Las gafas, como una pantalla opaca, invitan a proyectar sobre ellas desde diagnósticos médicos hasta chismes conyugales, y recuerdan que en la política contemporánea, el detalle más nimio puede eclipsar la agenda más solemne.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La aparición de Macron con gafas de sol en el Elíseo se ha convertido otra vez en burla en las redes. Se especula con que el presidente francés oculta las marcas de una nueva bofetada de su esposa Brigitte, ridiculizando un acto de Estado.
El aspecto de Macron en la reunión con el sultán de Omán desató una nueva ola de burlas. Políticos y usuarios de redes se mofaron de una supuesta infracción del protocolo y reavivaron la broma recurrente de las bofetadas conyugales, presentando al presidente francés como una figura cómica.
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