
La justicia británica sentencia a dos rumanos por apuñalar a un periodista iraní en un ataque atribuido a Teherán
El tribunal de Londres impuso penas de 8 y 12 años de prisión a los agresores de Pouria Zeraati, mientras crece la preocupación por otros detenidos británicos en Irán en huelga de hambre.
El Tribunal Penal Central de Londres condenó el viernes a dos ciudadanos rumanos a penas de ocho y doce años de prisión por el apuñalamiento del presentador de Iran International, Pouria Zeraati, ocurrido en marzo de 2024 en el barrio de Wimbledon. La jueza Bobbie Cheema-Grubb afirmó que las pruebas apuntaban de forma abrumadora a que el ataque se ejecutó en beneficio de un poder extranjero, en referencia a la República Islámica de Irán. Según la fiscalía, los agresores, Nandito Badea y George Stana, actuaron como agentes criminales por encargo, tras un año de vigilancia sobre la víctima, cuyo rostro había aparecido en carteles de “Se busca: vivo o muerto” en Teherán.
Desde la óptica de Londres, la ministra del Interior, Yvette Cooper, calificó el hecho de deplorable y subrayó que la sentencia envía un mensaje inequívoco al régimen iraní y a quienes actúan en su nombre. El jefe del MI5, Ken McCallum, había advertido previamente sobre más de veinte complots letales respaldados por Irán desarticulados en el último año en suelo británico. En paralelo, el canal Iran International, que en 2023 trasladó temporalmente sus operaciones a Washington por amenazas estatales, denunció una campaña permanente de intimidación contra sus periodistas y sus familias, tanto en Irán como en el Reino Unido.
En contraste, el encargado de negocios iraní en Londres negó cualquier implicación de Teherán en el ataque. Las defensas de los condenados argumentaron que sus clientes, descritos como personas sin sofisticación ni interés en la actualidad, desconocían estar trabajando para un Estado extranjero. La jueza aceptó esa duda respecto a Badea, pero consideró probado que Stana sabía o debía saber que la agresión, selectiva y grave, se realizaba por cuenta de Irán. Un tercer sospechoso, David Andrei, permanece en Rumanía con procedimientos penales en curso.
El caso se inscribe en un patrón más amplio de tensiones entre Irán y Occidente que, según analistas en Bruselas, incluye la toma de rehenes con fines políticos. En ese contexto, crece la alarma por la pareja británica Craig y Lindsay Foreman, detenidos hace dieciocho meses en Irán y condenados a diez años por espionaje —cargos que niegan—, quienes acumulan casi dos meses en huelga de hambre en la prisión de Evin. Expertos en derechos humanos de la ONU han calificado su situación de emergencia médica y exigido su liberación inmediata, mientras la familia, sin contacto directo desde mayo, teme daños irreversibles. El expediente judicial de los agresores de Zeraati queda cerrado en primera instancia, pero la presión diplomática sobre Teherán se intensifica a ambos lados del Atlántico.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Un tribunal de Londres condenó a los agresores de un periodista iraní, demostrando el compromiso del Reino Unido con la justicia. Mientras tanto, ciudadanos británicos pasan hambre en Teherán debido a las políticas del régimen iraní. La noticia resalta el contraste entre el estado de derecho occidental y la represión iraní.
La condena en Londres de los agresores de un periodista iraní es un paso positivo, pero la verdadera historia es el sufrimiento de los británicos en Teherán, víctimas de las sanciones y la arrogancia occidental. El régimen iraní no es responsable; las políticas británicas causan el hambre.
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