
Israel destruye un túnel de Hezbolá en Líbano y tensa el acuerdo de paz recién firmado
El ataque israelí a un túnel de 200 metros en Majdal Zoun, dos días después de la firma de un marco de paz con mediación de EE UU, evidencia la fragilidad del pacto y la oposición de Hezbolá.
Las Fuerzas de Defensa de Israel destruyeron el domingo un túnel de 200 metros de longitud y más de 25 metros de profundidad en la localidad de Majdal Zoun, en el sur del Líbano, que según el comunicado conjunto del primer ministro Benjamin Netanyahu y el ministro de Defensa Israel Katz contenía cientos de armas y lanzaderas de misiles. La operación, notificada previamente a Washington, se produjo apenas 48 horas después de que los embajadores de Israel y el Líbano firmaran en la capital estadounidense un acuerdo marco para poner fin a las hostilidades. Hezbolá calificó el ataque de “violación flagrante” de la tregua que asegura haber respetado hasta ahora y se reservó el derecho a “defender su patria y su pueblo”.
Las posiciones de las partes reflejan la brecha que separa el texto diplomático de la realidad sobre el terreno. Desde Jerusalén, Netanyahu describió el pacto como “histórico” y un “golpe a Irán y Hezbolá”, y subrayó que las tropas israelíes permanecerán en la franja de seguridad y seguirán “destruyendo infraestructura terrorista”. En Beirut, el líder de Hezbolá, Naim Qassem, rechazó el acuerdo por considerarlo “nulo” y una “rendición de la soberanía”, y prometió continuar la resistencia armada. El presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, aliado del grupo chií, fue más allá al tachar el documento de “dictado” y advertir de que podría “incitar divisiones internas y arrastrar a los libaneses a una confrontación entre ellos”. Berri insistió en que la única vía para lograr la retirada israelí pasa por las negociaciones entre Irán y Estados Unidos, y que separar el expediente libanés de esa pista solo prolongaría la ocupación.
El acuerdo, patrocinado por el Departamento de Estado, establece un mecanismo gradual: las Fuerzas Armadas Libanesas asumirán el control de “zonas piloto” en el sur, y las tropas israelíes se replegarán de esos sectores una vez que se verifique el desarme de los grupos armados no estatales y el desmantelamiento de su infraestructura militar. Un grupo de coordinación militar con apoyo estadounidense supervisará la implementación, y Washington se comprometió a respaldar al ejército libanés y a proporcionar asistencia humanitaria. Sin embargo, la condicionalidad del repliegue israelí al desarme de Hezbolá —que el grupo rechaza de plano— coloca al Gobierno libanés en una posición delicada. El presidente Joseph Aoun transmitió a Donald Trump que el Líbano “asumiría sus responsabilidades”, pero la oposición interna es profunda. Un sondeo de Information International difundido por Al-Jadeed indicó que una mayoría de libaneses apoya un acuerdo de paz con Israel, aunque las opiniones están marcadamente divididas por líneas sectarias.
El trasfondo regional añade capas de complejidad. La guerra en el sur del Líbano estalló el 2 de marzo, cuando Hezbolá lanzó misiles en solidaridad con Irán tras un ataque israelí que, según reportes de la región, acabó con la vida del líder supremo iraní. Desde entonces, más de un millón de libaneses han sido desplazados y el Ministerio de Salud libanés contabiliza al menos 4.192 fallecidos. Teherán ha condicionado cualquier alto el fuego en su propio conflicto con Washington a que se incluya un cese de hostilidades en el Líbano, y el acuerdo marco se negoció en paralelo a las conversaciones entre Irán y Estados Unidos. Analistas en Oriente Medio señalan que la viabilidad del pacto depende de si el Estado libanés logra imponer su autoridad en el sur mientras Hezbolá conserva su arsenal y su rechazo explícito al desarme. Por ahora, la implementación de las zonas piloto y la definición del anexo de seguridad quedan sujetas a una verificación que ninguna de las partes parece dispuesta a aceptar sin reservas.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El acuerdo mediado por Estados Unidos es un dictado, diez veces peor que el acuerdo de 1983, y busca dividir el Líbano. Solo las negociaciones directas entre Irán y Estados Unidos pueden garantizar la retirada israelí; desvincular al Líbano de esa vía prolongará la ocupación. El rechazo de Hezbolá es legítimo y el marco está muerto al llegar.
El acuerdo marco enfrenta su primera gran prueba: Hezbolá se niega a desarmarse y sigue atrincherado en el sur del Líbano. El desafío es si el Estado libanés puede imponer su autoridad en la zona mientras el grupo militante permanece armado y en contra. La viabilidad del acuerdo depende de desarmar a Hezbolá, una perspectiva que parece remota.
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