
Irán exige a EE UU cumplir primero el memorando antes de reanudar el diálogo técnico
El presidente Pezeshkian condiciona la aplicación del acuerdo de Islamabad a la reciprocidad estadounidense, mientras la Casa Blanca insiste en una cita en Doha que Teherán desmiente.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, condicionó este lunes el cumplimiento del memorando de entendimiento firmado con Estados Unidos el 18 de junio a que Washington ejecute primero sus obligaciones, al tiempo que desmintió la existencia de un nuevo acuerdo de desnuclearización y la celebración inminente de consultas técnicas en Doha. La declaración, difundida en la red social X, introduce un nuevo compás de espera en el frágil proceso de distensión bilateral.
Desde Teherán se insiste en que el memorando —alcanzado con mediación de Pakistán y Catar tras semanas de enfrentamientos militares— es un instrumento de compromisos recíprocos. “Si la parte estadounidense se adhiere al acuerdo, nosotros también cumpliremos nuestros compromisos”, escribió Pezeshkian, quien añadió que Irán responde a las amenazas con “racionalidad y dignidad humana” y se defenderá “con firmeza y sin miedo cuando llegue el momento de actuar”. El portavoz de la cancillería, Esmaeil Baghaei, fue más explícito: las negociaciones técnicas no comenzarán hasta que se apliquen los puntos clave del documento de 14 apartados, y rechazó de plano las informaciones sobre una reunión prevista para el martes en la capital catarí.
La posición iraní contrasta con el relato ofrecido por la Casa Blanca. El presidente Donald Trump afirmó el domingo que Irán había aceptado la desnuclearización y que representantes de ambos gobiernos se reunirían en Doha al día siguiente para resolver diferencias, incluido el contencioso del estrecho de Ormuz. Washington llegó a designar al enviado especial Steve Witkoff y al asesor Jared Kushner para encabezar el diálogo. Sin embargo, fuentes en Teherán niegan que se haya alcanzado un entendimiento sobre el programa nuclear más allá de lo ya recogido en el memorando, y subrayan que cualquier avance depende de la verificación del cumplimiento estadounidense.
El memorando de Islamabad puso fin a una escalada de hostilidades que incluyó intercambios de golpes y una breve guerra naval. Según los términos conocidos por filtraciones a la prensa rusa, el texto prevé el cese inmediato de las acciones militares, el levantamiento del bloqueo marítimo, la suspensión de sanciones y la liberación de activos iraníes congelados por un monto cercano a los 300.000 millones de dólares. A cambio, Irán se compromete a no dotarse de armas nucleares y a suspender el enriquecimiento de uranio por un período de entre cinco y quince años, además de entregar el uranio altamente enriquecido dañado por los bombardeos. El documento establece un plazo de treinta días para negociar un arreglo integral, con fecha límite el 16 de agosto, y contempla un alivio progresivo de las restricciones sobre Ormuz y los puertos iraníes.
Observadores en Moscú, que saludaron el acuerdo, destacan el papel de los mediadores regionales y advierten que la viabilidad del proceso depende de la secuencia de cumplimiento. En Teherán, el líder supremo Mojtaba Khamenei expresó inicialmente reservas, pero fue persuadido por Pezeshkian ante el riesgo de un agravamiento del conflicto que amenazara la estabilidad del Gobierno. Con las partes atrincheradas en sus exigencias —Irán reclama hechos, Washington presume de un compromiso que Teherán no reconoce—, el expediente queda a la espera de gestos concretos. La próxima ventana de oportunidad se abre con el inicio del período de negociación integral, aunque ningún calendario de reuniones ha sido confirmado oficialmente.
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Teherán insiste en que cualquier acuerdo con Washington debe basarse en el respeto mutuo y en compromisos recíprocos. El mensaje del presidente iraní presenta a Estados Unidos como la parte que debe demostrar primero su compromiso, al tiempo que califica las amenazas estadounidenses de irracionales. La narrativa sitúa la carga de la prueba en Washington, que debe honrar el memorando existente antes de que puedan celebrarse nuevas conversaciones.
Afirmaciones contradictorias surgen de Washington y Teherán en vísperas de las conversaciones de Doha: el presidente Trump asegura que Irán ha aceptado la desnuclearización, mientras que el presidente Pezeshkian condiciona el cumplimiento a la adhesión estadounidense al memorando del 18 de junio. La cobertura destaca la brecha entre ambas narrativas sin tomar partido, señalando la reunión en Catar como una prueba de la sinceridad de ambas partes.
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