
Estados Unidos llega a sus 250 años entre divisiones, ansiedad y una lucha por el relato histórico
La conmemoración del cuarto de milenio de la independencia estadounidense expone fracturas políticas, un malestar económico profundo y una disputa por el significado de la fundación nacional.
Estados Unidos conmemora el 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia en un clima de polarización que, según encuestas de Gallup y Pew Research Center, ha llevado el orgullo nacional a su nivel más bajo en un cuarto de siglo. Apenas un tercio de los adultos se declara “extremadamente orgulloso” de ser estadounidense, mientras que cerca del 60 por ciento opina que los mejores días del país quedaron atrás. La administración Trump ha situado la efeméride bajo el sello de su iniciativa “Freedom 250”, con un festival que incluye una exhibición de artes marciales mixtas en la Casa Blanca y un concierto que, tras la deserción de varios artistas, el presidente anunció que convertiría en un mitin político. En paralelo, un tribunal federal ordenó reinstalar 34 paneles educativos sobre las personas esclavizadas por George Washington que el Servicio de Parques Nacionales había retirado de la Casa del Presidente en Filadelfia, una decisión que la administración no ha acatado plenamente.
Desde la óptica de analistas en Europa, la controversia sobre los paneles y el control del relato fundacional refleja una pugna más amplia por la identidad nacional. En medios canadienses como Le Devoir se interpreta la retirada de esos contenidos como parte de un intento de silenciar las contradicciones de los próceres con la esclavitud, mientras se exalta una versión que, según sectores conservadores en Washington, debe anclarse en los valores judeocristianos y en la idea de que los derechos provienen de un Creador, no del Estado. El senador Tim Scott, desde esa misma corriente, ha subrayado que el viaje de su familia “del algodón al Congreso en una sola vida” demuestra que la promesa fundacional sigue viva, y ha llamado a regresar a la fe y a la libertad como ejes del próximo cuarto de milenio.
Esa lectura contrasta con los datos de desigualdad que documentan organismos como la Reserva Federal y con reportes de prensa económica: mientras Elon Musk se convertía en el primer billonario del mundo tras la salida a bolsa de SpaceX, más de 4,7 millones de personas perdieron el acceso a cupones de alimentos tras la aprobación del paquete fiscal impulsado por la Casa Blanca, que otorgó a los hogares del 1 por ciento más rico un ahorro anual estimado en 50.000 dólares. El precio de la carne picada para las parrilladas del 4 de julio subió un 13 por ciento interanual, y casi la mitad de los ciudadanos afirma tener dificultades para costear atención médica esencial. Encuestas de Fox News y NBC muestran que seis de cada diez estadounidenses se sienten pesimistas sobre el rumbo de la economía, un malestar que, según observadores en América Latina, recuerda a los ciclos de descontento que en la región han erosionado la confianza en las instituciones.
En el plano institucional, la Corte Suprema —con su mayoría conservadora— ha reducido el alcance de la Ley de Derecho al Voto, lo que, a juicio de organizaciones como PA Youth Vote, facilitará la manipulación de los mapas electorales y alejará de las urnas a votantes de minorías. El documentalista Ken Burns planteó en una entrevista televisiva la pregunta que sobrevuela la celebración: “¿Habrá otros 250 años, o siquiera otros diez?”. La historiadora Doris Kearns Goodwin respondió desde la tribuna de Meet the Press que la memoria de la Guerra Civil, la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial puede ofrecer perspectiva y esperanza. El secretario del Instituto Smithsoniano, Lonnie Bunch, apeló al micrófono de las charlas junto al fuego de Franklin D. Roosevelt como símbolo de que la aspiración a la esperanza ha sido una constante. Las conmemoraciones oficiales se extenderán durante los próximos meses, mientras el litigio por los paneles de Filadelfia sigue su curso en los tribunales federales y el debate sobre el significado de 1776 se traslada a las urnas de medio término.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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En el 250 aniversario de la independencia, los estadounidenses expresan una ansiedad récord: la mayoría cree que el futuro es peor que el pasado. El debate interno enfrenta a quienes denuncian la traición de los ideales fundacionales con quienes defienden la promesa estadounidense, mientras la desigualdad económica y las amenazas a las libertades alimentan un profundo malestar.
El 250 aniversario se convierte en ocasión para una reflexión histórica sobre las raíces seculares de la república estadounidense: los padres fundadores eran deístas que excluyeron deliberadamente la religión de los documentos fundacionales. El análisis subraya la ironía de una nación que hoy invoca la fe mientras sus orígenes se hunden en la Ilustración.
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