
Roma, capital mundial de la Vespa: 25.000 scooters celebran 80 años de estilo y libertad
Entusiastas de 67 países rindieron homenaje en las calles de la Ciudad Eterna al scooter que, desde la posguerra, se convirtió en emblema del diseño italiano y la movilidad global.
Natalie Dunand, una jubilada francesa, celebró su 61 cumpleaños a lomos de una Vespa, con su terrier Westie recortado para soportar el calor romano. El inconfundible tableteo de los motores de dos tiempos resonó sobre los adoquines del Foro Imperial mientras una marea de scooters de todos los colores y épocas avanzaba hacia el Coliseo. No era un día cualquiera: Roma se convertía en la capital mundial de la Vespa para festejar los ochenta años de un vehículo que es mucho más que un medio de transporte.
La parada, la más grande jamás organizada, reunió a unos 25.000 scooters llegados de 67 países, desde Japón hasta Kuwait, pasando por Australia y Filipinas. El cortejo partió de las Termas de Caracalla y serpenteó por la Piazza Venezia, el Altar de la Patria y la Bocca della Verità, en un carrusel visual y sonoro que dejó una estela de asombro entre los turistas. En el Vespa Village del Stadio dei Marmi se exhibieron más de 160 modelos, desde las rarísimas Vespa 98 de 1946 hasta las modernas versiones eléctricas. Desde la prensa económica italiana se subrayó que el evento confirmó el peso de la marca como activo estratégico para Piaggio y la imagen de la movilidad italiana en el mundo.
La Vespa nació el 23 de abril de 1946, cuando el ingeniero aeronáutico Corradino D’Ascanio —que detestaba las motocicletas— patentó una “motoleggera utilitaria” con chasis portante, cambio en el manubrio y una carrocería que protegía al conductor. Enrico Piaggio, reconvertido de la aviación a la movilidad civil tras los bombardeos de la guerra, buscaba un vehículo económico para las masas. El éxito fue inmediato, pero fue el cine el que la catapultó al mito: en 1953, Audrey Hepburn y Gregory Peck recorrieron Roma en una Vespa 125 en Vacaciones en Roma, disparando las ventas un 30% en Italia y un 50% en el extranjero. Desde entonces, ha aparecido en más de mil películas y se ha convertido en un icono pop global. El diario londinense The Times la describió en su día como “un producto completamente italiano, como no se veía desde la biga de la antigua Roma”.
En las calles, la pasión no entiende de fronteras. Un hombre de Tokio intercambiaba banderines de su club con un italiano; un alemán mostraba en su pantorrilla un tatuaje de la Vespa junto a las palabras “La Dolce Vita”. Andrew Walton, un camionero de Newcastle, había viajado ocho días desde Inglaterra siguiendo el Rin. “Te subes, giras el acelerador y te vas. Es facilísimo”, explicó. Para Dunand, “la pasión por la Vespa es por el estilo italiano, la libertad, los años sesenta”. Ochenta años después, aquella biga moderna sigue rodando por las calles de Roma, eterna como la ciudad que la vio nacer.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La concentración de Vespas bajo el Arco de Tito, monumento a la destrucción de Jerusalén, ensombrece la celebración del estilo italiano. El evento pone de relieve involuntariamente la escasez de rostros judíos en la vida pública romana y la tensión no resuelta entre conmemoración festiva y trauma histórico.
Roma se transformó en un teatro al aire libre del genio italiano mientras 25.000 Vespas desfilaban por sus calles antiguas, celebrando 80 años de un scooter que se convirtió en emblema global de libertad y diseño. El evento, homenaje a la visión de Corradino d'Ascanio, unió a generaciones en un alegre rugido de motores bajo el Coliseo y los Foros Imperiales.
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