
Austria y Argelia sellan un 3-3 de infarto que clasifica a ambos y elimina a Irán
Un empate agónico en Kansas City desató acusaciones de pacto desde Teherán, mientras los técnicos negaron cualquier arreglo y la lógica del fútbol llevó a las dos selecciones a octavos.
El Austria-Argelia del Grupo J del Mundial de 2026 rozó lo inverosímil. El 3-3 con el que acabó el partido en el Arrowhead Stadium clasificó a los centroeuropeos como segundos y a los norteafricanos como uno de los mejores terceros, al tiempo que dejaba a Irán fuera del torneo. La combinación de resultados previos situaba a los iraníes como novenos en la tabla de terceros, a la espera de un tropiezo de alguno de sus rivales directos. Bastaba con que Austria o Argelia perdieran, pero la lógica de la fase de grupos y el desarrollo del encuentro terminaron por sepultar las esperanzas persas.
El duelo tuvo un guion de vértigo. Austria se adelantó dos veces por medio de Arnautović y Sabitzer, pero Argelia respondió con goles de Belghali y Mahrez. Cuando el capitán argelino firmó el 3-2 en el minuto 93, los gestos de desesperación iraní se mezclaron con una certeza táctica: a Argelia le convenía más ser tercera y evitar a España. En el último suspiro, un cabezazo de Kalajdžić rescató el empate y desató al mismo tiempo la euforia en Viena y en Argel. El seleccionador austriaco, Ralf Rangnick, descartó cualquier pacto: “En un partido que acaba 3-3 nadie puede pensar que hubo un acuerdo, sobre todo después de lo que vimos en los 90 segundos finales”. Su colega argelino, Vladimir Petković, celebró que “ganó el fútbol” y que el marcador hablaba por sí solo.
Desde Irán, la eliminación se vivió con amargura y algunas voces oficiales insinuaron un “biscotto” ―término del argot italiano para el amaño―. Sin embargo, el desenlace encaja en lo que la teoría de juegos denomina equilibrio de Nash: cuando a cada selección le perjudica desviarse por su cuenta del resultado que maximiza la clasificación de ambas, el empate emerge como una solución racional tácita. La historia reciente agravaba las suspicacias: en el Mundial de 1982, Alemania Federal y Austria pactaron un resultado que eliminó precisamente a Argelia. Ahora, el mismo recuerdo planeó sobre Kansas City, pero el insólito 3-3 y los minutos finales de ataque constante convencieron a los protagonistas de que no hubo amaño.
Austria se medirá a España en los octavos de final; Argelia tendrá enfrente a Suiza. Para el conjunto centroeuropeo, supone la primera clasificación a eliminatorias mundialistas en 44 años. “Siento alivio, incredulidad y felicidad; todavía necesito que me pellizquen para despertar de este sueño”, confesó Rangnick. Mientras, en Teherán, el debate osciló entre el malestar por lo que consideran un agravio histórico y la autocrítica de quienes recuerdan que la clasificación se había dejado escapar antes.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Los medios estatales iraníes enmarcan el empate 3-3 como una colusión orquestada entre Austria y Argelia, señalando el resultado conveniente que eliminó a Irán. Expresan indignación por la injusticia percibida, al tiempo que mencionan la negación del entrenador austriaco pero insinuando que no es creíble.
Los medios europeos rechazan las acusaciones de colusión, destacando el carácter caótico y emocionante del partido. Citan al entrenador austriaco insistiendo en que un 3-3 con drama en el último minuto no puede ser arreglado, celebrando el espectáculo y la integridad deportiva.
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