
El peso colombiano se dispara mientras otras monedas emergentes ceden terreno
La divisa colombiana alcanza niveles de 2019 por el 'carry trade' y las expectativas fiscales, en contraste con la depreciación del naira, el rupia y la volatilidad del rial iraní.
El peso colombiano registró una apreciación que lo llevó a tocar los 3.248 dólares al cierre de la segunda semana de julio, un nivel no visto desde julio de 2019 y que acumula una revaluación del 16,4% en lo que va de 2026. Se trata de la tercera mayor revalorización de la moneda en lo que va del siglo, impulsada por un diferencial de tasas de interés que mantiene el Banco de la República en el 12%, muy por encima del promedio de otras economías, lo que alimenta operaciones de 'carry trade'. Analistas en Bogotá señalan que la tendencia bajista del dólar podría profundizarse si el nuevo gobierno materializa una reforma fiscal con ahorros de 40 billones de pesos y se reactivan las exportaciones de petróleo y carbón, aunque las proyecciones de consenso apuntan a un cierre de año en torno a los 3.600 dólares.
En el extremo opuesto, el naira nigeriano se depreció ligeramente en la ventana oficial del banco central, cotizando a 1.379,62 por dólar, mientras que en el mercado paralelo la divisa estadounidense se compraba a 1.427 y se vendía a 1.435 nairas. La rupia indonesia, por su parte, cerró la semana con un debilitamiento del 0,39% hasta las 18.065 unidades por dólar, afectada por la revisión negativa de la perspectiva de deuda soberana por parte de Fitch Ratings y por la ruptura de una racha de 72 meses consecutivos de superávit comercial, al registrarse un déficit de 1.610 millones de dólares en mayo. Desde Yakarta, los analistas advierten que la pérdida de confianza de los inversores y el deterioro de la gobernanza económica podrían elevar los costos de financiamiento del gobierno.
En Irán, el mercado cambiario mostró señales mixtas y una elevada sensibilidad a las tensiones geopolíticas. El dólar en el mercado libre osciló entre los 176.480 y los 178.790 tomans en una misma jornada, mientras que el tipo de cambio oficial para divisas como el dólar, el euro y el dírham registró incrementos moderados. La volatilidad se atribuye, desde Teherán, a la escalada de ataques entre Irán y Estados Unidos y a la incertidumbre sobre las negociaciones diplomáticas, factores que los operadores consideran más determinantes que los indicadores económicos. El oro de 18 quilates, en tanto, cayó a 17,66 millones de tomans por gramo, presionado por la fortaleza puntual del rial en algunos segmentos, pese a que el oro global se mantenía por encima de los 4.100 dólares la onza.
El contraste entre la fortaleza del peso colombiano y la debilidad de otras monedas emergentes ilustra cómo los diferenciales de tasas, la credibilidad fiscal y los riesgos políticos fragmentan el comportamiento de los mercados de divisas. Mientras en América Latina el 'carry trade' sigue atrayendo flujos, en África y Asia los inversores descuentan primas de riesgo por desequilibrios externos y dudas sobre la sostenibilidad de la deuda. El próximo hito a vigilar será la concreción de las reformas fiscales en Colombia y la evolución de las tensiones en Oriente Medio, que podrían acentuar las divergencias cambiarias en las próximas semanas.
| Prensa iraní y afín | −0.70 | critical |
|---|---|---|
| Prensa latinoamericana | +0.70 | aligned |
Irán sufre una agresión externa que desestabiliza su economía. El régimen denuncia las sanciones y amenazas estadounidenses como causa del colapso del rial.
La narrativa atribuye la devaluación exclusivamente a factores externos (ataques de EE.UU.), presentando a Irán como una víctima inocente. Omite cualquier referencia a políticas económicas internas o sanciones internacionales como consecuencia de acciones iraníes.
No se mencionan las sanciones internacionales impuestas a Irán por su programa nuclear, ni las políticas económicas internas que podrían haber contribuido a la inflación.
Colombia celebra el fortalecimiento del peso como resultado de una gestión económica prudente y condiciones de mercado favorables. El tono es optimista y técnico.
La narrativa presenta la apreciación del peso como un fenómeno puramente de mercado, sin mencionar posibles factores externos como el aumento de los precios de las materias primas o las políticas del banco central. Omite cualquier discusión sobre posibles riesgos de sobrecalentamiento.
No se menciona la situación de Irán ni de otras monedas de mercados emergentes, ni posibles efectos de contagio. El análisis se aísla al contexto colombiano.
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