
El oro registra su peor trimestre en más de una década por la fortaleza del dólar y las expectativas de alzas de tasas
El metal precioso acumula una caída mensual superior al 12% y se encamina a su primer retroceso trimestral desde 2024, presionado por el giro restrictivo de la Reserva Federal y la salida de capitales de fondos cotizados.
El precio del oro profundizó su corrección y se situó en el entorno de los 4.000 dólares por onza troy, tras acumular un descenso mensual de entre el 11% y el 12,4% —el más pronunciado desde octubre de 2008— y encaminarse a cerrar su peor trimestre desde 2013. El movimiento supone un cambio de régimen para un activo que en enero había alcanzado máximos históricos cercanos a los 5.595 dólares, impulsado por la especulación minorista. La caída se aceleró en las últimas sesiones hasta tocar mínimos de siete meses, por debajo de los 3.950 dólares en algunos momentos de la jornada, antes de una leve recuperación técnica.
El detonante central es el reposicionamiento de los inversores ante la expectativa de una política monetaria más restrictiva en Estados Unidos. Los operadores descuentan ahora hasta tres subidas adicionales de las tasas de interés este año, con una probabilidad del 64% de que el primer incremento se materialice en la reunión de septiembre de la Reserva Federal, según los datos de FedWatch de CME. Ese escenario ha fortalecido al dólar —que se encamina a su segunda ganancia mensual consecutiva— y ha elevado el costo de oportunidad de mantener oro, un activo que no genera rendimiento. A ello se suma el repunte de los precios de la energía por las tensiones en Oriente Medio, que disipa las esperanzas de recortes de tipos y alimenta los temores inflacionarios, justo el contexto en el que el metal dorado suele perder atractivo frente a los bonos del Tesoro.
Desde distintos centros financieros se advierte un deterioro de los fundamentos técnicos y de flujo. Analistas en Copenhague describen un mercado frágil, donde los participantes venden en los repuntes en lugar de comprar en las caídas, una conducta que contrasta con la observada en los últimos años. En Zúrich se habla de una zona de consolidación bajista de mediano plazo, mientras que en París se apunta que no hay señales visibles de una recuperación significativa y que la resistencia de los 4.100 dólares será clave para confirmar un cambio de tendencia. A la presión bajista contribuyen las salidas netas de fondos cotizados respaldados por oro por segundo mes consecutivo, así como las restricciones impuestas por grandes bancos chinos a la operatoria de futuros de metales preciosos para inversores minoristas, una medida que refleja la inquietud de los reguladores ante la volatilidad.
El repliegue del oro como activo refugio se produce incluso en un entorno de riesgos geopolíticos latentes. Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Doha, cuya confirmación ha sido contradictoria, y las divergencias sobre la gobernanza del estrecho de Ormuz mantienen la incertidumbre, pero no han logrado reactivar la demanda de seguridad. En Tokio se subraya que la combinación de un dólar resiliente, la caída de los precios energéticos y la expectativa de tasas altas por más tiempo continúa reduciendo el apetito por activos que no generan rendimiento. Para los inversores latinoamericanos, el fortalecimiento del billete verde encarece la adquisición del metal en moneda local y añade un factor de cautela adicional.
La atención se concentra ahora en los próximos datos de empleo de Estados Unidos —el informe ADP y las nóminas no agrícolas—, que ofrecerán pistas sobre la trayectoria de la política monetaria. Asimismo, el desarrollo de las conversaciones con Irán y la evolución de los flujos de ETF marcarán el pulso de corto plazo. El mercado aguarda esas referencias para evaluar si el oro logra estabilizarse por encima del umbral psicológico de los 4.000 dólares o si la corrección se extiende hacia niveles no vistos desde finales de 2025.
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Los precios del oro registraron su peor desempeño trimestral desde 2013. La caída fue impulsada por las expectativas de que la Reserva Federal de EE.UU. suba las tasas de interés, en un contexto de inflación persistente debido al aumento de los precios del petróleo.
El oro sufrió un desplome histórico, registrando su mayor pérdida mensual en 18 años. El precio al contado cayó a unos 3.975 dólares por onza, y los futuros a 3.988,60 dólares, con un descenso mensual del 12,4%. Esto señala un cambio serio en las expectativas de los inversores sobre la política monetaria estadounidense y las perspectivas económicas mundiales.
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