
El jueves que el hemisferio norte alcanzó su pico de calor y miró al cielo
Desde Moscú hasta Gotemburgo, los termómetros marcaron máximas inusuales antes de que tormentas, vientos y un descenso térmico devolvieran la inestabilidad al inicio de julio.
En Gotemburgo, la semana había transcurrido entre cuerpos sudorosos, zambullidas en el mar y tardes de sol. Una dorsal de aire cálido procedente de Europa central había instalado un verano repentino y bochornoso. El miércoles aún ofreció un respiro: cielos despejados y temperaturas en torno a los 20 grados. Pero los meteorólogos suecos ya anticipaban el giro. Aquel jueves, el mismo en que el hemisferio norte alcanzaba su pico de calor, la ciudad portuaria se preparaba para recibir nubes, lluvia y un viento cada vez más insistente.
Ese jueves 2 de julio fue, en efecto, la jornada más calurosa de la semana en Moscú. Los termómetros ascendieron hasta los 27-30 grados, una anomalía de cinco a seis grados por encima de la norma climática, según los especialistas del centro Phobos. En Beirut, la costa soportaba un calor húmedo con temperaturas superiores a las medias estacionales, mientras la niebla densa se aferraba a las laderas de media montaña. En la provincia de Teherán, el cielo se mantenía despejado a parcialmente nublado, pero las autoridades meteorológicas alertaban de vientos fuertes y polvo en suspensión, con una caída de las temperaturas prevista para la misma jornada. En los Emiratos Árabes Unidos, en cambio, el día transcurría apacible: cielo claro, nubes bajas en la costa oriental y una brisa ligera a moderada del suroeste al noroeste, con el mar en calma tanto en el Golfo Pérsico como en el mar de Omán.
El alivio llegó con un frente frío que barrió el mapa de norte a sur. En la capital rusa, el día siguiente trajo tormentas eléctricas y un descenso hasta los 26 grados, antesala de un fin de semana inestable con noches de 10 a 15 grados. “Tiempo normal para la cúspide del verano”, comentó el meteorólogo Yevgueni Tishkovets. En Gotemburgo, la madrugada del jueves ya amaneció cubierta; la lluvia avanzó durante la mañana y el termómetro se desplomó hasta los 15 grados, acompañado de un viento racheado que el viernes alcanzaría fuerza de temporal en el mar. En Líbano, las temperaturas iniciaron un descenso adicional el viernes, devolviendo los valores a sus promedios estacionales, mientras la niebla persistía en las alturas y el viento del suroeste soplaba con rachas de hasta 35 kilómetros por hora. En Teherán, las lluvias y tormentas eléctricas de la noche del miércoles al jueves dieron paso a un aumento relativo de las temperaturas durante el fin de semana, aunque el polvo y el viento intenso se mantuvieron como protagonistas en las zonas sur y oeste.
Para millones de personas, el episodio condensó la naturaleza volátil del inicio de julio en el hemisferio norte. Desde Estocolmo, los pronósticos del SMHI dibujaban un horizonte de “tiempo de día sí, día no”: chubascos el sábado, sol el domingo, y una semana entrante aún fresca pero con la promesa de un nuevo anticiclón en la segunda quincena. En Moscú, los modelos apuntaban a que el descenso continuaría hasta los 18-23 grados a principios de la semana siguiente. La imagen que quedó flotando fue la de aquel jueves bifronte: mientras en el Golfo Pérsico las aguas mansas registraban su primera pleamar a las 15:54, en el puerto de Gotemburgo el viento arreciaba y las playas se vaciaban, dejando tras de sí la memoria efímera de una semana tórrida.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Moscú vive el día más caluroso de la semana, con temperaturas de hasta 30 grados, 5-6 por encima de la norma climática. Los meteorólogos estatales anuncian el pico de calor para el jueves, seguido de un frente frío que traerá tormentas refrescantes. Un episodio de calor excepcional manejado con la habitual pericia técnica.
En Gotemburgo, la ola de calor estival da paso a nubes, lluvia y viento desde el jueves por la mañana. Las temperaturas caerán a solo 15 grados, aliviando tras días de calor intenso. Los meteorólogos describen un retorno a la normalidad nórdica, con chubascos y rachas localmente fuertes.
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