
El espionaje con Pegasus y la batalla digital por la imagen de Marruecos
Un nuevo testimonio interno y análisis forenses confirman el uso del software israelí por los servicios marroquíes contra disidentes y líderes extranjeros, mientras un estudio revela campañas de contenidos provocadores durante el Mundial.
La publicación de un testimonio detallado de un exagente de la inteligencia marroquí, junto con nuevos análisis forenses de Amnistía Internacional, ha reavivado el escándalo Pegasus al confirmar que los servicios de seguridad del reino utilizaron el programa espía israelí para vigilar a periodistas, activistas, diplomáticos y jefes de Gobierno extranjeros. De forma paralela, un estudio del Observatorio Marroquí de Vigilancia Mediática y Digital documenta cómo la participación del país en el Mundial de fútbol de 2026 se ha convertido en blanco de contenidos digitales provocadores que buscan erosionar su imagen, lo que dibuja un escenario de doble disputa: la ofensiva de cibervigilancia atribuida a Rabat y las campañas de desinformación que, según el reino, sufre en el espacio digital.
Desde Rabat, las autoridades mantienen un desmentido categórico y han presentado querellas por difamación en Francia y España. La Audiencia Nacional española archivó la causa en julio de 2023 por falta de pruebas que vincularan las intrusiones con un Estado concreto, una decisión que el Ejecutivo de Pedro Sánchez acompañó con un prudente silencio diplomático. En contraste, el consorcio de medios que destapó el caso en 2021 —con cabeceras como The Guardian, Le Monde y El Confidencial— sostiene que los nuevos documentos internos, los registros de objetivos y el testimonio del agente identificado como “Safir” demuestran que la Dirección General de Seguridad Nacional (DGST) integró Pegasus en su cadena de mando bajo la supervisión del consejero real Fouad Ali El Himma, con financiación de Emiratos Árabes Unidos.
Desde Argel y el Frente Polisario, las revelaciones se interpretan como la confirmación de una alianza represiva entre Marruecos e Israel. El académico saharaui Mohamed Bachir Lahsen, cuyo teléfono fue infectado, califica los hechos de “crimen político y moral” y anuncia que las víctimas recurrirán a tribunales europeos. La exembajadora argelina en Madrid, Taous Feroukhi, figura entre los diplomáticos espiados en territorio español, lo que Argel considera una agresión a su soberanía. Mientras, el estudio del observatorio marroquí subraya que las plataformas digitales se han transformado en un campo de competencia simbólica donde la identidad nacional y la reputación se disputan con herramientas que van desde la desinformación hasta la polarización identitaria, especialmente entre cuentas marroquíes, argelinas y egipcias.
La coexistencia de estas dos dinámicas —el espionaje masivo y la vulnerabilidad frente a contenidos hostiles— revela, según analistas en Bruselas, la centralidad de la esfera digital en la proyección de poder y en las tensiones regionales del Magreb. Pese a la gravedad de las acusaciones, las relaciones de Marruecos con París y Madrid han sorteado la crisis: Francia reconoció en 2024 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y España consolidó una asociación estratégica, gestos que, desde la óptica de las capitales europeas, responden a cálculos geopolíticos que trascienden el escándalo. El sumario judicial sigue abierto en Francia y las víctimas preparan nuevas acciones legales, mientras el consorcio periodístico anuncia la publicación de más pruebas en las próximas semanas.
| Prensa árabe Levante-Magreb | −0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa del Sudeste Asiático | −0.70 | critical |
| Prensa europea continental | −0.80 | critical |
Los defensores de Marruecos rechazan las acusaciones de Pegasus como infundadas y señalan los triunfos diplomáticos del país, mientras que los críticos acusan al Estado de usar software espía israelí para silenciar la disidencia.
Al yuxtaponer la celebración del Mundial con el escándalo de espionaje, el bloque crea una equivalencia moral que permite a cada lado reclamar la superioridad.
Las narrativas defensivas omiten el detallado testimonio de un ex agente de inteligencia marroquí que corrobora el uso de Pegasus.
El ex agente y el consorcio investigador exponen el uso sistemático de Pegasus por parte de Marruecos para vigilar a críticos, revelando un patrón de abuso que implica a los más altos niveles de seguridad.
Al centrar el testimonio de un denunciante, la narrativa gana credibilidad a través de un testigo directo, haciendo que las acusaciones sean difíciles de descartar.
El informe no incluye las negativas oficiales de Marruecos ni la contranarrativa de una campaña de difamación.
La investigación revela al 'virrey' de Marruecos y su Bureau 21 como los cerebros detrás de un vasto aparato de espionaje que apunta tanto a disidentes nacionales como a líderes internacionales.
Al personificar el sistema de vigilancia en una sola figura poderosa, la narrativa simplifica un complejo aparato estatal en un villano claro, haciendo la historia más convincente y acusatoria.
El artículo omite el contexto del Mundial y los logros diplomáticos de Marruecos, centrándose únicamente en la dimensión del espionaje.
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