
El Consejo de Europa exige a la FIFA un ‘tercer tiempo’ para restaurar la integridad del fútbol tras un Mundial 2026 plagado de escándalos
Alain Berset denunció la injerencia política de Trump, la inédita asociación con casas de apuestas y los insultos racistas, y urgió a diseñar un marco vinculante de integridad para el Mundial 2030.
La contundente declaración llegó el mismo día de la final del Mundial 2026 entre Argentina y España, y desde la óptica de Estrasburgo sonó como un silbatazo que exigía revisar el reglamento del fútbol global. Alain Berset, secretario general del Consejo de Europa —organismo de 46 Estados ajeno a la Unión Europea—, instó a la FIFA a disputar un “tercer tiempo”: un diálogo urgente que comience esa misma noche para construir un marco de integridad antes de que se juegue la Copa del Mundo de 2030, con sede principal en España y Portugal.
El detonante más citado fue la suspensión de la sanción al delantero estadounidense Folarin Balogun. Según reconstruyeron fuentes europeas, el presidente Donald Trump telefoneó al titular de la FIFA, Gianni Infantino, y poco después la tarjeta roja que arrastraba el jugador se convirtió en una sanción en libertad condicional, sin mediar explicación pública. “Cuando las reglas se doblegan bajo presión, cada resultado queda en entredicho”, afirmó Berset, mientras la propia UEFA había calificado la medida como haber “cruzado una línea roja”. El secretario general también lamentó que los insultos racistas contra futbolistas, algunos proferidos incluso por cargos electos, hubieran manchado el torneo, y que la autoridad arbitral se hubiera visto reiteradamente cuestionada.
Otro frente que despertó alarma desde Bruselas fue la penetración del juego. Por primera vez, la FIFA incluyó como socio oficial a un mercado de predicciones —ADI Predictstreet, creado apenas una semana antes de firmar un acuerdo de 150 millones de dólares—, permitiendo apuestas en los estadios sobre cada pase, cada tarjeta o cada saque de esquina. “Las apuestas ya no se limitan al resultado; ahora contemplan acciones que un solo jugador puede producir sin alterar el marcador. Es una puerta abierta al fraude, y este Mundial la ha ensanchado”, advirtió Berset.
El Consejo de Europa recordó que ya en los años ochenta, tras la tragedia de Heysel, elaboró tratados para garantizar la seguridad de los aficionados, y posteriormente impulsó convenciones contra el dopaje y la manipulación de competiciones. Con el Mundial 2030 en el horizonte —que incluirá partidos conmemorativos en Argentina, Paraguay y Uruguay—, la institución de derechos humanos se ofrece a volcar esa experiencia en un nuevo instrumento jurídicamente vinculante. “Que el pitido final de esta noche abra el tercer tiempo y el trabajo urgente de fortalecer la integridad del deporte”, concluyó Berset, apuntando a que las próximas reformas deben dejar de ser voluntarias.
| Prensa del Golfo árabe | −0.50 | critical |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | −0.90 | critical |
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.80 | critical |
The Council of Europe denounces Trump's interference and calls on FIFA to resist political pressures to safeguard football's integrity.
By focusing on a specific episode—the red card suspension after Trump's call—it makes the problem of political interference tangible, making the call for reforms more immediate and credible.
It does not mention the betting and racism scandals that have marked the tournament according to other sources.
The Council of Europe imposes legally binding reforms on FIFA, turning the demand for integrity into a legal obligation for the future.
Using the language of binding contracts and mandatory reforms, it elevates the issue from a mere moral appeal to a legal necessity, increasing pressure on FIFA.
It omits to acknowledge possible reasons behind the red card suspension, such as protecting the tournament's image.
The Council of Europe launches a frontal attack on FIFA, accusing it of compromising football's integrity with a scandal-ridden management of the World Cup.
By adopting a strongly critical tone and using words like 'scathing' and 'questioned integrity', it creates a climate of urgency and scandal that makes it hard to ignore the call for reforms.
It does not mention the 'third half' idea as a specific solution, preferring a more generic appeal for an integrity framework.
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