
La protesta juvenil en India mantiene su exigencia pese al fin de la huelga de hambre de Sonam Wangchuk
El movimiento “Cucaracha” rechaza las concesiones parciales del Gobierno y exige la dimisión del ministro de Educación, mientras las negociaciones continúan.
Tras 26 días de ayuno, el activista Sonam Wangchuk puso fin a su huelga de hambre tras recibir compromisos escritos del Gobierno de la India, pero la protesta liderada por el Cockroach Janta Party (CJP) sigue firme en su exigencia principal: la dimisión de Dharmendra Pradhan, ministro de Educación. En la madrugada del viernes, los ministros J. P. Nadda y Jitendra Singh leyeron una carta en la que el Ejecutivo se mostraba “favorable” a no presentar cargos contra los manifestantes pacíficos y a estudiar compensaciones para las familias de estudiantes que se suicidaron tras las filtraciones del examen NEET. Sin embargo, la renuncia de Pradhan —calificada de “no negociable” por el CJP— sigue sin ser atendida.
Desde Nueva Delhi, fuentes gubernamentales reiteraron que “no hay ninguna posibilidad” de que Pradhan dimita, argumentando que el Gobierno cumple su mandato y que una dimisión equivaldría a eludir responsabilidades. El primer ministro Narendra Modi, en un video dirigido a los jóvenes, anunció la creación de tribunales rápidos y leyes más estrictas contra las filtraciones. Analistas en la capital india señalan que la oposición, que ha paralizado el Parlamento exigiendo la cabeza de Pradhan, ha encontrado en este malestar transversal —que abarca castas, clases y regiones— una oportunidad para erosionar la imagen de eficiencia administrativa del BJP.
La protesta, que comenzó como una sátira en redes tras los fallos en los exámenes de ingreso a la universidad, ha escalado hasta convertirse en la mayor movilización estudiantil en años, con réplicas en grandes ciudades como Bombay, Bangalore o Hyderabad. Según observadores internacionales, el malestar canaliza frustraciones más amplias sobre el desempleo juvenil y la desigualdad de oportunidades. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch condenaron el uso excesivo de la fuerza policial, incluyendo gases lacrimógenos y, según testimonios recogidos por medios locales y el líder opositor Rahul Gandhi, perdigones que habrían causado lesiones oculares a manifestantes. El comisionado de la Policía de Delhi y el ministro Pradhan han negado el uso de tales armas, pero fuentes de la CRPF confirmaron que se investigan los hechos.
El próximo paso se espera para la tarde del sábado, cuando se reanuden las conversaciones entre el CJP y los ministros Nadda y Singh. El fundador del partido, Abhijeet Dipke, advirtió de que si la dimisión de Pradhan no se materializa, la movilización se intensificará y podría incluir una exigencia de renuncia del propio Modi. Mientras tanto, el Gabinete ha aprobado un proyecto de ley para castigar con severidad las filtraciones de exámenes, que será debatido en el Parlamento. La crisis ha puesto a prueba la relación del Gobierno con una generación que, según analistas, hasta ahora le era favorable y que ahora cuestiona la capacidad del Estado para garantizar la meritocracia.
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