
Dos almas en la Casa Blanca: Vance y Rubio bifurcan la política hacia Irán y Líbano
La pugna entre el vicepresidente y el secretario de Estado por el rumbo en Oriente Medio refleja visiones opuestas sobre el rol de Israel y la negociación con Teherán, con ecos en Beirut y Moscú.
La administración Trump exhibe una fractura operativa en su política para Oriente Medio, materializada en dos memorandos contradictorios: el alcanzado por el vicepresidente J. D. Vance con Irán en Islamabad —un preacuerdo de 14 puntos que exige la retirada total israelí del Líbano— y el impulsado por el secretario de Estado Marco Rubio, que otorga a Israel libertad de acción en el sur libanés y condiciona el desarme de Hezbolá sin fijar un calendario de repliegue. El choque de instrumentos ha provocado el rechazo explícito del presidente del Parlamento libanés, Nabih Berry, quien calificó el memorando Rubio de “contradictorio e imposible de aplicar”, y una advertencia inusual de la Asamblea de Expertos iraní a los negociadores de Teherán para que se ciñan a las líneas rojas fijadas por el líder supremo.
Desde Washington, la Casa Blanca y el Departamento de Estado niegan cualquier división y afirman que todo el gabinete respalda al presidente Trump. Sin embargo, funcionarios anónimos citados por agencias internacionales confirman que Rubio se mostró tan escéptico sobre un acuerdo aceptable con Irán que declinó encabezar la delegación a Islamabad, lo que permitió a Vance asumir el liderazgo de unas conversaciones que, según el propio Trump en tono de broma, podrían convertirse en un fracaso atribuible al vicepresidente. Analistas en Washington interpretan la pugna como un anticipo de la carrera por la candidatura republicana de 2028: Vance apuesta por un acuerdo amplio con Teherán que reduzca la presencia militar estadounidense en la región, mientras Rubio se alinea con los intereses de seguridad israelíes, coordinándose estrechamente con el asesor Ron Dermer, hombre de confianza de Netanyahu.
En Beirut, la recepción del memorando Rubio ha sido hostil entre las fuerzas chiíes. Hezbolá denunció que el Gobierno libanés “se rindió” a las presiones de Washington y pisoteó la cláusula del memorando Vance que exige la retirada total israelí. Berry, líder del partido Amal y aliado de Hezbolá, advirtió que Líbano no puede asumir las consecuencias de “cálculos electorales” ajenos y alertó sobre el riesgo de una “balcanización” del país. La prensa israelí, por su parte, publicó un anexo secreto del acuerdo que consagra la “libertad de acción” del ejército israelí en la zona de seguridad y el monitoreo del desarme de Hezbolá, sin mencionar retirada alguna, solo un “redespliegue”. Desde la óptica de Moscú, fuentes diplomáticas rusas insisten en que la propuesta negociadora de Trump es una “trampa” para Irán, diseñada para ganar tiempo y reorganizar el campo de batalla, una lectura que comparte el analista belga Elijah Magnier.
En Teherán, la admonición de 68 ayatolás de la Asamblea de Expertos a los tres negociadores —el presidente Pezeshkian, el líder legislativo Ghalibaf y el canciller Araghchi— revela la presión del estamento teocrático para que cualquier compromiso respete los diez puntos definidos por el líder supremo, Mojtaba Jamenei. La estructura de poder iraní sitúa a la Asamblea por encima de las instituciones republicanas, lo que limita el margen de maniobra del ejecutivo. Mientras tanto, la tregua pactada se ve sacudida por escaramuzas intermitentes y el cierre de las bolsas durante el fin de semana reflejó la inquietud de los mercados. El dossier queda abierto: las conversaciones continúan en Suiza, pero la dualidad de enfoques en Washington y las restricciones internas en Teherán y Beirut mantienen la estabilidad regional en un equilibrio precario.
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La fractura entre Vance y Rubio expone una lucha de poder dentro de la administración Trump, cada uno respaldado por poderosos grupos de presión externos. El memorando de Vance con Irán y el acuerdo proisraelí de Rubio revelan estrategias irreconciliables que están rediseñando Oriente Medio. La ironía es que mientras Musk apoya a Vance, la 'madrina' de Rubio, Adelson, ataca a Trump.
Dos campos rivales dentro de la administración estadounidense compiten por gestionar los expedientes de Líbano e Irán. El campo de Vance, con Witkoff y Kushner, logró un acuerdo parcial con Irán y el alto el fuego en Gaza, mientras que el de Rubio, en coordinación con Israel, impulsó un acuerdo sobre Líbano. Esta competencia interna está reconfigurando la política de Oriente Medio.
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