
Cumbre de EE.UU. contra el “terrorismo de izquierda” expone fisuras con aliados y la ausencia de Brasil
Más de 60 delegaciones asisten en Washington a una reunión ministerial convocada por Marco Rubio, mientras Brasil declina la invitación en un contexto de creciente tensión bilateral.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, encabeza este jueves en Washington una reunión ministerial sobre lo que la administración Trump denomina “resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda”. Al encuentro fueron convocados más de 65 países de Europa, Asia y América, pero Brasil —uno de los invitados— confirmó que su canciller Mauro Vieira no asistirá por compromisos previos en la agenda, según fuentes de Itamaraty. La ausencia brasileña se produce en un momento de fricciones bilaterales marcadas por la imposición de un nuevo arancel del 25 % a productos brasileños anunciado la víspera, la designación unilateral de facciones criminales brasileñas como organizaciones terroristas y declaraciones del propio Rubio que excluyen a Brasil de la lista de países “amigables” en América Latina.
Desde la óptica del Departamento de Estado, la conferencia busca articular una respuesta transnacional frente a grupos que “recurren a formas de violencia organizada y letal para perseguir objetivos políticos”. Washington ha designado desde noviembre de 2025 a cuatro organizaciones europeas —Antifa Ost, la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional, Justicia Proletaria Armada y Autodefensa de la Clase Revolucionaria— como terroristas extranjeras, y en septiembre pasado el presidente Trump firmó una orden ejecutiva que califica al movimiento antifascista difuso “Antifa” como grupo terrorista doméstico. La estrategia antiterrorista difundida en mayo por la Casa Blanca sitúa a los “extremistas violentos de izquierda, incluidos anarquistas y antifascistas” entre las tres grandes categorías de amenaza, sin mencionar el terrorismo de extrema derecha.
Ese enfoque ha generado escepticismo en capitales europeas. Funcionarios consultados por la prensa estadounidense señalaron que la izquierda radical no constituye un peligro prioritario para la seguridad nacional ni para el orden público. El informe de Europol sobre terrorismo en 2026 identifica la matriz yihadista como la principal fuente de atentados en el continente, mientras que en Estados Unidos, según un estudio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), los ataques de la derecha radical han superado históricamente con creces a los de la izquierda. Analistas en Washington advierten que la convocatoria, apodada informalmente “cumbre Antifa”, podría servir para estigmatizar la protesta social y reforzar una narrativa que, desde la óptica de Brasilia, abre la puerta a injerencias externas en procesos electorales y a posibles acciones militares bajo el pretexto de la lucha antiterrorista, como ya ocurrió en Venezuela.
La reunión ministerial prevé impulsar mecanismos de intercambio de inteligencia, cooperación judicial y protección de infraestructuras críticas. El Departamento de Estado sostiene que el interés de los socios ha sido “abrumador” y que la amenaza de la violencia política de izquierda ha sido subestimada durante años. Sin embargo, la falta de confirmación de países como México, Chile y Colombia, sumada a la ausencia brasileña, refleja las resistencias que genera una iniciativa que, para varios gobiernos de la región, se inscribe en una ofensiva ideológica más amplia de Washington. Se espera que al término del encuentro se difunda una declaración conjunta y se anuncien nuevas designaciones de grupos bajo el paraguas de la estrategia global antiterrorista estadounidense.
| Prensa latinoamericana | −0.40 | critical |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | −0.70 | critical |
| Prensa atlántica / anglosfera | +0.70 | aligned |
Brasil se niega a ser arrastrado a una campaña liderada por EE.UU. que busca criminalizar la disidencia política bajo el pretexto de la lucha antiterrorista.
Al resaltar la negativa de Brasil y cuestionar las designaciones, el bloque crea una narrativa de resistencia y escepticismo, socavando la legitimidad de la iniciativa estadounidense.
El bloque omite la justificación detallada de la administración estadounidense sobre un resurgimiento del terrorismo de extrema izquierda y la participación de más de 60 otros países.
El intento de Washington de etiquetar el antifascismo como terrorismo es una peligrosa e irónica inversión de valores.
El bloque utiliza la ironía y la inversión para replantear la iniciativa estadounidense como una amenaza a los valores democráticos, haciendo que la posición estadounidense parezca absurda.
El bloque omite la perspectiva estadounidense de que grupos de extrema izquierda han cometido actos violentos y que muchos países apoyan la iniciativa.
Estados Unidos lidera una coalición global para enfrentar el resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda, una amenaza transnacional ignorada durante demasiado tiempo.
El bloque universaliza la amenaza al presentarla como un problema transnacional que requiere acción coordinada, legitimando así el liderazgo estadounidense.
El bloque omite la negativa de Brasil y otros países a asistir, así como las críticas de que la iniciativa apunta a oponentes políticos.
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