
Contra el exceso: Milán redescubre la esencia mientras Asia y el street style dictan sus reglas
Las colecciones de Prada y Dolce & Gabbana confrontan minimalismo y nostalgia, y desde Malasia hasta Los Ángeles el consumidor reclama autenticidad.
El suelo de vidrio reflejaba una larga hilera de luces LED mientras la música saltaba del tema de Pac-Man a los riffs estridentes de ‘Eruption’ de Van Halen. En la Fundación Prada, el desfile masculino para la primavera-verano 2027 comenzó con una declaración de principios: eliminar lo superfluo. Miuccia Prada y Raf Simons propusieron una colección que, en sus propias palabras, buscaba “hacer algo nuevo con la ‘nada’, contra la exageración, contra los materiales complejos”. El resultado fueron siluetas afiladas, chaquetas recortadas y pantalones de cinco bolsillos, casi todos en cuero mantecoso o tejidos técnicos casi transparentes, y apenas un puñado en denim auténtico. Simons recurrió a la metáfora culinaria: “A veces te das cuenta de que necesitas un buen pasta pomodoro”, dijo, aludiendo al plato básico italiano. La prenda más común, reinterpretada con precisión obsesiva, se convirtió en el nuevo uniforme del lujo.
En las notas del desfile, los diseñadores explicaron que su intención era romper con las convenciones del lujo y reconectar con la forma en que la gente viste realmente. “No hay nada que odiemos más en este momento que el diseño inútil”, afirmaron. La colección se construyó sobre la repetición y la relectura de arquetipos: la camiseta, la chaqueta vaquera, el blazer. Cada prenda buscaba la máxima precisión en el corte y la proporción, demostrando, según la dupla creativa, que “obtener este resultado es mucho más difícil de lo que parece”. La pasarela ofrecía así una imagen pacífica y esperanzadora, en palabras de Simons, casi purificadora, con abundancia de blanco antiguo, gris y turquesa.
Frente a ese ascetismo norteño, Dolce & Gabbana desplegó en la misma semana de la moda milanesa una narrativa opulenta y nostálgica con su colección ‘Vacanze Siciliane’. Inspirada en el turismo de los años 50, evocaba una Sicilia de templos griegos y arquitectura barroca, de limones y postales. Camisas de lino anchas, trajes blancos con pantalones de tiro alto, joyería de coral y broches hasta en las sandalias construyeron una imagen de elegancia espontánea. “Sicilia nunca ha sido una moda para nosotros; es el lugar donde todo comenzó”, declararon Domenico Dolce y Stefano Gabbana. Esta colección, cargada de croché, seda y estampados, representó desde el sur de Italia una visión de la moda como memoria viva y artesanía, en contraste con la reducción conceptual de Prada.
Estos dos polos creativos coinciden con un momento de alta inestabilidad en la industria. En Moschino, la compañía Aeffe anunció el nombramiento de dos nuevos directores creativos —los fundadores de Sunnei, Loris Messina y Simone Rizzo— apenas dos días después de la salida de su predecesor. Es la cuarta designación en tres años para la firma, un reflejo de la búsqueda acelerada de identidad que viven muchas casas de lujo en un contexto de caída de la demanda. Desde Milán, analistas señalan que las rotaciones frecuentes son un intento por equilibrar herencia e innovación, y por reinterpretar el ADN de las marcas ante un consumidor cada vez más esquivo.
Ese consumidor, sin embargo, no solo se define en las pasarelas. En el sudeste asiático, marcas como la malasia Machino, fundada por las hermanas Amy y Esther Tai, construyen su propuesta a partir del confort y la comunidad. Sus zapatos, nacidos de la observación de necesidades reales —plantillas gruesas para largas caminatas—, les valieron un lugar en la lista Forbes 30 Under 30 Asia. “No estamos vendiendo solo zapatos, sino un estilo de vida”, dicen, y su enfoque en el cliente fiel por encima del marketing de influencers resuena en un público cansado de imposiciones. Mientras tanto, en América Latina, figuras como Shakira reafirman el poder del estilo personal frente a las tendencias efímeras. En una reciente cena en Los Ángeles, la cantante colombiana combinó skinny jeans con aplicaciones de encaje, botas de plataforma y chaqueta de cuero, un look que medios han bautizado como ‘moto boho’ y que ella lleva años refinando, al margen de la dictadura de los pantalones holgados. Su elección demuestra que, cuando la pasarela se fragmenta, la calle y las ‘vacanze siciliane’ del armario propio pueden dictar nuevas reglas. Al final, en ese piso de vidrio de la Fundación Prada, entre el eco de Vivaldi y el crujido del cuero, la moda parecía preguntarse qué es lo esencial. Y la respuesta, por una vez, no estaba solo en la ropa.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
2 grupos editoriales · 4 idiomas
Continental European press emphasizes Prada's philosophy of eliminating the superfluous to return to essentials, presenting the collection as a break with luxury conventions and a focus on precision and proportions. It underscores that apparent simplicity hides deep research, and the collection is seen as a manifesto against excess. Thus, the focus is on the cultural significance and message of fashion.
Atlantic press presents the Prada collection as a luxury version of pasta pomodoro, accessible to ordinary people, not just insiders. It highlights the reimagination of jeans basics in leather and technical fabrics, emphasizing the intention to make menswear for the street, not just the runway. The approach is more practical and concrete, with a slightly ironic tone.
Artículos relacionados
Trump amenaza con nuevos ataques mientras Irán se levanta de la mesa de negociación en Suiza
11 idiomas · 38 medios
DeportesSerena Williams, con invitación especial, regresa al cuadro individual de Wimbledon
9 idiomas · 25 medios
Geopolítica y PolíticaFallece Ramiro Valdés, comandante histórico de la Revolución Cubana y exjefe de inteligencia
6 idiomas · 20 medios