
El Azteca, un volcán para Inglaterra mientras Brasil desafía su tabú noruego en los octavos del Mundial
La altitud, los cánticos de la afición y un fuerte operativo de seguridad envuelven la visita inglesa a México, mientras la 'Canarinha' busca su primera victoria histórica ante una Noruega liderada por Erling Haaland.
La jornada de octavos de final de la Copa del Mundo de 2026 puso en marcha dos duelos radicalmente distintos en su naturaleza pero unidos por la urgencia del todo o nada. Por un lado, el imponente Estadio Azteca, a 2.240 metros sobre el nivel del mar, se preparó para ser el escenario de una auténtica prueba de resistencia para Inglaterra frente al anfitrión México. Horas antes, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, Brasil se enfrentaba a un adversario que le resulta históricamente esquivo: una Noruega que jamás ha perdido contra la pentacampeona del mundo en cuatro encuentros, una estadística que la prensa sudamericana calificó como un "fantasma" que lleva 38 años sin disiparse.
El desafío inglés comenzó mucho antes del silbatazo inicial. Nada más aterrizar en la capital mexicana, el seleccionador Thomas Tuchel confesó ante los medios haber sentido "un ligero dolor de cabeza" y dificultades para dormir, efectos inmediatos de la altitud que, admitió, "es imposible adaptar físicamente en cuatro días". Su contraparte, Javier Aguirre, intentó minimizar la ventaja geográfica afirmando que el partido se resolvería "11 contra 11", pero el historial del Tri en el Azteca —sólo dos derrotas en 89 partidos oficiales— pesa como una losa. Para más inri, la atmósfera exterior se tornó hostil: cientos de aficionados mexicanos se congregaron en las inmediaciones del hotel de concentración inglés con tamboras, petardos y cánticos, replicando la 'serenata' que ya sufrió Ecuador en la ronda anterior y que motivó una queja formal ante la FIFA. Un contingente de 7.500 agentes de policía fue desplegado para garantizar la seguridad de un encuentro en el que la embajada estadounidense llegó a pedir "precaución extrema" ante posibles aglomeraciones.
Mientras el ruido y la leyenda del Azteca dominaban la previa, en Nueva Jersey el morbo se concentraba en las áreas. Carlo Ancelotti, técnico de Brasil, rechazó la idea de diseñar un plan 'anti-Haaland' para frenar al delantero noruego, autor de cinco goles en el torneo. "Mis defensores ya le conocen mejor que yo", bromeó, en alusión a los enfrentamientos de Gabriel Magalhães y Marquinhos con el ariete del Manchester City en partidos de Premier y Champions. La 'Canarinha', no obstante, arrastra una losa doble: no solo no ha vencido nunca a los nórdicos, sino que acumula cinco eliminaciones consecutivas ante selecciones europeas en fases del KO desde la final de 2002. La derrota por 2-1 en el Mundial de 1998, con el padre de Haaland en el banquillo noruego y el actual seleccionador Stale Solbakken sobre el césped, sigue fresca en la memoria colectiva. Solbakken, entre risas, reveló que Noruega había "evitado amistosos con Brasil durante 20 años" para preservar ese récord favorable.
A pesar de las adversidades, los focos apuntan a los mismos nombres propios. La pugna por la Bota de Oro entre Vinícius Júnior (4 goles) y Haaland (5) añade brillo a un cruce en el que ambos son vistos como los faros de sus respectivas selecciones. Estudios realizados por la prensa brasileña destacan la sequía goleadora de la Verdeamarela a balón parado en esta Copa, un dato que contrasta con la estatura de la zaga noruega, la más alta del torneo. En el Azteca, la atención británica se centró en la capacidad de Harry Kane —otros cinco tantos— para romper la férrea defensa mexicana, única en no haber encajado un solo gol en lo que va de campeonato. El propio Tuchel desmintió, entre sonrisas y cierta incredulidad, los rumores maliciosos que circularon en tabloides ingleses sobre un supuesto uso de Viagra por parte de sus jugadores para contrarrestar la hipoxia de la altitud.
El ganador del duelo mexicano se enfrentará en los cuartos de final al vencedor del choque brasileño, programado para el 11 de julio en Miami. Para México, alcanzar esa ronda supondría emular la gesta de sus dos torneos como anfitrión (1970 y 1986); para Inglaterra, sería el paso necesario en su obsesiva búsqueda de un segundo título sesenta años después; para Brasil o Noruega, el alivio de dejar atrás una estadística que se ha vuelto demasiado incómoda como para ignorarla por más tiempo.
| Prensa del Sudeste Asiático | +0.10 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa latinoamericana | 0.00 | neutral |
Brazil can finally end the 28-year curse. We see the match as a chance to rewrite history.
By consistently referencing the historical failure, the press turns a routine match into a redemption arc. This emotionally engages readers.
Brazil is favored, but Haaland can make a difference. We provide all the info to follow the match.
By reducing the match to essential data (times, line-ups) and minimizing historical complexity, the narrative becomes accessible and reassuring for the audience.
The historical winless streak is omitted, which would otherwise suggest Brazil is not as dominant as assumed.
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